El búmeran del Covid-19 ya planea para los migrantes latinoamericanos en Italia

En esta foto de archivo tomada el 4 de mayo de 2020, los vendedores ambulantes dispuestos a reanudar el trabajo realizan una protesta frente a las oficinas de la Región en la Piazza Castello en Turín, mientras Italia comienza a reducir su confinamiento.
En esta foto de archivo tomada el 4 de mayo de 2020, los vendedores ambulantes dispuestos a reanudar el trabajo realizan una protesta frente a las oficinas de la Región en la Piazza Castello en Turín, mientras Italia comienza a reducir su confinamiento. © Marco Bertorello / AFP

Mientras Italia avanza en su plan de desconfinamiento para reactivar la vida y la economía, a pesar de los profundos estragos por la dureza del Covid-19, la comunidad latina se vislumbra como una de las poblaciones más afectadas para encarar lo que viene tras la pandemia. 

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"Lo que me sorprendió mayormente de esta pandemia fue el sentido de pertenencia a Italia que manifestaron muchos latinoamericanos que viven en el país. Incluso cuando la situación se puso muy fea, hubo mucha solidaridad. 'Esta es mi segunda patria', me decían. Ha sido una buena señal en medio de una catástrofe".

La voz en el teléfono es de Catalina Cobo, una ecuatoriana de 50 años, y suena claramente esperanzadora. Y no es la de cualquiera. Cobo trabaja como responsable de una asociación de defensa de trabajadores y consumidores latinoamericanos en Italia (ADOC, por sus siglas) del sindicato italiano UIL y, en los últimos meses ha atendido a centenares de personas que han pedido ayuda durante la pandemia del Covid-19.

El coronavirus está destruyendo la vida que con mucho esfuerzo muchos latinoamericanos se han construido en años de trabajo y sacrificios en Italia. Pero también hay muestras de fuerte resiliencia a las adversidades. 

Cobo pone como ejemplo un SMS que recibió de una mujer ecuatoriana empleada en el servicio doméstico en Roma y que siguió trabajando durante la pandemia. "Buenas tardes, señora Catalina. Nosotros somos un recurso para el desarrollo de este bello país. Sigamos adelante y no nos desmayemos", se lee.

Con todo, el momento es complicado. Ahora, cuando hacemos este reportaje, Italia ya se encuentra en un estado avanzado de su desconfinamiento. Gran parte de la actividad económica ha reabierto pero también se empiezan a calcular daños y a hacer balances, en un país que se prepara a afrontar una gran recesión económica. Y los latinoamericanos, una significativa comunidad entre los migrantes que viven en Italia, corren el riesgo de ser unos de los grandes afectados.

"El impacto fue devastador, sobre todo para las personas sin documentos"

Uno de los reclamos que están empezando a llegar es el de personas que ya no saben cómo pagar las deudas que tienen con financieras. Por su condición de migrantes, muchos no pudieron acceder a préstamos bancarios, y han tenido que recurrir a estas entidades que dan préstamos a tasas de interés elevadas", advierte Cobo, al añadir que ya le llegaron "varios casos".

"A largo plazo, el riesgo es el de caer en listas de moradores o que, si tienen, les incauten bienes. Por eso es importante que nos pidan ayuda, pero no siempre lo hacen", asevera. 

No es el único escollo enfrentado por la comunidad. A causa de que muchos no tienen un dominio perfecto del italiano y de que carecen de hogares dotados de buenas herramientas tecnológicas y acceso a Internet, solo un número limitado de latinoamericanos lograron sortear adecuadamente la burocracia italiana y obtener las ayudas que el Gobierno ha entregado en estas semanas a la población, explica Cobo. 

Dos mujeres con mascarilla viajan con dos asientos de espacio entre ellas en un vagón del metro de Milán, el 4 de mayo de 2020 en la estación de Cardona de la ciudad italiana.
Dos mujeres con mascarilla viajan con dos asientos de espacio entre ellas en un vagón del metro de Milán, el 4 de mayo de 2020 en la estación de Cardona de la ciudad italiana. © Miguel Medina / AFP

Rosa María Cusmai, una psicóloga argentina que vive desde hace 40 años en Milán, y que desde marzo coordina un servicio de atención psicológica que se abrió para brindar apoyo a migrantes latinoamericanos en esta localidad del norte de Italia, dibuja un escenario aún peor. 

