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Dos visiones de sociedad definen la segunda vuelta presidencial en Polonia

Carteles electorales del presidente polaco Andrzej Duda y de su contrincante liberal, el alcalde de Varsovia Rafal Trzaskowski, en la calles de Raciaz, Polonia, el 9 de julio de 2020.
Carteles electorales del presidente polaco Andrzej Duda y de su contrincante liberal, el alcalde de Varsovia Rafal Trzaskowski, en la calles de Raciaz, Polonia, el 9 de julio de 2020. © Czarek Sokolowsk / AP

Se trata de una segunda vuelta reñida, entre el presidente actual Andrzej Duda, de carácter conservador y tradicional, y el joven alcalde de Varsovia Rafal Trzaskowski, presentado como liberal. Los 30 millones de polacos llamados a las urnas deberán elegir entre estas posiciones opuestas, en la decisión más importante de los últimos 25 años. De un lado está el valor de la soberanía y la identidad, del otro las relaciones con Bruselas.

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Las elecciones de este domingo en Polonia no son una segunda vuelta al uso, sino dos desvíos. A un lado —viendo el futuro como un camino—, los polacos tienen una ruta conservadora, católica y ultranacionalista, señalizada por el actual gobernante Andrzej Duda. Al otro, divisan una travesía centro-liberal, con promesas de un destino cosmopolita y proeuropeo. Y ahí, quien indica la vía, es el aspirante Rafal Trzaskowski, autoproclamado candidato del cambio.

Por esa razón, tras la primera ronda electoral del 28 de junio, en las calles polacas se abordan los comicios como si de dos Polonias se tratase. Tan opuestos son los discursos, que por primera vez en los últimos 25 años de país, la polarización ha llevado a una verdadera contienda. Duda, que encabezó los sufragios con un 43,5%, y quien creía que ganaría en solo una vuelta, se encara hoy a unos sondeos empatados con Trzaskowski, que con más del 30% se ha erigido como amenaza.

Un escenario que ha provocado que Duda, aliado del gobernante Partido de la Ley y la Justicia (PiS), y Trzaskowski, de la opositora Plataforma Cívica (PO), hayan extremado sus mensajes, incendiado los tonos y los valores identitarios. ¿Qué camino elegir entonces? Eso se preguntan 30 millones de ciudadanos, yendo de la seguridad en el ahora presidente, al miedo de una Polonia más similar a la autocracia de Viktor Orban en Hungría que a una nación nueva. En medio, el confirmar o revocar un modelo de país.

Valores vs derechos LGTBI, la apuesta por el todo de los candidatos

Si hay una palabra que puede definir la 'foto finish' del ganador, eso sí, por un estrecho margen de votos, esa es 'valores'. Los valores tradicionales y de familia cristiana son la defensa de Duda, que en 2015 fue apadrinado por el propio presidente del PiS, Jaroslaw Kaczynski. Con ello, el tal vez presidente saliente ha prometido proteger la nación, frente a la "ideología" LGTBI.

En gestos recientes, ha atacado los derechos de este colectivo llegando a firmar una 'Carta de la Familia', en la que rechaza la educación sexual en las escuelas, y un borrador de enmienda para prohibir que las parejas del mismo sexo puedan adoptar niños. De facto ya es así, pero según él, que se escriba en la Constitución, "es lo que quiere la mayoría de los polacos" para salvaguardar del "adoctrinamiento" a las "familias polacas".

Contrario a lo que podría pasar en una polarización, Trzaskowski no ha apoyado a la comunidad en cuanto a adopción, pero sí la ha respaldado en la "cuestión" de legalizar las uniones civiles. Si el gesto es tímido es porque el hasta ahora alcalde de Varsovia no quiere posicionarse, por temor a perder los votos del electorado de Duda, convencido que una victoria de su rival contribuiría a destruir los valores polacos.

Manifestantes durante una protesta contra la homofibia y la discriminación hacia la comunidad LGBTI, en Varsovia, Polonia, el 21 de junio de 2020.
Manifestantes durante una protesta contra la homofibia y la discriminación hacia la comunidad LGBTI, en Varsovia, Polonia, el 21 de junio de 2020. © Janek Skarzynski / AFP

De ahí que el colectivo LGTBI no sepa bien a quién elegir, ni qué senda tomar: si la clara retórica homófoba de Andrzej Duda, si el voto en blanco o el "mal menor" Trzaskowski, que tampoco se ha comprometido a mejorar o incluso escuchar sus reivindicaciones básicas, en un país en el que al menos treinta localidades se han declarado "territorio libre de la ideología" homosexual.

"Por supuesto, Trzaskowski no es nuestro 'candidato perfecto', pero es que la campaña de Duda está, en su parte más significativa, dirigida en contra de la gente LGTBI. Así que para nosotros realmente se trata de votar un mal menor", considera a EFE el novelista Jacek Dehnel. Mientras que su pareja, el traductor Piotr Tarczyński, perdona al candidato liberal en tanto que "es el típico democristiano europeo (…) que a nadie debería sorprender que un democristiano se oponga a la adopción por parte de parejas del mismo sexo". Para el publicista Martin los gestos sí importan, y "sería más significativo que un candidato apoyara a la gente LGTBI en campaña, sin eufemismos".

