Covid-19: la extraña empresa detrás del cambio de opinión de la OMS sobre la Hidroxicloroquina

Un empleado de una farmacia de Nueva Delhi muestra unas pastillas de Hidroxicloroquina el 27 de abril de 2020. El estudio publicado por 'The Lancet' sobre los peligros de la Hidroxicloroquina se basó en datos cuestionables.
Un empleado de una farmacia de Nueva Delhi muestra unas pastillas de Hidroxicloroquina el 27 de abril de 2020. El estudio publicado por 'The Lancet' sobre los peligros de la Hidroxicloroquina se basó en datos cuestionables. © Sajjad Hussain / AFP

La Organización Mundial de la Salud reconoció haber detenido demasiado pronto las pruebas sobre la hidroxicloroquina y una revista científica de referencia ve manchar su reputación: este caos científico de gran amplitud en plena crisis sanitaria se debe en gran parte a los extraños negocios de una pequeña empresa de Illinois llamada Surgisphere.

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Este ha sido uno de los giros de 180 grados más rápidos en la historia de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta última anunció el miércoles 3 de junio su intención de retomar las pruebas clínicas sobre el uso de la Hidroxicloroquina para tratar a los pacientes afectados por el Covid-19… tan solo diez días después de haber detenido el proceso. 

Se abre un nuevo capítulo en la ya turbulenta historia de este medicamento contra el paludismo que el presidente estadounidense Donald Trump asegura haber tomado para protegerse del coronavirus. Un cambio que también mancha la reputación de la muy respetada revista científica británica 'The Lancet'.

En efecto, la OMS había decidido detener las pruebas sobre la eficacia de la Hidroxicloroquina tras la publicación de un artículo en esta revista donde se “demostraba” que ese tratamiento aumentaba el riesgo de complicaciones cardíacas entre los pacientes enfermos de Covid-19. Otros centros de investigación siguieron este mismo ejemplo. Decisiones con importantes consecuencias en plena pandemia, mientras la carrera por encontrar una solución eficaz está en pleno apogeo.

Surgisphere y sus cinco empleados

Cabe resaltar que 'The Lancet' publicó el 3 de junio una “advertencia” relacionada con el famoso artículo, sugiriendo que tal vez podía haber 'gato encerrado'. Era hora: una parte de la comunidad científica arremetió contra este estudio, cuyas conclusiones fueron consideradas discutibles por los más educados y completamente falsas por los más extremos. 

La furia de los investigadores, resumida en una carta abierta firmada por más de 100 científicos, se concentró particularmente contra Surgisphere, una pequeña empresa estadounidense de biotecnología dirigida por uno de los co-autores del controvertido estudio. 

Fue esta empresa la que proporcionó todos los datos médicos que permitieron evaluar el impacto de la Hidroxicloroquina. De manera general, los autores del estudio afirman que gracias a Surgisphere tuvieron acceso a las informaciones de salud de más de 96.032 pacientes contaminados con coronavirus y hospitalizados en 671 hospitales, en los seis continentes. 

Una inmensa base de datos… de la cual nadie o casi nadie había oído hablar hasta el momento. Por una simple razón: la empresa de Illinois que administra dicha información parece haber salido de la nada en tan solo unos meses. Sapan Desai, director general de Surgisphere y antiguo cirujano, asegura que fue fundada en 2009 y que trabaja desde hace años recolectando estas informaciones médicas ultra-sensibles.

Sin embargo, en LinkedIn, en el perfil de la empresa solo aparecen cinco empleados quienes, a excepción de Sapan Desai, se unieron a la compañía en 2020. El perfil de los colaboradores de Surgisphere no da la impresión de ser un equipo a la vanguardia en cuanto a innovación tecnológica en el ámbito de la salud, resalta el periódico 'The Guardian', que realizó una investigación por su cuenta. “Uno de ellos escribía antes novelas de ciencia ficción mientras que otra era modelo y recepcionista”, resume el diario británico. 

¿Datos falsos?

¿Cómo un equipo tan pequeño pudo obtener entre tantos hospitales los datos médicos de una cantidad tan grande de pacientes? Esa es la pregunta del millón para Peter Ellis, un estadístico australiano que también centró su atención sobre el particular caso de la pequeña empresa de Illinois, en una larga entrada de blog.

Oficialmente, Surgisphere ofrece una plataforma tecnológica equipada con “inteligencia artificial y big data” a más de 1.000 hospitales y clínicas para ayudarlos a tratar de manera más eficaz todas las informaciones médicas sobre sus pacientes. A cambio de este servicio, Surgisphere puede tener acceso a todos estos datos, que son “anonimizados”, con el objetivo de ponerlos a disposición de la comunidad científica. 

Pero construir semejante red de aliados toma mucho tiempo, asegura Peter Ellis, quien trabajó en múltiples ocasiones con el Gobierno australiano administrando importantes bases de datos.