"Aquí en Lombardía la crisis sanitaria ha sido mucho más fuerte que en el resto del país, así que las consecuencias sobre la comunidad también han sido más duras. Muchísima gente que trabajaba en la restauración, pero también cuidando a ancianos y en tareas domésticas, perdieron sus trabajos. Y algunos incluso ya no tienen una vivienda, por lo que ahora viven de la caridad de organizaciones humanitarias locales", cuenta Cusmai, cuya iniciativa lleva el nombre de 'Abrazo Argentino' 

"El impacto fue devastador, sobre todo para las personas sin documentos", cuenta Cusmai.

Los latinoamericanos en Italia son el 7,7% del total de los migrantes que residen en Italia, según estimaciones. De acuerdo con datos del último informe Cáritas-Migrantes, que todos los años elabora estudios sobre la población migrante en el país, habitan en el país 97.128 peruanos, 79.249 ecuatorianos, 50.690 brasileños, 29.584 dominicanos, 22.273 cubanos, 18.375 colombianos, 16.082 salvadoreños, 13.980 bolivianos, 4.517 mexicanos, 9.185 venezolanos, 8.408 argentinos (aunque esto dos últimos colectivos probablemente sean muchos más pues gran parte tiene la doble nacionalidad), solo por citar a las primeras diez nacionalidades.

Doble desprotección para los migrantes sin permiso de residencia

Estas cifras, sin embargo, no incluyen la desconocida cifra de migrantes sin permiso de residencia, un colectivo casi invisible que, con la pandemia, quedó en un estado de doble desprotección. Peor aún, según fuentes consultadas para escribir este reportaje, estas han sido las situaciones sufridas por aquellas comunidades que provienen de países latinoamericanos donde hay graves conflictos socio-políticos, como Bolivia, y que tuvieron un acceso difícil, o nulo, a la atención diplomática de sus países de origen.

Por otra parte, hasta la fecha, las autoridades italianas no han proporcionado cifras oficiales sobre el número de infectados y fallecidos por Covid-19 latinoamericanos, y una petición enviada por esta periodista no tuvo respuesta. También se intentó entrar en contacto con las representaciones diplomáticas de Perú y Ecuador en Italia —las dos comunidades más numerosas—, pero los primeros no respondieron y los segundos descartaron facilitar sus datos por “razones de privacidad”.

Claro está, no en todos los casos son historias negativas. Marina Fata, una argentina de 29 años, que nació en Buenos Aires y vive en Brescia (Lombardía), tuvo la mala suerte de contagiarse del virus en marzo. Sin embargo, Fata no perdió su trabajo en la empresa textil en la que trabaja y, durante el periodo de aislamiento obligado, que tuvo que pasar sola en su casa, pudo contar con una red de voluntarios italianos que le hacían la compra. 

“Primero una amiga italiana me ayudó llevándome un nebulizador y después el ayuntamiento (de Brescia) me puso en contacto con unos voluntarios que me ayudaron con la compra semanal. Eso me ayudó muchísimo”, cuenta Fata.

Los pobres, más pobres   

En este sentido, la pandemia en Italia parece estar exacerbando las desigualdades ya existentes en los países de América Latina.

Los migrantes procedentes de los países con democracias más estables o que se encuentran en momentos económicos más favorables, así como los que proceden de franjas poblacionales menos vulnerables, son también los que menos están sufriendo las consecuencias de la pandemia.  

Un ejemplo es el de Costa Rica, país que últimamente ha ganado posiciones en muchos índices que miden la prosperidad de los países. En Italia, “apenas hubo dos casos de contagio (de costarricenses) y ambos ya se han recuperado”, puntualizó recientemente el embajador en Italia, Ronald Flores, en un encuentro telemático con periodistas. Y eso a pesar de que los casi 1.000 registrados en su representación diplomática, la mayoría vive en el norte de Italia, la zona más afectada.

Un pescador con una máscara en Castiglione della Pescaia, Italia, el 9 de mayo de 2020.
Un pescador con una máscara en Castiglione della Pescaia, Italia, el 9 de mayo de 2020. © Reuters

El mismo discurso también vale para los que quedaron varados en el país y han sido repatriados. Muchos de los que siguen en Italia son personas que o no han podido pagar el alto coste de un pasaje de sola ida a sus países de origen, o proceden de países que han efectuado limitados vuelos de repatriación. 

Y no todos los que han querido irse de Italia eran turistas. “Entre los repatriados argentinos hubo también numerosos deportistas, en particular jóvenes futbolistas que trabajaban para pequeños clubes, cuyos contratos no fueron renovados y que se habían quedado sin medios de subsistencia”, explicó la cónsul de Argentina en Roma, María Lucía Dougherty de Sánchez, preguntada por este medio.  

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