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El confinamiento por la pandemia devuelve la sonrisa a los agricultores iraquíes

El mercado Al Sadriya, en Bagdad, el 9 de julio de 2020
El mercado Al Sadriya, en Bagdad, el 9 de julio de 2020 SABAH ARAR AFP
4 min
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Afak (Irak) (AFP)

Este año, por primera vez, Ahmed Mohsen vende rápidamente sus melones en los mercados iraquíes. Gracias al confinamiento decretado para frenar la pandemia de covid-19 ya no hay frutas y verduras iraníes y turcas para competir con las suyas.

Con 32 pasos fronterizos con Irán, Turquía, Siria y Jordania, Irak es un paraíso para los importadores.

Los productos extranjeros, más baratos, dominan el mercado e incluso cubren el 50% de las necesidades alimentarias pese a ser un país donde un tercio de la población vive de la agricultura.

"Desde hace años, los agricultores trabajan a pérdidas, sin ningún tipo de apoyo del Estado", asegura a la AFP Mohsen, un ingeniero agrícola de 32 años.

Del otro lado de las fronteras, Irán y Turquía se embolsan cada año unos 2.800 y 2.200 millones de dólares respectivamente (2.500 y 1.900 millones de euros) exportando productos agrícolas y alimentarios a Irak.

Con la pandemia, las autoridades cerraron las fronteras y esto benefició los productores. "No tenían la intención de ayudar a los agricultores, pero nos permitieron demostrar que podíamos satisfacer las necesidades alimentarias de los iraquíes", afirma satisfecho Mohsen.

- Control del Estado -

Su aldea, Afak, es conocida por sus melones. Su provincia, Diwaniya, es una de las grandes reservas de trigo y cebada del país, y el bastión del arroz ámbar, una especie única en el mundo que es el tesoro de la gastronomía iraquí.

En 2020, por primera vez en mucho tiempo, Irak logró ser autosuficiente en 28 productos, afirma a la AFP Mohamed Kechache, presidente de la Confederación agrícola de Diwaniya.

La producción de huevos, por ejemplo, subió, pasando de 11 millones en enero a 17 millones en abril, mayo y junio, según el ministerio de Agricultura.

Hani Cheir cultiva melones, sandías, berenjenas, pepinos y tomates. Es la primera vez, dice, que sus productos, "de mejor calidad que las importaciones" reinan en los mercados locales. Como no hay competencia, añade, "los precios han bajado", haciendo más accesibles los productos nacionales.

Khachan Kariz, de 70 años, cultiva hectáreas de cereales desde hace décadas.

En un país donde el legado de la época de Sadam Husein todavía está muy presente, con una economía casi controlada por el Estado, vende su producción a un precio más alto que el del mercado a cooperativas estatales que revenden la cosecha.

Ellas son las que venden las aproximadamente cinco millones de toneladas de cereales compradas por el Estado en el país, a las que se añaden casi tres millones de toneladas importadas, a menudo en forma de harina refinada.

Pero "cada año, el Estado tarda en pagar a los agricultores y les hace sufrir pérdidas", dice Kariz a la AFP.

- Apoyo financiero y moral -

Este año, Kariz vendió por primera vez su cosecha directamente en los mercados mayoristas. Por menos pero más rápido, y sobre todo por dinero en efectivo.

Porque no sólo los agricultores acumulan deudas, sino que las importaciones baratas del Estado inundan el mercado y bloquean el acceso a sus productos, comprados a precio de oro por el Estado.

Muchos agricultores prefieren dejar sus tierras en barbecho en vez de trabajar a pérdidas, aseguran los expertos de la revista ambiental Sustainability.

Otros prefieren hacer trampa e importar clandestinamente cereales y luego venderlos al Estado mezclados con su producción, para generar más ingresos, asegura a la AFP un funcionario gubernamental.

Kariz espera que a partir de ahora Bagdad "impida las importaciones para apoyar financiera y moralmente a los agricultores iraquíes".

El ministerio de Agricultura ya ha prohibido la importación de 25 frutas y hortalizas. Al mismo tiempo, Siria dejó de exportar productos lácteos, legumbres y cereales debido a la pandemia, y Ankara dejó de vender sus limones al extranjero.

A pesar de todo, con la moneda turca e iraníes en caída libre, los productos de los vecinos siguen llegando a Irak a precios de saldo.

De todos modos el mayor obstáculo para los agricultores son los bolsillos cada vez más vacíos de los 40 millones de iraquíes, confinados y muchos de ellos privados de ingresos.

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