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Turquía: la pugna por la historia y Santa Sofía

La bóveda del museo de Santa Sofía en Estambul, Turquía, sostiene siglos de historia en uno de los edificios más significativos del país. Imagen del 26 de junio de 2020.
La bóveda del museo de Santa Sofía en Estambul, Turquía, sostiene siglos de historia en uno de los edificios más significativos del país. Imagen del 26 de junio de 2020. © Ozan Kose / AFP
Texto por: Adrià Rocha
5 min

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quiere reconvertir el famoso monumento de Estambul en una mezquita. Construida como una catedral cristiana en el 537 D.C, los otomanos cambiaron su estatus a mezquita cuando capturaron Constantinopla en 1453. Atatürk, fundador de la República de Turquía, hizo de ella un museo en 1935. Ahora, Erdogan tiene otros planes.

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Fahrettin dice que no, que no puede aceptarlo, que cómo puede ser que les prohibieran rezar ahí, que es impensable, injusto y una ofensa al gran sultán Mehmet Fatih, el conquistador, el único, el enorme: el que acabó con el Imperio Romano de Oriente, tomó su capital, Constantinopla, y la hizo propia.

Pero ahora Fahrettin está contento. Los tiempos corren a su favor, lo sabe, y está convencido: Santa Sofía, símbolo de Estambul, volverá a ser una mezquita. “Los sionistas y los griegos estarán en contra, pero Santa Sofía será una mezquita de nuevo. Claro que sí. Estoy seguro, y lo será muy pronto. Que lo sepan: esto ya no es Turquía. Estamos volviendo al Imperio Otomano”, explica el señor, de unos 70 años.

Toda esta historia viene de lejos: Santa Sofía se levantó en el siglo VI y fue, durante casi mil años, el edificio más grande del mundo. Nada se le comparaba. Cuando los otomanos fundaron Estambul después de derrotar a los bizantinos, la reconvirtieron en mezquita, y así siguió hasta 1935.

Ese año abrió con el estatus actual: un museo. Fue obra de Mustafá Kemal Atatürk, el fundador de la República de Turquía laica. Su intención era, así, mostrar que la época de conflictos con Europa había terminado. Que Turquía será, a partir de entonces, un país europeo y Santa Sofía, desde ese momento, sería un monumento de todos.

Símbolo de Estambul

Ahora, sin embargo, Santa Sofía ya no es lo que era. La catedral-mezquita-museo, en la actualidad, vive empequeñecida por la enormidad de las demás mezquitas sultánicas construidas en la península histórica de Estambul, Fatih, que recibe el nombre del sultán conquistador.

Una mujer toma fotos frente al Museo de Santa Sofía, en Estambul, un edificio de más de 1500 años de antiguedad, este 2 de julio de 2020.
Una mujer toma fotos frente al Museo de Santa Sofía, en Estambul, un edificio de más de 1500 años de antiguedad, este 2 de julio de 2020. © Sedat Suna / EFE

Pero aunque ya no sea la más grande ni la más imponente, su importancia sigue siendo inigualable: todas las demás mezquitas de Turquía han sido construidas a su imagen y semejanza.

Por esto es codiciada por todos, y ahora, en 2020, su historia está a punto de dar otro giro. Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, ha puesto encima de la mesa sus planes de volver a hacer de Santa Sofía una mezquita: es una reivindicación que tiene más de cuatro décadas de historia entre los islamistas turcos. Cada vez lo tienen más cerca.

“Para Erdogan", explica Aykan Erdemir, director del programa de Turquía de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) y exmiembro del parlamento turco, "convertir Santa Sofía en una mezquita es un movimiento revanchista que simbolizaría la marcha atrás en las reformas laicizantes de Atatürk. De pasar, sería uno de los numerosos pasos que ha tomado (el presidente turco) para romper con la separación entre religión y Estado”.

Ahora, la decisión de hacerlo está en las manos del Consejo de Estado turco, el más alto tribunal administrativo del país. El órgano está perfectamente controlado por Erdogan: de hecho, la petición oficial al tribunal para convertir Santa Sofía en mezquita la hizo una organización no estatal que tiene como uno de sus directores al hijo del presidente, Bilal Erdogan. Todo queda en familia.

Decisión política controvertida

“Santa Sofía es ahora un museo porque antes no había democracia en Turquía — dice Feyza, que, como Fahrettin, es una fiel seguidora del presidente turco—. Pero Erdogan nos la ha traído de vuelta y, gracias a él y al gran líder que es, veremos cumplido el sueño de todo musulmán. Santa Sofía tiene que ser una mezquita sencillamente porque es nuestra. Porque su arquitectura es nuestra. Santa Sofía es nuestra”.

Ahora, a la espera del fallo del Consejo de Estado, todo está en el aire. La decisión tiene que llegar en dos semanas como máximo, y algunos periódicos turcos apuntan que, seguramente, el tribunal le entregue la responsabilidad a Erdogan: Atatürk, primer presidente de Turquía, convirtió Santa Sofía en museo en una decisión política. Es, por lo tanto, el presidente actual el único que puede decidir qué pasará con el edificio a partir de ahora.

Turistas visitan el Museo de Santa Sofía en Estambul, Turquía, el 26 de junio de 2020.
Turistas visitan el Museo de Santa Sofía en Estambul, Turquía, el 26 de junio de 2020. © Ozen Kose / AFP

Y él, por lo que dice, ya lo tiene decidido: si de él depende, los frescos cristianos milenarios de Santa Sofía volverán a taparse con lonas —como pasaba hace 100 años— para que los musulmanes puedan rezar en su interior.

Pero aquí surge una duda. Si Erdogan lleva gobernando Turquía desde 2002, ¿por qué no lo hizo antes? ¿Por qué, si ese era su deseo desde el principio, Santa Sofía sigue siendo a día de hoy un museo?

Su popularidad descendiente, según Erdemir, es el motivo: “Mientras el apoyo de Erdogan en las encuestas continúa bajando por la crisis económica y la mala gestión de la pandemia del Covid-19, la conversión de Santa Sofía podría impulsar su imagen liderazgo y popularidad entre los sectores de población más islamistas y ultranacionalistas”.

“Sin embargo, esto sería una flor de un solo día, y no ofrecería ninguna solución real a los problemas de Turquía. Mirando al futuro, Erdogan espera que esto sea uno de los momentos definitorios de su legado. Aunque falle política y económicamente, sus seguidores podrán alardear de la conversión de Santa Sofía”, concluye Erdemir.

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