Kennedy: sobrepoblación e informalidad en el epicentro de la pandemia en la capital de Colombia

Un hombre lleva un saco de papas en el mercado mayorista de la plaza Corabastos del barrio Kennedy, una de las zonas con más casos positivos de Covid-19 en Bogotá, Colombia, el 3 de junio de 2020.
Un hombre lleva un saco de papas en el mercado mayorista de la plaza Corabastos del barrio Kennedy, una de las zonas con más casos positivos de Covid-19 en Bogotá, Colombia, el 3 de junio de 2020. © Raúl Arboleda / AFP

La localidad más densamente poblada de la ciudad colombiana de Bogotá, en la que viven más de 1,2 millones de personas, permanece bajo cierre y cuarentena total debido al aumento de los contagios de Covid-19. 

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Salir a trabajar para poder comer por vivir de la informalidad, abrir los comercios de forma clandestina para obtener ingresos o el multitudinario tránsito diario en la central de abastos más grande del país, Corabastos, son algunas de las problemáticas que han hecho que la localidad de Kennedy, situada en el suroccidente de la capital colombiana, sea la más afectada por el brote del coronavirus, copando el 30% de los contagios de la ciudad.

“La gente lo que esta exigiendo es que, si bien hay que cumplir la cuarentena, debe haber unas garantías y unos mínimos para que puedan quedarse en casa”, explicó a France 24 Karen Hernández, residente del barrio Castilla, en Kennedy, donde también trabaja con la comunidad desde la organización Ciudad en Movimiento.

Atacar el virus por barrios es la nueva estrategia de la Alcaldía de Bogotá, mientras el número de contagios (36.635) y de fallecidos (1.145) sigue aumentando en Colombia. “Nosotros venimos haciendo un control epidemiológico juicioso, si ustedes ven hoy en día el resto de la ciudad, menos Kennedy, está controlado, pero en Kennedy tenemos un foco de infección y alta velocidad en contagio que tenemos que tomarnos en serio", aseguró el 30 de mayo la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, explicando las nuevas restricciones para los residentes de la localidad.

Kennedy está en alerta naranja y, desde el lunes 1 de junio, los mandatarios impusieron un cierre total y cuarentena obligatoria que estará vigente hasta el 15 de junio para sus más de 1,2 millones de habitantes. Unas medidas que fueron acompañadas de labores pedagógicas, con “brigadas de la salud”, visitas a los residentes casa a casa, el aumento de los trabajos de desinfección en las calles y comercios de la zona y la disuasión de las aglomeraciones mediante comparendos: más de 2.305 por no usar tapabocas, por el incumplimiento del Decreto 132 y por infracciones de tránsito e inmovilización de vehículos. Sumado al cierre de 4.092 establecimientos por actividades económicas no autorizadas, según la Alcaldía local.  

Personal médico de la secretaría de salud realiza pruebas de COVID-19 este miércoles en la localidad de Kennedy, en Bogotá (Colombia). La Alcaldía de Bogotá aumentó los controles sanitarios y la entrega de mercados ante el avance del coronavirus en la ciudad, sobre todo en la populosa barriada de Kennedy.
Personal médico de la secretaría de salud realiza pruebas de COVID-19 este miércoles en la localidad de Kennedy, en Bogotá (Colombia). La Alcaldía de Bogotá aumentó los controles sanitarios y la entrega de mercados ante el avance del coronavirus en la ciudad, sobre todo en la populosa barriada de Kennedy. © Mauricio Dueñas Castañeda / EFE

“Estos cinco días, más de 18.500 personas han sido abordadas en acciones que buscan que la prevención y cuidado de su seguridad y su salud sean fundamentales y que comprendan y atiendan la importancia del distanciamiento físico, el uso adecuado del tapabocas, desinfección y lavado constante de manos son la clave para enfrentar y reducir los contagios”, dijo a France 24 la alcaldesa de Kennedy, Yeimy Carolina Agudelo Hernández. Para estrechar el cerco epidemiológico, la funcionaria pide a sus ciudadanos que respeten las normas “todo con el fin de disminuir las cifras que tienen prendidas las alarmas”.

