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¿Cómo hará una Argentina que ya estaba en crisis para pagar los gastos de la pandemia?

Un hombre camina frente a una pizzería cerrada cuya fachada permanece cubierta con documentos de reclamos de los ex empleados en Buenos Aires, Argentina, el 17 de junio de 2020, en medio de la pandemia.
Un hombre camina frente a una pizzería cerrada cuya fachada permanece cubierta con documentos de reclamos de los ex empleados en Buenos Aires, Argentina, el 17 de junio de 2020, en medio de la pandemia. © Ronaldo Schemidt / AFP
9 min

Las exigencias sanitarias y económicas de la pandemia de Covid-19 han llevado a un incremento del gasto público global. Pero en Argentina esa presión sobre las arcas del Estado llegó en un contexto de recesión y crisis que ya estaba instalado.

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El virus entró a principios de marzo en una Argentina que llevaba dos años consecutivos de caída en su economía, con pobreza y desempleo crecientes y una inflación que terminó en cerca del 54% en 2019. Y sobre llovido, mojado: para 2020, diferentes estimaciones prevén una caída de entre 7 y 14% del Producto Interno Bruto (PIB) y una pobreza que podría alcanzar a la mitad de la población.

En abril, la actividad económica se contrajo más de un cuarto respecto al mismo mes del año anterior y un reciente informe de la oficina de Naciones Unidas en Argentina señala que desde el 20 de marzo, cuando comenzaron las medidas de aislamiento, el 60% de los hogares que encuestaron vieron caer sus ingresos: 3,6 millones de hogares, en los que viven 15 millones de personas.

Para intentar paliar los efectos de esta crisis que causó la pandemia, el Gobierno lanzó una serie de medidas, además de las sanitarias, que apuntan a contener el colapso económico. Incluyen bonos extraordinarios para jubilados, pensionados y personas que reciben asistencia estatal, créditos a tasa cero para cuentapropistas, pago con dinero público de parte de salarios del sector privado y exenciones impositivas, entre otras.

De acuerdo con el informe de avance del presupuesto 2021 que el Ministerio de Economía envió al Congreso a fines de junio, hasta ese entonces las medidas tomadas en el marco de la pandemia representaron un 5% del PIB, o 1,4 billones de pesos (unos 19.700 millones de dólares al cambio oficial).

Ese gasto extra se suma a una caída real en los ingresos del Estado, causada por la merma de la actividad económica: con una inflación hoy por encima del 40% anual, en mayo la recaudación creció apenas un 2,4% respecto al mismo mes de 2019. Para hacer frente a los gastos extraordinarios en un contexto de menores ingresos, las autoridades decidieron crear más dinero y el Banco Central salió a imprimir más pesos.

Durante los primeros cinco meses del año se emitieron 1,3 billones de pesos (18.220 millones de dólares), de acuerdo con Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de la consultora Eco Go. "La emisión del Banco Central fue casi equivalente a la base monetaria (la cantidad de pesos existentes, por decirlo en forma sencilla) que había cuando se realizaron las elecciones" de octubre de 2019, en las que Alberto Fernández fue votado presidente, le dijo la economista a France 24 en Español.

Las limitaciones de financiarse de ese modo las conocen en el propio Gobierno. "Está claro que no se puede vivir todo el tiempo con déficit financiado por la autoridad monetaria (la emisión del Banco Central), porque esos pesos empiezan a irse al dólar y generan problemas de inflación", le dijo al diario La Nación, en una entrevista reciente, el ministro de Economía Martín Guzmán. "Pero también tiene que quedar claro que estamos en un momento muy difícil y que debemos tender hacia una normalización que le permita al Estado hacer políticas públicas para generar más productividad, más empleo".

Planes de reactivación, ¿pero con qué fondos?

Elisabet Bacigalupo, economista de la consultora ABECEB, señala que sí o sí habrá un rebote de la economía, porque "cuando entrás en procesos así, hiperrecesivos, siempre pasa, más allá de la magnitud y el caso particular de la pandemia, que tenés caída de la recaudación y aumento de gasto y operan estabilizadores automáticos, que cuando el ciclo económico se revierte te empiezan a jugar un poco a favor".

Pero esos estabilizadores automáticos (aumento de la actividad, recomposición de parte de la recaudación) no serán suficientes. Así que el Gobierno, como muchos otros gobiernos del mundo, está pensando en reactivar la economía con planes de inversión pública para el año que viene; pero el desafío, en caso de que lo haga, es cómo pagarlo.

"Yo no veo que haya mucho margen de financiento en mercados de capitales como para hacer frente a planes muy agresivos de política fiscal", le dijo a este medio Carlos Guberman, director de Análisis Fiscal Tributario del a Oficina de Presupuesto del Congreso. "La elección en todo caso es si el Gobierno está dispuesto a tolerar una tasa de inflación creciente y financiar monetariamente (con más emisión) eso (...) a que no haya empleo y la inflación esté bajando".

Pero eso puede arriesgar una disparada inflacionaria, aunque Bacigalupo no cree que pueda darse una situación de hiperinflación, porque para eso "persistentemente deben mantenerse déficits muy altos, digamos de 10 puntos del PBI". Y según los cálculos de su consultora para 2020, el déficit primario sería de 8 puntos del PIB: cuatro por gastos y cuatro por caída de la recaudación por falta de actividad o moras. Y los cuatro de gasto deberían disminuir hacia 2021.

Para alcanzar una estabilidad a mediano y largo plazo hay algunas medidas estructurales que algunos ven como ineludibles. "Yo creo que hay que hacer una reforma en serio de la situación previsional, no es sostenible la situación actual", dijo Carlos Guberman. "Tenés que, de mínima, fijar algún criterio de ajuste de las pasividades que esté más relacionado a la situación de ingresos del Estado: subir la edad jubilatoria, unificar regímenes".

