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Los artesanos de La Ronda, en Ecuador, se reinventan para sobrevivir a la pandemia

El sombrerero Luis López trabaja en su taller en los nuevos diseños inspirados en la pandemia del nuevo coronavirus. Los negocios de La Ronda, uno de las calles más visitadas por los turistas en Quito, intentan sobrevivir.
El sombrerero Luis López trabaja en su taller en los nuevos diseños inspirados en la pandemia del nuevo coronavirus. Los negocios de La Ronda, uno de las calles más visitadas por los turistas en Quito, intentan sobrevivir. © France 24
Texto por: Gustavo Ortega
2 min

Los 100 días de cuarentena han dejado pérdidas económicas de $5.807 millones de dólares en Ecuador, según datos aportados por la Federación de Cámaras del Comercio. Los cultores y artesanos de La Ronda, una de las calles más visitadas por los turistas en Quito, tuvieron que exprimir un poco más su creatividad para plantarle cara a la pandemia y lograr que sus negocios sobrevivan.

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Según datos del Banco Central de Ecuador, la reducción de ventas a causa de la crisis económica ha caído progresivamente. En el mes de marzo cayeron 21,4 %, mientras que en el mes de abril el desplome fue de 45,6 %. Solo el turismo perdió $580 millones de dólares durante los meses observados. Ante el panorama, el Ejecutivo anunció que promoverá la reactivación de este sector para recuperar los empleos perdidos en este sector, según anunció el presidente Lenín Moreno el 25 de junio.

Una de las calles más representativas de Quito, la capital ecuatoriana, es La Ronda; por su mezcla entre la influencia histórica y literaria en el emblemático centro histórico de Quito. Sus orígenes se remontan al período de la conquista española. Las calles angostas, los pisos adoquinados y los balcones adornados con flores rojas y sus noches bohemias son algunos de los aspectos que destacan de esta simbólica calle quiteña. 

Allí, Luis López lidera la cuarta generación familiar en el diseño y confección de sombreros en la capital ecuatoriana. Sus diseños se elaboran con moldes que han utilizado sus padres y abuelos hace 100 años, por lo que son considerados uno de los sombreros más representativos de Ecuador. Humacatama es el nombre de su taller y ahora el objetivo es preservar la tradición.

El negocio le representaba ingresos por $5.000 dólares mensuales en diseños confeccionados con distintos materiales como la paja toquilla, fieltro y lana, entre otros, con precios que rondan los $40 dólares. Hoy confiesa que ha tenido que reinventarse, elaborar moldes de mascarillas y adaptar protectores visuales para intentar recuperar su negocio.

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