El cambio climático trae a Siberia incendios, inundaciones y plagas de insectos

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Moscú (AFP)

En Siberia, después de un invierno templado y una primavera cálida, los insectos devoran los árboles, los bosques arden y lluvias torrenciales provocan evacuaciones, probablemente a causa del calentamiento global.

Los modelos científicos predicen que los cambios en el clima causarán olas de calor, tormentas e incendios naturales con más frecuencia. Siberia, un territorio de más de 10 millones de km2 al este de los Urales, conocido por sus duros inviernos, se encuentra en primera línea.

"En Siberia el invierno (2019-2020) fue el más cálido desde que comenzaron los registros hace 130 años, con temperaturas medias de hasta 6°C por encima de lo normal", explica a la AFP Marina Makarova, meteoróloga jefa de Rosguidromet, la agencia meteorológica rusa.

"La primavera llegó mucho antes, en abril, con temperaturas que superan fácilmente (a veces) los 30°C", añade.

Al comienzo de mayo, la prensa regional publicó fotografías de los campos en flor, un mes antes de lo habitual. Y según la agencia pública TASS, los fabricantes de helados aseguran que las ventas han subido un 30%.

En el sur de Siberia, Rosguidromet registró un aumento en un tercio de las precipitaciones con relación al promedio, lo que provocó miles de evacuaciones en el distrito de Tulun, cerca del lago Baikal.

- El doble de incendios -

En el norte de Siberia, sin embargo, el derretimiento precoz del manto de nieve deja una vegetación y un suelo secos, donde los incendios pueden propagarse más fácilmente, según Alexei Yaroshenko, quien dirige la sección forestal en Greenpeace Rusia.

En total, de enero a mediados de mayo, los incendios asolaron 4,8 millones de hectáreas en Siberia, incluidos 1,1 millones de bosques boreales, según el último estudio de la oenegé, publicado la semana pasada. La zona ya fue diezmada por incendios en el verano de 2019.

"El calentamiento global hace que se multipliquen los incendios forestales, se han duplicado en diez años", declaró a la AFP Viacheslav Kharuk, jefe del laboratorio de vigilancia forestal en el departamento siberiano de la academia rusa de las ciencias.

Según su laboratorio, entre 2000 y 2009 ardieron unos tres millones de hectáreas forestales cada año. Entre 2010 y 2019, el promedio se duplicó a seis millones de hectáreas.

En los próximos años, "la superficie de los incendios se multiplicará por entre dos y cuatro veces", predice el científico.

Estos incendios pueden reducir la capacidad de los bosques boreales para retener el dióxido de carbono y el metano, lo que contribuiría al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y al cambio climático.

- Polilla devoradora -

Las temperaturas templadas también provocaron una explosión de orugas de una especie de mariposa siberiana, el Dendrolimus sibiricus, muy devastadora.

Esta polilla ataca a los árboles. Una colonia puede devorar el follaje de un pino gigante en cuestión de horas, haciendo que el bosque sea aún más vulnerable a los incendios.

El calor inusual ha ayudado a acelerar su ciclo de vida.

"En toda mi larga práctica como experto, nunca he visto orugas tan grandes ni que hayan crecido tan rápido, en un año en lugar de dos", explica a la AFP Vladimir Soldatov, especialista en estos lepidópteros, que advierte de "consecuencias trágicas" para el área forestal.

La especie ya "ha avanzado 150 km hacia el norte con relación a su entorno habitual, y esto debido al calentamiento global", dice.

En el distrito de Krasnoiarsk, en el sur de Siberia, más de 120.000 hectáreas tuvieron que ser tratadas para matar a las orugas, según el centro local de protección forestal.

Otro insecto devora el bosque desde 2003: el coleóptero Scolytinae, que se ha establecido en las regiones del norte a medida que el clima se fue templando.

En términos más generales, el experto Viacheslav Kharuk constata la llegada de nuevas especies de aves y animales a la región.

"Nuestras estepas están reverdeciendo, nuestros lagos se están calentando, Siberia se está convirtiendo en una región más atractiva, para los animales, pero también para nosotros". Pero con la multiplicación de los cataclismos, "empiezo a extrañar nuestros inviernos, con sus -40°C".