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Sobrevivir en el barrio más pobre de España en tiempos del coronavirus

5 min
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Sevilla (España) (AFP)

Durante el confinamiento, Sonia García se quedó sin trabajo y tuvo su cuarto hijo. Todo ello en las Tres Mil Viviendas de Sevilla, el barrio más pobre de España, donde el daño económico del coronavirus ha sido devastador.

"Yo lo que quiero es salir de aquí", dice caminando junto a su edificio, entre trozos de vidrio, restos de basura y el cadáver de una rata desecado por un sol plomizo.

Hasta marzo trabajaba en una churrería en el barrio donde siempre ha vivido, el Polígono Sur, pero con el confinamiento perdió su empleo.

Su marido, chatarrero, tampoco trabaja ahora, por lo que tienen "cero" ingresos y se han visto obligados a sobrevivir a base de ayudas, incluyendo una de 300 € para comida, y otras de Cáritas o de su padre, de 85 años.

Un nuevo revés para esta mujer de 35 años, que en mayo alumbró a su cuarto hijo en circunstancias difíciles -"tuve que ir solita en la ambulancia" al hospital, recuerda- y que con la anterior crisis económica, en 2009, perdió su empleo en un restaurante.

Desde entonces acumuló trabajos precarios -camarera de hotel, cuidadora de personas mayores-, y ahora quiere formarse en tanatopraxia, la técnica para conservar cadáveres, cuenta a AFP en el local de la asociación Entre Amigos, que con su programa de inserción laboral genera cada año más de 100 contratos.

En el peor momento del confinamiento asegura que "tuvimos pensado ir a un supermercado, meter carros y sacarlos" llenos de comida, ante "una situación en la que no tienes nada, que tu hijo te pide un yogur y tú dices: no tengo".

- Chabolismo vertical -

En el Polígono Sur viven unas 40.000 personas, y con 5.112 euros de renta media anual por habitante, según datos de 2017 (unos 5.740 dólares al tipo de cambio actual), es oficialmente el barrio más pobre de España.

El desempleo supera el 50%, el sida y el analfabetismo alcanzan niveles epidémicos, y muchos edificios están tan sucios y deteriorados que las autoridades hablan de 'chabolismo vertical'.

Los locales comerciales son casi inexistentes, y quienes trabajan, a menudo informalmente en otros barrios de Sevilla, lo hacen en la hostelería, la venta ambulante o la limpieza de casas. "Servimos de mano de obra barata", critica Rafael García, un funcionario de 58 años.

El desafío más urgente con el confinamiento fue "garantizar la alimentación de la gente", lo que obligó a multiplicar el radio de acción, explica a AFP Jaime Bretón, Comisionado del Polígono Sur, una suerte de coordinador entre las administraciones públicas y las entidades privadas activas en el barrio.

Apoyándose en financiación privada, el Comisionado pasó así de atender a 700 menores en comedores escolares a coordinar ayuda alimentaria para más de 15.000 personas.

- La educación online, "una quimera" -

La enfermedad tuvo aquí un impacto limitado a nivel sanitario, pero el cierre de colegios fue nocivo en una zona donde el fracaso escolar es del 60% y el absentismo del 25%, según el Comisionado.

Betsaida Alexandre, inmigrante venezolana afincada en la zona mejor avenida del Polígono Sur, cuenta que en el colegio de sus hijos hay 199 alumnos, de los cuales 176 no tienen tablet ni ordenador para hacer deberes.

La educación 'online' es "una quimera", incide Bretón. Y hasta un drama, porque en los hogares "donde los padres se pelean o se drogan", añade Alexandre, "la única forma de que el niño se normalice, o vea que su vida sea normal por tres o cuatro horas, es en el colegio".

Desde 2017, Betsaida Alexandre, de 45 años y natural de San Cristóbal, vive en un apartamento en Sevilla con su marido, sus tres hijos, su madre, su suegra y su hermano discapacitado.

Después de estar limpiando casas pese a su título de ingeniero electrónico, en octubre encontró trabajo como profesora interina en la Facultad de Informática. Su marido, ingeniero mecánico, trabaja en un laboratorio.

Eso sí, ve a su alrededor "una pobreza extrema" y "gente más aislada".

- El "problemón" de la marihuana -

A todo esto se suma el cultivo de marihuana, "la moda en el barrio", apunta un vecino de 51 años que asegura haber pasado "media vida en la cárcel" por delitos de narcotráfico.

Los vecinos lo sufren en forma de inseguridad y también en los numerosos cortes de luz derivados del uso intensivo y fraudulento de la red eléctrica en los 'narcopisos'.

Jaime Bretón lo califica de "problemón", y así lo expuso a los reyes de España, Felipe y Letizia, que el lunes visitaron el Polígono Sur.

"Entiendo que los vecinos no denuncien", por miedo a los traficantes, pero "hay que reformar el código penal" y "endurecer las penas", porque la manga ancha actual "desmotiva mucho a la autoridad", apunta Bretón.

Pepe Serrano, trabajador social de Entre Amigos con 13 años de experiencia en el barrio, atribuye la inacción de las autoridades competentes a una cierta "visión homogénea del barrio desde fuera, de que aquí todo el mundo es igual y es cómplice de lo que pasa".

Pero la realidad es que "aquí viven muchas familias" trabajadoras, "que son las verdaderas víctimas de los problemas de convivencia en el barrio".

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