Ricardo, sobreviviente del coronavirus, quiere ahora ser donador de plasma en Brasil

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Sao Paulo (AFP)

"Tengo la impresión de haber subido diez pisos, y no dos", afirma Ricardo Garroux al llegar jadeante a su apartamento en el barrio Vila Madalena, de Sao Paulo, convencido de que la transfusión de plasma fue clave para su recuperación del coronavirus.

Este abogado de 57 años, con algo de sobrepeso, está sorprendido por su estado de salud relativamente satisfactorio, pese a que se cansa rápido, apenas seis días después de recibir el alta del hospital donde permaneció dos semanas con diagnóstico de covid-19.

"Estuve seis días en cuidados intensivos, conectado a un respirador, pero siempre consciente. En algunos momentos tosía tanto que me daban ganas de abrirme el pecho", relata Ricardo, que antes de su internación practicaba pilates, hacía musculación y gozaba de perfecta salud.

En el peor momento, su respiración era tan débil que no conseguía levantar los brazos. El tratamiento incluía exámenes sanguíneos y radiografías pulmonares cotidianos.

"Pero después de recibir el plasma, fue como dar vuelta la página y eso ya no volvió a suceder", relata.

El plasma es la parte de la sangre que contiene los preciosos anticuerpos que podrían permitir a otros afectados sobrevivir a la pandemia. Su transfusión es una de las posibilidades exploradas por los científicos para tratar a los pacientes afectados por la covid-19.

Y el expaciente Ricardo quiere ahora convertirse a su vez en un donador.

- Resurrección y duelo -

En un video que conserva en su celular, Ricardo Garroux aparece emocionado hasta las lágrimas al ser trasladado en una silla de ruedas, bajo los aplausos del personal médico, de la unidad de cuidados intensivos a una habitación normal.

"En pocos días pasé del 'voy a morirme' al 'estoy vivo'", cuenta, aunque su dicha está opacada por el fallecimiento de su madre de 88 años en otro piso del mismo hospital.

La mujer se había contagiado del nuevo coronavirus en la residencia para ancianos donde vivía desde hacía dos años y su hijo la había acompañado en la ambulancia hasta el servicio de emergencias.

Pocos días después, Ricardo empezó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad -cansancio y náuseas- y fue internado en el mismo establecimiento. "Pude abrazarla por última vez porque yo ya estaba contaminado. Si no, no me hubieran dejado despedirme de ella", rememora.

"Pude asistir a su entierro, desde la cama en el hospital, por whatsapp", añade.

Después de ese mes conmocionante, Ricardo se define como "un sobreviviente", que ya no está en un grupo de riesgo.

"Es como si hubiera ido a la guerra".