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Vuelta a empezar de cero para las empresas tras la guerra en Libia

Comercios destruidos en los combates entre tropas del Gobierno de Unidad Nacional  (GNA) y las fuerzas del mariscal Haftar, en el sur de de Trípoli, Libia, el 9 de julio de 2020
Comercios destruidos en los combates entre tropas del Gobierno de Unidad Nacional (GNA) y las fuerzas del mariscal Haftar, en el sur de de Trípoli, Libia, el 9 de julio de 2020 Mahmud TURKIA AFP
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Trípoli (AFP)

Mahmud al Charkasi inspecciona las ruinas de su fábrica destruida por más de un año de combates en las afueras de la capital libia. Está desanimado pero determinado a volver a empezar, como después de cada una de las guerras libradas en su país en los últimos años.

"Este lugar es el corazón de mi proyecto. Aquí es donde todo comenzó", dice, contrariado por los edificios destruidos donde almacenaba material de su fábrica de cocinas equipadas en Ain Zara, a las afueras de Trípoli.

En las zonas industriales que rodean la capital, todas las pequeñas fábricas y los comercios sufrieron daños cuantiosos después de 14 meses de combates entre el Gobierno de Unión Nacional (GNA) reconocido por la ONU y el mariscal Jalifa Haftar, que gobierna el este y una parte del sur.

En abril de 2019, el mariscal Haftar lanzó una ofensiva para tomar el control de Trípoli, la sede del GNA, que se saldó con un fracaso.

"Pese a la destrucción, volveremos muy pronto al trabajo", asegura Charkasi, de unos cuarenta años, en medio de los escombros.

Al igual que él muchos empresarios han sufrido las consecuencias de los enfrentamientos, que acentúan la fragmentación de un país ya debilitado por 42 años de dictadura de Muamar Gadafi, derrocado y muerto en 2011.

Cuando llegó al poder en 1969, Gadafi eliminó prácticamente el sector privado: escuelas, fábricas, negocios, librerías, tiendas, hoteles, todo desapareció para dar paso a las empresas estatales.

Como resultado, Libia cuenta con dos millones de funcionarios para 6,6 millones de habitantes, cuyos salarios representan el 59% del presupuesto estatal, según el Banco Central libio.

Ahora los emprendedores, jóvenes y dinámicos, quieren salir del círculo vicioso y volar con sus propias alas.

"Las oportunidades no faltan", asegura Charkasi. Las PYME pueden ser un vector de crecimiento, pero el Estado que depende exclusivamente de los ingresos petroleros debe "decidirse a abandonar la economía rentista en favor de la privatización", dice.

- "Demasiados obstáculos" -

"Demasiados obstáculos han debilitado a la mayoría de las PYME libias (...) porque los bancos se niegan a conceder financiación a las PYME y a las empresas emergentes", explica a la AFP Nesrin Gadah, de Expertise France, la agencia francesa de cooperación técnica e internacional.

Pero "la mentalidad de los jóvenes ha cambiado. Muchos han entendido que el futuro está en el sector privado, no en el público", añade.

Según la experta, queda "un largo camino por recorrer" en un sistema donde el proceso es complicado: registrar una empresa privada es "un proceso largo, arduo y (...) costoso".

Maruan al Buechi está de acuerdo. Pero para este herrero de 47 años, la lucha contra la corrupción y la estabilidad económica son la prioridad para tranquilizar a los inversores.

"La corrupción se ha convertido en una banalidad alarmante. Si no eres corrupto, (...) no eres lo suficientemente inteligente para los negocios", ironiza, mientras hace un inventario de los daños en su taller, parcialmente destruido.

Él también tiene la intención de seguir con su negocio.

- "Sondear el terreno" -

Walid Fathi no resistió y tuvo que "cerrar, despedir al personal y abandonar Libia" en 2015, debido a un conflicto de varios meses entre milicias rivales en Trípoli y sus alrededores.

Y eso que su empresa de publicidad, fundada en 2006, funcionaba bien.

"Queríamos (...) crear algo en el país, para el país", pero la pequeña empresa de unos diez empleados no "aguantó" debido a la creciente inseguridad, cuenta el empresario de 45 años.

"Saquearon los depósitos (...), y robaron las impresoras importadas de Alemania, el papel y las tintas", unas mercancías estimadas en casi 170.000 dólares (149.000 euros), lamenta.

Ha vuelto a Libia para pasar unos días pero se ha quedado "bloqueado" por el cierre de las fronteras debido a la pandemia de Covid-19.

Para "no estar desocupado", se dedica, como en sus comienzos, a repartir tarjetas de visita a los comerciantes del centro de la ciudad, para "sondear el terreno".

Porque para él la vida también es "un eterno volver a empezar".

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