También considera que debería revisarse toda la estructura tributaria para identificar dónde se están perdiendo ingresos: "mirar de nuevo toda la estructura tributaria, todos los regímenes de excepciones, de alícuotas diferenciales, de tratamiento diferencial de impuestos", agregó Guberman.

Como una forma de conseguir financiamiento en el contexto de la pandemia, legisladores oficialistas quieren presentar un proyecto de ley de un impuesto extraordinario a la riqueza que creen que podría recaudar unos 300.000 millones de pesos, equivalentes a unos 4.200 millones. Pero eso equivaldría aproximadamente tan solo a un mes de recaudación impositiva (sin incluir los ingresos por la seguridad social y recursos aduaneros).

En todo caso, habrá que ver cuánto margen tiene el Gobierno de Fernández, que ya había tomado una serie de medidas al inicio de su gestión para reducir el déficit fiscal y que generaron descontento en los sectores que fueron afectados: jubilados, productores agrícolas y contribuyentes en general, ya que aumentaron algunos impuestos y se crearon otros nuevos.

Hoy, según Dal Poggetto, la economía "tiene precios relativos bastante ordenados, superávit en cuenta corriente (más ingresos por exportaciones que erogaciones por importaciones), pero una inercia inflacionaria muy fuerte, un gasto estructural muy alto, un déficit fiscal muy alto y un problema con la deuda". Cuando Alberto Fernández inició su mandato puso como prioridad renegociar 66.000 millones de dólares de deuda con acreedores externos.

La discusión con los tenedores de títulos públicos sigue abierta y todavía no se sabe si habrá acuerdo. Desde el Gobierno aseguran que para cualquier plan futuro es central alcanzarlo. "Continuar con este proceso favorablemente permitirá que el país pueda cumplir con los compromisos que tome pero, sobre todo, que le permita cumplir con el compromiso más importante que se refiere al bienestar de la sociedad", dice el informe de avance del presupuesto del Ministerio de Economía.

"Si la deuda la resolvés", dijo Dal Poggetto, "tu problema de déficit fiscal lo amortiguás, y políticamente tenés margen para manejar la puja distributiva (la demanda de aumentos salariales) y frenar la inercia, la verdad es que de corto plazo tenés mucho margen para que la economía haga piso y rebote".

Y aunque tampoco le abrirá las puertas del crédito al país de par en par, Bacigalupo, de ABECEB, cree que probablemente pueda seguir obteniendo financiamiento de organismos internacionales para ciertos proyectos y "en el mercado doméstico algún margen para colocar títulos en pesos en el corto plazo vas a seguir teniendo".

Escenarios para 2021: ¿un nuevo post 2001-2002?

Las variables que definirán cómo queda la economía argentina tras la pandemia son cuatro, según Dal Poggetto: la liquidez global (cuánto dinero hay disponible a nivel mundial, y cuán barato es el crédito internacional), el mencionado arreglo de la deuda con los acreedores internacionales, la consolidación fiscal, y el arreglo con el FMI, al que el país debería empezar a pagarle a fines de septiembre de 2021, justo antes de las elecciones legislativas de medio término, que en Argentina suelen suponer gastos extraordinarios de quien está en el poder para mejorar las chances de sus candidatos.

En cualquier caso, para Dal Poggetto, un escenario relativamente benigno es terminar con un déficit de 7,5 puntos del PIB, que en 2021 pueda bajar a 2. "Para lo cual", dijo, "no tenés que hacer ninguna de las cosas que se dicen que van a hacer, la verdad es que ahí tenés margen para que la caída del nivel de actividad rebote fuerte el año que viene, porque partís de niveles muy bajos". Pero, aclaró, no debería dispararse el precio del dólar oficial ni los salarios.

Un escenario más complejo, según la ecomista, sería que en 2021 el déficit fiscal quede en torno a los 6 puntos del PIB, lo que presionaría sobre la diferencia entre el dólar oficial y los paralelos (que hoy están en torno a los 75 pesos el primero y entre 112 y hasta más de 120 los segundos). Eso podría llevar a que termine devaluándose el dólar oficial y llevando a que eso presione al alza los precios. "El año que viene, si la pandemia pasa, la capacidad de rebote es muy alta; respecto a cero es muy fácil rebotar", dijo Dal Poggetto. "Ahora, si vos generás un descalabro monetario que termina en un shock cambiario-inflacionario, la verdad es que podés abortar ese rebote".

Y los riesgos son altos. En la gran crisis de Argentina de 2001-2002 el PIB cayó casi un 11%. Pero bien quisiera el gobierno que la actual situación fuera en lo económico como la de 2001-2002, no por la crisis en sí, que fue dramática, sino por la recuperación posterior, que fue fenomenal. Todo gracias a una serie de condiciones muy especiales, que repasó Elisabet Bacigalupo: "Tenías a China creciendo al 10%, a los países desarrollados creciendo en promedio al 4%, lo que se llamó la era dorada del capitalismo global, todo eso traccionaba los precios de las commodities, la demanda de exportaciones, y venían los capitales a los países emergentes, eso te constituía un contexto externo fantástico, encima tenías acá un súper tipo de cambio alto recontra competitivo por la devaluación de 2002, que lo tuviste hasta 2007, que te incentivaba la exportación y la sustitución de importación".

Ninguna de esas condiciones existe hoy. La clave, entonces, estará en qué ocurra con la renegociación de la deuda, para la que hay plazo hasta el próximo 4 de agosto. Y luego de eso, en los detalles del proyecto de presupuesto 2021, que el gobierno presentará el 15 de septiembre. 

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