Es necesario convencer a todos los integrantes de un hospital, desde los equipos administrativos y médicos hasta los responsables de la seguridad informática, de la seriedad de la iniciativa. A fin de cuentas, se trata del tratamiento de las informaciones personales más sensibles que existen (historia clínica completa, resultados de radiografías, datos sobre los medicamentos utilizados, etc.).

La pantalla de un ordenador muestra Hidroxicloroquina a la venta en una página web brasileña, el 20 de mayo de 2020 en Rio de Janeiro.
La pantalla de un ordenador muestra Hidroxicloroquina a la venta en una página web brasileña, el 20 de mayo de 2020 en Rio de Janeiro. Mauro Pimentel AFP

Que una pequeña empresa privada casi desconocida tenga acceso a semejante tesoro es potencialmente “un escándalo mucho más grande que el de los datos de Facebook recolectados por Cambridge Analytica”, considera Peter Ellis. 

Desarrollar semejante sistema es también costoso. El estadístico australiano evalúa el costo de semejante plataforma en 300.000 dólares por hospital y no le “sorprendería que cada instalación costara un millón de dólares”. Surgisphere debería entonces disponer de fondos semejantes. No hay ninguna información pública sobre el presupuesto de esta joven empresa, pero Dun & Badstreet, una empresa que reúne datos financieros de empresas del mundo entero, evaluó los ingresos de Surgisphere en tan solo 45.245 dólares. Todos estos elementos llevan a Peter Ellis a afirmar que “los datos proporcionados para el artículo de 'Lancet' fueron quizás totalmente fabricados”.

 

Otros científicos, que firmaron la carta abierta, también se inclinan por compartir esta opinión… pero por otras razones. Consideran que las cifras del estudio no corresponden a la realidad del terreno. Los autores del informe afirman, por ejemplo, haber accedido a los datos de 600 australianos contaminados por Covid-19 hasta el 21 de abril, de los cuales solo 73 habrían muerto a causa de la enfermedad. El problema es que oficialmente había solo 67 fallecimientos relacionados con coronavirus hasta esa fecha en Australia, tal como lo reveló 'The Guardian'. Sapan Desai reconoció el error, explicando que había sido a causa de un hospital que por equivocación se clasificó como australiano mientras que en realidad “dependía del continente asiático”. 

La precisión de los datos para África también levantó sospechas.

Parece imposible que Surgisphere haya podido obtener en tan poco tiempo informaciones médicas detalladas sobre más del 25% del conjunto de los pacientes contaminados por Covid-19 en el continente africano hasta el 21 de abril, afirma James Watson, investigador británico que reside en Tailandia y que co-firmó la carta abierta. Incluso los hospitales privados mejor equipados raramente cuentan con un sistema informático perfectamente actualizado con todos los datos sobre sus pacientes, añade Anthony Etyang, un epidemiólogo de Kenia entrevistado por la página 'The Scientist'.

Surgisphere anuncia una auditoría independiente

Pero el estudio de 'Lancet' no es el único en haber utilizado la base de datos de Surgisphere, apunta la revista estadounidense 'Science'. No son muchos más pero sí tuvieron un impacto real sobre las políticas de lucha contra el Covid-19. Uno de ellos demostraba que la Ivermectina, un medicamento utilizado para tratar diversas enfermedades como la sarna, reducía la tasa de mortalidad de las personas contaminadas con coronavirus. Este resultado llevó al gobierno peruano a añadir este medicamento a la lista de tratamientos recomendados contra el Covid-19.

Otro estudio, publicado por el 'New England Journal of Medicine', concluía que ciertos tratamientos comunes para los problemas cardíacos no aumentaban el riesgo de complicación en caso de contaminación por coronavirus. Al igual que 'The Lancet', el 'New England Journal of Medicine' decidió publicar una advertencia sobre la fiabilidad de este estudio. 

Ante las críticas, Surgisphere anunció que una auditoría independiente evaluaría lo más pronto posible su base de datos científica. 

Entrevistado por 'The Guardian', Sapan Desai sigue defendiendo las conclusiones de los distintos estudios en los que participó, afirmando que hay “una incomprensión fundamental sobre lo que estamos haciendo y sobre el funcionamiento de nuestro sistema”. Sin embargo, no quiso explicarle más al diario británico sobre su plataforma tecnológica y se sigue negando a revelar la lista de los hospitales con los cuales Surgisphere trabaja. Se trata de un tema de “confidencialidad de datos”, asegura Desai. 

En todo caso, la Hidroxicloroquina no necesitaba este nuevo escándalo. Las controversias relacionadas con los trabajos del profesor Didier Raoult, las mordaces afirmaciones de Donald Trump sobre “el remedio milagroso”, el cambio de opinión de la OMS y las revelaciones sobre Surgisphere, terminaron haciendo de este medicamento contra la malaria el mal capítulo científico de esta pandemia. 

 

Este artículo fue adaptado de su original en francés

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