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Los médicos rumanos luchan contra el coronavirus y las teorías del complot

Manifestantes con cruces de madera protestan contra las medidas de confinamiento en Buscarest el 19 de julio de 2020
Manifestantes con cruces de madera protestan contra las medidas de confinamiento en Buscarest el 19 de julio de 2020 Daniel MIHAILESCU AFP
4 min
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Timisoara (Rumania) (AFP)

Desde hace varias semanas el doctor Virgil Musta libra una batalla no solo contra el aumento diario de los casos de coronavirus en la ciudad rumana de Timisoara, sino también contra los "coronaescépticos" que ignoran sus recomendaciones.

"Ya nadie respeta las normas", lamenta el médico, que ha atendido a por lo menos 600 pacientes, en una entrevista con la AFP. El colmo -dice- es que algunas personas que dan positivo en el test de coronavirus vuelven a casa en transporte público.

En una semana, Rumanía registró casi 5.000 nuevos casos, con un pico de 889 el sábado, así como 142 muertes, lo que eleva el total a 2.026. Un aumento por el que una docena de países europeos impusieron restricciones de viaje a sus ciudadanos.

Y eso que este expaís comunista de 19 millones de habitantes había comenzado la lucha contra la enfermedad con una política estricta consistente en hospitalizar sistemáticamente a todos los afectados.

Pero a principios de julio, la Corte Constitucional declaró ilegal esta medida, que algunos consideraban digna de una "dictadura médica".

Mantener a un paciente en el hospital en contra de su voluntad "viola los derechos fundamentales", sottuvo la Corte.

Aprovechando el vacío legislativo, "mil pacientes han salido de los hospitales y pasean libremente", declaró preocupado a la AFP un epidemiólogo que pidió el anonimato. Y la segunda ola podría ser más fuerte que la primera.

- "El mal está hecho" -

En los últimos días dos hombres que dieron positivo y rechazaron la hospitalización murieron en casa, según las autoridades. Seis personas contagiaron a 20 familiares después de asegurar que se cuidarían en casa. Una promesa difícil de mantener en un país entre los más pobres de Europa y con pocos hospitales en las zonas rurales.

Desde su cama de hospital en Timisoara, una joven enferma de covid-19 llora a su marido, fallecido hace unos días. "No es normal que un hombre de 34 años sin historial se muera a causa del coronavirus", declaró a la AFP.

Cristian Focsan, un deportista cuarentón, pensó que podía luchar solo contra el coronavirus. Contó en Facebook que se negó a permanecer en el hospital para "no ocupar una cama" que podría haber servido a un enfermo grave. Pero su salud se deterioró rápidamente y tuvo que ser conectado a un respirador.

El parlamento ha adoptado un texto que permitirá a los hospitales mantener a los pacientes con o sin síntomas bajo observación durante 48 horas. Pasado ese tiempo la autorización de la dirección de Salud Pública será obligatoria.

Según el doctor Musta, del hospital Victor Babes de Timisoara (oeste), el mal ya está hecho. "Hace tres semanas, teníamos un nuevo caso por día, ahora, unos 40", dice.

- "Cifras infladas" -

En Bucarest, unos cientos de "coronaescépticos" se reúnen regularmente desde hace unos diez días para acusar al gobierno de transformar el país en un "gulag".

"Tengo que tener derecho a elegir si quiero que me hospitalicen o no", afirma Costin Tanasescu, un empresario del sector de la construcción de 49 años, que pone en duda la peligrosidad del virus.

"Las cifras están infladas en beneficio de los productores de mascarillas protectoras", asegura otro manifestante, Ionut Moraru, mientras que Marcela, una jubilada, teme que "la internen por la fuerza por un simple estornudo en un lugar público".

Los mensajes de frustración de los trabajadores sanitarios se han multiplicado en todo el país.

"¿No crees en la existencia del coronavirus? Entonces ven a pasar 10 minutos sin protección en cuidados intensivos. Veremos el resultado dentro de una semana", escribió la directora de un centro médico de Bucarest en Facebook.

La rápida propagación de las teorías conspirativas deja perplejo al doctor Musta que estima que prevenir a la gente de los riesgos es ahora tan importante como curarlas: "La guerra ya no se ganará solo en el hospital", lamenta.

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