Perú: la lucha de los trabajadores funerarios cuando aumentan las muertes

Trabajadores de un crematorio recogen el cuerpo de un fallecido por Covid-19, en Lima, Perú, el 9 de junio de 2020.
Trabajadores de un crematorio recogen el cuerpo de un fallecido por Covid-19, en Lima, Perú, el 9 de junio de 2020. © Reuters/Sebastián Castañeda

Perú, un país con 33 millones de habitantes, es el segundo país en América Latina con mayor número de contagios y decesos por por el Covid-19. Los empleados de los crematorios son testigos en primera línea del dolor de cientos de familias, mientras intentan no desfallecer para continuar con sus labores, esenciales en medio de la pandemia.

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“Siento un dolor, por dentro, porque si yo me quiebro cómo le entrego las urnas a los familiares. Les doy aliento, ánimo con la palabra”, dice Héctor Orellanqui, un hombre peruano de 65 años que a inicios del brote del virus recogió directamente los cuerpos, pero luego y por su edad, se encarga de conducir y entregar las urnas de mármol con las cenizas de quienes perdieron la batalla frente al Covid-19.

Como Orellanqui son cientos los testigos de la muerte en tiempos de pandemia, cuando la pérdida para las familias empeora debido a que, con la fácil propagación del virus, los Gobiernos han impuesto restricciones que les impiden despedirse de sus seres queridos y hacerles un funeral tradicional.

Incluso para quienes están acostumbrados a trabajar de cerca con la pérdida de vidas humanas, la magnitud de la pandemia golpea sus emociones, puesto que el aumento de decesos es vertiginoso.

Héctor Orellanqui, trabajador de un crematorio entrega las cenizas de un fallecido por Covid-19, a una de sus familiares, en Lima, Perú, el 20 de mayo de 2020.
Héctor Orellanqui, trabajador de un crematorio entrega las cenizas de un fallecido por Covid-19, a una de sus familiares, en Lima, Perú, el 20 de mayo de 2020. © Captura de vídeo de Reuters

El crematorio Piedrangel, en Lima, donde trabaja Orellanqui, ha incinerado al menos 3.500 personas que han muerto por Covid-19, desde mediados de marzo. Antes de la crisis, se llevaban a cabo alrededor de 250 a 300 cremaciones cada mes.

Previo al 19 de marzo, cuando se registró la primera muerte por coronavirus en el país, el crematorio Piedrangel tenía 35 trabajadores. Ahora hay 120 personas que trabajan las 24 horas del día, divididos en tres turnos, para cumplir con una demanda que sigue aumentando.

La firma no solo incinera a los fallecidos por el virus, sino que también ha sido contratada por el Estado para recoger cuerpos de hogares, hospitales o incluso de la calle.

Muchos de los trabajadores en los crematorios son migrantes venezolanos

La inmigración venezolana ha encontrado en la pandemia una fuente de trabajo, que ha cerrado otras, y Perú necesita de su mano de obra. El crematorio Piedrangel indica que contrató a venezolanos porque los trabajadores peruanos evitan esta labor por miedo a contagiarse.

Trabajadores de un crematorio recogen el cuerpo de un fallecido por Covid-19, en Lima, Perú, el 9 de junio de 2020.
Trabajadores de un crematorio recogen el cuerpo de un fallecido por Covid-19, en Lima, Perú, el 9 de junio de 2020. © Reuters/Sebastian Castañeda

“El 70% de nuestro personal es venezolano, gente a quien le tenemos que agradecer mucho porque ha puesto mucho esfuerzo en esta situación que vivimos en Perú”, afirma Edgar González, director de uno de los crematorios de la capital peruana.

Cubiertos de pies a cabeza con trajes de protección, mascarillas y guantes, estos hombres recogen los cadáveres, los ponen en féretros y los llevan al crematorio, aunque eso también signifique controlar sus emociones.

“Le tenía pánico a los muertos, en Venezuela mi trabajo era de mecánico (…) ahora por la necesidad, y como para nadie es un secreto, la situación de mi país no es nada favorable y prácticamente toda mi familia está allá y tengo que esforzarme día a día para el sustento de ellos allá”, asegura Alexander Carvallo, un empleado que trabaja como recolector de cadáveres.

González señala que la labor de estos empleados conlleva altos riesgos, por lo que cada 10 días todos los trabajadores pasan por una prueba para detectar el virus.

Según el reporte diario del Ministerio de Salud, Perú cuenta con 220.749 contagios y 6.308 fallecidos, cifras que lo mantienen como el octavo país en el mundo con mayor número de personas afectadas por la enfermedad.

Con Reuters

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