¿Para Duda o Trzaskowski? ¿Quién se adueñará de la ultraderecha?

Si ninguno ha intentado comprender o conquistar el voto LGTBI, es porque su caza está puesta en el voto de la ultraderecha. Para empezar, en las zonas conservadoras y rurales, Duda ha sacado rédito del descontento con las reformas liberales previas a 2015 y de las políticas sociales del PiS, como el aumento del salario mínimo y la reducción de la edad de jubilación. Si bien, los sufragios que cosechó el ultraderechista Krzysztof Bosak (un 6,78% de votos) los quiere para sí, aludiendo a los valores citados.

Reto que Trzaskowski ha enfrentado de manera más contundente y desde la presentación de los resultados de la primera vuelta, cuando no dudó en felicitar a Bosak por su buen hacer en el grupo Confederación. Es más, en ese instante de junio llegó a decir que con él comparte puntos de vista en materia económica, en un claro intento de adueñarse de esa diferencia de dos puntos arriba, dos puntos abajo, que ostenta con Duda y que podrían definir quién gana o pierde.

Imagen del actual presidente de Polonia, Andrzej Duda.
Imagen del actual presidente de Polonia, Andrzej Duda. © Kacper Pempel / Reuters

Una diferencia en la que tendría ventaja Duda, de 48 años y jurista de profesión, para algunos "el bolígrafo de Kaczynski", ya que habría gozado de una amplia cobertura mediática. Tanto es así, que las voces más críticas denuncian que la cadena pública Telewizja Polska lo habría favorecido, contrarrestando las secuelas de la pandemia, que le ha causado dos males: el perder popularidad al borde de la fecha de las urnas y el retraso de las elecciones por el virus, que han dificultado la que creía una victoria segura.

Con todo y con ayuda de los medios, cuyas narrativas han sido muy partidistas, está la duda de quién se adueñará de los votantes de Confederación, radicales y pro intervención mínima del Estado; de los nacionalistas de Juventud Polaca y Campo Radical Nacional; y de fundamentalistas religiosos, del electorado antisistema y del movimiento antivacunas, creciente por el virus.

"Creo que los votantes se repartirán en tres partes iguales. Los representados por los minarquistas (contra un fuerte rol del Estado) votarán por Trzaskowski. Los sensibles a asuntos como la identidad y dignidad, votarán por Duda. Los restantes son el electorado antisistema que no votará y los intentos por atraerlos serán en vano", considera a la agencia EFE el politólogo Przemyslaw Witkowski.

El "basta ya" en el que confía el europeísta Trzaskowski

Por último, en la indecisión de dos desvíos, está el dilema europeo, en el que vence el aspirante Trzaskowski. Para Duda, el ser europeísta no está en riña con sus "valores", pero a la vez, critica las "injerencias" de Bruselas en lo que a soberanía y alianza con EE.UU. frente a Rusia se refiere. Y ahí se impone su rival, que como él en su día, es nuevo en la carrera a la presidencia, pero tiene a su favor el ser antiguo eurodiputado, como ministro de Administración y Digitalización durante la segunda legislatura de Donald Tusk.

El alcalde de Varsovia y aspirante a la presidencia de Polonia, Rafal Trzaskowski, rodeado de algunos de sus simpatizantes con banderas de su país y de la Unión Europea, en Varsovia, Polonia, el 24 de junio de 2020.
El alcalde de Varsovia y aspirante a la presidencia de Polonia, Rafal Trzaskowski, rodeado de algunos de sus simpatizantes con banderas de su país y de la Unión Europea, en Varsovia, Polonia, el 24 de junio de 2020. © Patryk Ogorzalek/Agencja Gazeta/Vía Reuters

Pese a la falta de compromisos, Trzaskowski se proyecta a sí mismo como el abanderado de un aire nuevo y de un "basta ya" de la deriva autoritaria del presidente. Asimismo, se muestra como hombre moderno, europeo y dinámico, en contraposición a la Polonia intolerante de Duda. Por lo que con estos elementos, tanto partidarios como detractores, lo consideran el ganador, abriendo una simbólica nueva era para el país.

"Si el cambio que estamos esperando no llega, sé lo que nos aguarda en nuestro futuro en la Unión Europea y en el mundo. El alcalde de Varsovia (Rafal Trzaskowski) es mucho más europeo y cosmopolita que el presidente actual, que es sobre todo la cara y la boca de otros. Alguien que nunca sale de Polonia y no ve nada fuera de ella", sentencia a la agencia española Beata, una profesora y traductora polaca.

En el caso de que pudiera vencer Trzaskowski, ganando el voto conservador y cortejando el otro voto de la ultraderecha, algunos analistas como Jarosław Kuisz tienen clara una cosa: "Las competencias constitucionales del jefe del Estado en Polonia son limitadas. El gobierno de Ley y Justicia continuará con su política y causará conflictos para desautorizar a su rival. No será fácil. Durante la primera cohabitación, cuando el presidente era del PiS y la oposición tenía el gobierno, los conflictos eran enormes".

Con EFE y Reuters

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