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Los claroscuros del presupuesto y fondo pos-Covid aprobados por la Unión Europea

Los líderes de la Unión Europea participan en la primera cumbre de la UE cara a cara, tras el brote por coronavirus, en Bruselas, Bélgica, el 17 de julio de 2020.
Los líderes de la Unión Europea participan en la primera cumbre de la UE cara a cara, tras el brote por coronavirus, en Bruselas, