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Los adultos mayores chilenos no pueden dejar de trabajar durante la pandemia (5/5)

Un adulto mayor trabaja en la calle de Santiago de Chile de manera informal durante la pandemia de coronavirus.
Un adulto mayor trabaja en la calle de Santiago de Chile de manera informal durante la pandemia de coronavirus. © France 24

Santiago de Chile, la capital chilena, entra en su séptima semana de cuarentena total, un lujo que no todos pueden permitirse, especialmente entre la población de adultos mayores en el país, que vive de forma muy empobrecida. Las bajas pensiones, que en el 80% de los casos no superan el salario mínimo, y el hecho de que no todos las perciben, obligan a los más mayores a salir a trabajar a pesar del alto riesgo de contagio.

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Los contagios por coronavirus en Chile superaron esta semana los 267.000 y los muertos confirmados los 5.000, a los que  hay que sumar más de 3.069 personas que murieron probablemente por la enfermedad según cifras oficiales. En los últimos días se han endurecido las medidas de control de la cuarentena, que ya afecta a 63 comunas en todo el país y casi 9 millones de personas.

Pero Chile sigue siendo un país en el que salir a la calle supone correr un importante riesgo, tanto de contagio como por una reciente ley, aprobada de forma exprés en el Congreso, que penaliza infringir los protocolos e incumplir las cuarentenas con multas que van de 360 a más de 12.000 dólares y entre 3 y 5 años de cárcel.

Para Violeta Gamboa, de 62 años, quedarse en casa no es una opción. Sin pensión, ni ingreso fijo, y con la guillotina pendiente del arriendo cada mes, sola, Violeta sale cada mañana a trabajar como “colera” en una feria de Santiago de Chile, aquellos que venden artículos al final de los puestos de comida, en su caso ropa usada que le donan otras vecinas.   

“Igual tiro carros, igual me levanto, igual lucho… Y ahora más que nunca difícil, uno más tiene que moverse porque no hay otros medios. Uno no puede ir a trabajar en otras cosas porque no se puede ahora… está mala la cosa. Hay que sacrificarse para poder ganarse las monedas”, explica a France 24.

Menos ventas y más pobreza para Violeta

El coronavirus ha complicado también sus ventas. “Ahora de repente puede que vendamos, puede que no vendamos… porque la gente está más preocupada de comida en vez de ropa”, señala. “Ahora es mucha la gente que está cesante, no tienen trabajo, no tienen qué comer… disminuyó mucho la venta”, agrega.

Violeta Gamboa sigue trabajando durante la pandemia de coronavirus a pesar de su edad vendiendo ropa en una feria de Santiago de Chile.
Violeta Gamboa sigue trabajando durante la pandemia de coronavirus a pesar de su edad vendiendo ropa en una feria de Santiago de Chile. © France 24

Afirma que ha recibido ayudas del Gobierno y la municipalidad del barrio a las afueras de Santiago donde reside, y también de personas que acuden a la feria, lo que le ha servido para ir un poco más desahogada “porque cuando uno llega al día que tiene que pagar el arriendo olvídese”, señalando, con un gesto, la angustia que le produce.

Aún no tiene pensión: “Yo trabajé mucho pero nunca me impusieron”, afirma, y espera a los 65 años poder recibir la llamada pensión solidaria. “No tengo entrada de nada así que sí o sí tengo que moverme aquí en la feria”, justifica.

Los adultos mayores tienen miedo al contagio

Violeta no oculta su miedo. “Si un poco, pero miedo miedo… no, porque yo sé que todos nos tenemos que morir, pero no me gustaría de esa manera porque uno dicen que uno sufre mucho con esa enfermedad, es muy tremenda… Así que me cuido si harto, me protejo”.

En otra parte de Santiago, en el centro, Ramón también tiene que salir 6 días a la semana, en jornadas extenuantes de más de 10 horas, para poder sobrevivir. Afirma que tiene que redoblar esfuerzos y ahora vende la mitad de lo que hacía antes de la pandemia.

“Todos los días tengo que salir porque tengo nietos y he tenido mala suerte con mis yernos, que dejaron a mis hijas botadas y yo tengo que criar a los niños ahora. Tengo cuatro nietos, por eso salgo a arriesgar mi vida porque yo también me puedo contaminar. Tengo miedo... pero tengo que trabajar”, explica a France 24 Ramón Ramírez, viudo de 65 años.  

Como Violeta, Ramón no tiene aún pensión, espera lograrla en septiembre. Son dos de los más de 2,5 millones de chilenos que se estiman tienen trabajos informales en el país, es decir, que si no trabajan no comen.

El 80% de las pensiones no supera el salario mínimo

En Chile, las pensiones, que en el 80% de los casos no supera el salario mínimo según estudios de la Fundación Sol, especializada en trabajo en Chile, obligan a muchos adultos mayores a seguir trabajando después de jubilarse.

Esta fue una de las principales reivindicaciones del estallido social de octubre, que pretende finalizar con el sistema privado de pensiones, las Aseguradoras de Fondos de Pensiones, AFP. Las aseguradoras tienen millones de beneficios anuales pero entregan a muchos adultos mayores pensiones que no superan los USD 250 dólares mensuales en un país con un nivel de vida mucho más alto.

“Que pase luego esto, que no siga muriendo más gente, sobre todo los ancianos, tanta gente adulto mayor…. Tener fe todo los días que mañana va a ser mejor hoy en día. Harto susto sí, miedo igual uno tiene. No es fácil”, desea en voz alta Violeta, mientras recoge su cosas en su carrito y lo arrastra de vuelta a su casa. Hasta mañana.

 

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