Sin embargo, para miles de habitantes de Kennedy el aislamiento -pese a ser obligatorio- no es una opción. Según los datos de la Alcaldía de Bogotá, el 48,1% de la zona es estrato 2, denominación para los barrios más populares donde la mayoría de su población vive de la informalidad. La llegada del brote de Covid-19 y por ende, el confinamiento, han agravado aún más las desigualdades, haciendo aflorar las necesidades de miles de colombianos para subsistir.

“Una de las principales problemáticas que veo es que, la mayoría de la población de la localidad depende del trabajo informal para tener ingresos diarios. Esto ha generado que muchas personas no cumplan la cuarentena ni las medidas de aislamiento ya que no cuentan con unos recursos básicos para sostener a las familias en términos de alimentación y alojamiento”, contó a France 24 Angie Bautista, miembro de la organización ConspiraAcción, que trabaja desde hace cinco años en el proceso social y comunitario de Kennedy. Bautista critica que la militarización de la zona y la fuerza pública hayan llegado antes que la respuesta social por parte de los mandatarios, generando un ambiente tenso para los locales.

Personas pasan bajo los carteles que anuncian la alerta naranja por COVID-19, este lunes en el sector de Kennedy, en Bogotá (Colombia). Esta localidad del sur de la capital colombiana que se caracteriza por ser la más poblada ha registrado una gran cantidad de contagios de coronavirus, por lo que se decretó una cuarentena total en el sector, pero son muchas las personas que siguen saliendo.
Personas pasan bajo los carteles que anuncian la alerta naranja por COVID-19, este lunes en el sector de Kennedy, en Bogotá (Colombia). Esta localidad del sur de la capital colombiana que se caracteriza por ser la más poblada ha registrado una gran cantidad de contagios de coronavirus, por lo que se decretó una cuarentena total en el sector, pero son muchas las personas que siguen saliendo. © Carlos Ortega / EFE

Para muchas personas, el hambre es la pandemia “se debaten entre un dilema como la lucha para mantener una alimentación adecuada, pagar los servicios públicos, la renta y exponerse a salir a trabajar diariamente en medio de la pandemia”, concluye Bautista. Pese a que, como informó el subsecretario de Gobierno de la Alcaldía, José Riveros, uno de cada cuatro casos de Covid-19 de la capital están localizados en Kennedy y también uno de cada tres muertos asociados al virus.

A pesar de las medidas de cierre total, los residentes aseguran que cientos de personas siguen en las calles. “Aquí en la localidad veo mucha falta de conciencia, porque la gente no le hace caso a las autoridades, abren sus locales. Por la misma falta de consciencia, yo entiendo toda la situación que ellos manejan en cuanto a su economía, que son comerciantes, trabajadores independientes que están bajo la informalidad y para ellos es bastante difícil”, asegura Adriana, residente de la localidad y trabajadora social con jóvenes en situación de vulnerabilidad, quien añade que hay muchas problemáticas sociales que ya afectaban a los locales de la zona antes de la llegada del coronavirus.

Vendedores ambulantes, mecánicos trabajando, tiendas de motocicletas abiertas, habitantes de calle sin tapabocas, bici-taxis, transeúntes, niños en los parques: son la imagen de uno de los sectores más densamente poblados de Bogotá, con 28.205 habitantes por kilómetro cuadrado, que lo convierten en un caldo de cultivo para la propagación del virus.

Pero la localidad no está solo conformada por barrios populares, sino que es, a su vez, uno de los núcleos comerciales más destacados de la ciudad y alberga la mayor plaza de Abastos del país, Corabastos, de la que dependen millones de personas de todo el país para subsistir y que surte de alimentos a la capital y sus municipios.

El 4 de junio se vivieron tensiones y movilizaciones entre los trabajadores, comerciantes y transportistas de la central después de que las autoridades distritales anunciaran el cierre de cuatro bodegas de la plaza, uno de los puntos de contagio localizado del coronavirus. “Nos vimos demasiado afectados porque teníamos el puesto completamente lleno de mercancía, precisamente el jueves era un día de mercado grande, entonces se nos quedo toda la carga y son productos perecederos por lo que se nos dañó buena parte de la carga”, contó Rosa, dueña de uno de los puestos en la bodega Reina de Corabastos.

