Lamine Diack responde ante la justicia sobre corrupción y dopaje ruso

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París (AFP)

Cinco años después de un escándalo por corrupción relacionado con el dopaje en Rusia, ha llegado la hora de que Lamine Diack, expresidente histórico del atletismo mundial, responda ante la justicia desde el lunes en un proceso que se abre en un tribunal parisino y en el que son juzgados también su hijo y otras cuatro personas.

El caso estalló en noviembre de 2015, cuando el senegalés Lamine Diack fue arrestado cerca de París. La noticia impactó al tratarse del hombre que había sido el máximo dirigente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF, actual World Athletics) desde 1999 hasta mediados de ese 2015, cuando fue sustituido en el cargo por el británico Sebastian Coe, que continúa en esas funciones.

Lamine Diack, al que se impide abandonar Francia, está acusado por la fiscalía financiera de este país europeo de haber puesto en marcha "una auténtica organización criminal" y se expone a una pena de hasta diez años de prisión por corrupción activa y pasiva, abuso de confianza y blanqueo en banda organizada.

Uno de sus exasesores, el abogado Habib Cissé, y el exresponsable del servicio antidopaje de la IAAF, Gabriel Dollé, comparecen por corrupción pasiva. Ambos son de nacionalidad francesa.

Una pieza clave en el entramado es Papa Massata Diack, hijo de Lamine y que fue en su día poderoso asesor de marketing de la Federación Internacional de Atletismo.

Hasta ahora, Papa Massata Diack ha escapado a la acción de la justicia francesa, se cobija en Senegal y no estará probablemente el lunes en París. Su abogado en la capital francesa, Antoine Beauquier, ha solicitado el aplazamiento del juicio porque otros dos de los abogados de su defendido están en Dakar y no pueden viajar por el cierre de fronteras, en plena pandemia del nuevo coronavirus.

Una solicitud al respecto será examinada el lunes, en el primero de los seis días previstos de audiencia.

- Pasaporte biológico -

Igualmente tendrían que responder ante el tribunal parisino Valentin Balakhnitchev (expresidente de la Federación Rusa de Atletismo) y Alexei Melnikov (exseleccionador nacional de carreras de fondo), sospechosos de haber obtenido dinero de atletas dopados a cambio de su protección respecto a posibles sanciones. Tampoco estarían el lunes en París.

Hay que remontarse al inicio de la década de 2010, con la llegada del arsenal antidopaje del pasaporte biológico, que permite detectar variaciones en los valores sanguíneos. El cerco se estrechó alrededor de Rusia en noviembre de 2011, con una lista de 23 atletas sospechosos.

En ese momento, Lamine Diack, su hijo y Habib Cissé multiplicaron los viajes a Moscú.

Los expedientes disciplinarios se fueron dilatando y varios atletas pudieron participar en los Juegos Olímpicos de Londres-2012. Algunos fueron incluso campeones allí, como ocurrió como Sergey Kirdyapkin (50 km marcha) y Yuliya Zaripoa (3.000 m obstáculos), que luego fueron desposeídos de sus oros.

- De Moscú a Dakar -

Lamine Diack, que cumple 87 años el domingo, reconoció que las sanciones fueron escalonadas para evitar hundir la imagen de Rusia y favorecer las negociaciones sobre los derechos de televisión y los patrocinios de cara al Mundial de Moscú-2013.

"Había que retrasar la suspensión de los atletas rusos para obtener el contrato de VTB (un banco estatal ruso)", admitió Diack durante la investigación. También reconoció que había obtenido 1,5 millones de euros (1,7 millones de dólares) de Rusia para hacer campaña contra Adoulaye Wade en las elecciones presidenciales senegalesas de 2012.

Pero sus abogados destacan que los atletas rusos fueron finalmente sancionados (la mayor parte en 2014) y que Lamine Diack quería salvar a la IAAF de la bancarrota.

Lamine Diack será también juzgado por haber permitido a su hijo apropiarse de importantes cantidades en las negociaciones con los patrocinadores, bien imponiendo sus empresas como intermediarias o bien atribuyendo comisiones "exorbitantes".

El trabajo de los jueces de instrucción sobre el sistema de corrupción en la IAAF permitió además detectar una cadena de transferencias sospechosas que arrojan dudas sobre los procesos de atribución de sedes de los Juegos Olímpicos de Rio-2016 y Tokio-2020, y del Mundial de atletismo de Doha-2019.