El llamado de los comerciantes para que mejoren las medidas en las restricciones de la central –sin que el resultado genere cuantiosas pérdidas para los trabajadores– culminó en un nuevo anuncio, por el que la Alcaldía Distrital no cerrará dichas bodegas, sino que implementará, a partir del 8 de junio, el “pico y puesto” –según la numeración de los negocios– para controlar el aforo de las 53 bodegas y los 3.800 locales que allí funcionan.

Toda Colombia está representada en los 420.000 metros cuadrados de la plaza. Es por eso, que las restricciones y las medias de contingencia afectan a millones de personas dentro y fuera de la capital. “Al campesino le afecta demasiado. No pueden decirle a la mata ‘oye, no me dé más del 35% de la cosecha hoy porque no vamos a tener esa capacidad para vender en Corabastos’”, reclama Rosa, en referencia a las declaraciones de la alcaldesa López.

“Ella nos compara con el Transmilenio, pero se pueden utilizar los carros, la bicicleta y otros medios de transporte. En la agricultura no, la agricultura cuando se cosecha toca vender inmediatamente”, alega la comerciante, crítica con la respuesta distrital: “el consumidor no puede decir que se va a comer hoy solo el 35% de comida. Es lo que la alcaldesa no entiende o no lo quiere entender, que a nosotros no nos puede comparar con Transmilenio”, en referencia a la reducción de las actividades del transporte al 35% para evitar las aglomeraciones.

Desde el inicio de la pandemia se llevaron trabajos de desinfección en la plaza, se limitó el número de visitantes y trabajadores, se impusieron fuertes medidas de prevención del virus, puesto que las aglomeraciones son continúas en el mayor mercado del país. Según Rosa, en la bodega donde trabaja todos tienen el gel anti-bacterial, desinfectan los puestos cada dos horas y tratan de cumplir con los protocolos de bioseguridad, pero los comerciantes se exponen al contagio diariamente para poder surtir de alimentos a toda la ciudad.

“Nosotros tratamos de auto-protegernos. ¡Claro que nos da miedo! Los empleados están muy asustados y vamos a trabajar más que nada por servirle al cliente y al campesino”, dice Rosa, quien asegura que estaría encantada de cerrar el negocio porque también tiene a su hijo trabajando con ella, pero que hay tres factores que influyen en que, pese al miedo, salga cada día a trabajar: “uno, que las personas que nos venden a nosotros están confiados de que nosotros les vamos a comprar sus cosechas. Dos, que nuestros clientes están confiados de que ellos llegan a nuestros locales y nosotros les tenemos el producto. Y tres, es que también tenemos empleados y ellos necesitan su sueldo. Todo lo hacemos por amor a nuestra empresa”.

La gente trabaja en el mercado mayorista de la plaza Corabastos del barrio Kennedy, una de las zonas con más casos positivos de COVID-19 en Bogotá, el 3 de junio de 2020.
La gente trabaja en el mercado mayorista de la plaza Corabastos del barrio Kennedy, una de las zonas con más casos positivos de COVID-19 en Bogotá, el 3 de junio de 2020. © Raul Arboleda / AFP

Otro de los reclamos de las organizaciones sociales que trabajan en Kennedy es que Corabastos es una fuente de empleo muy importante para la localidad, gran parte de los habitantes de los barrios cercanos a la plaza son extremadamente populares y trabajan de la informalidad dentro y fuera del mercado.

“Debido a las medidas que se han ido tomando esta última semana, muchas personas no pueden ir a trabajar, generando un grado de informalidad mayor en la localidad”, contó Karen Hernández, reclamando que “las medidas de la Alcaldía no solo deben verse en términos de prohibir que la gente salga de su vivienda, sino en brindar unas condiciones básicas para la comunidad (…) La solución que debe existir es lograr una renta básica que permita que la gente pueda tener unos mínimos de subsistencia y que, cuando pasen este tipo de situaciones, haya garantías por parte de los gobiernos que permitan que la gente pueda quedarse en casa”.

En medio de la zozobra por el coronavirus en el epicentro del brote en la capital de Colombia vive un momento determinante, dado que los contagios y el número de muertos aumenta diariamente, mientras que el Gobierno flexibiliza las restricciones de aislamiento enfocado en la reactivación de la economía nacional y una sociedad impaciente por volver a la normalidad tras 72 días de cuarentena, sin alcanzar aún el pico máximo.

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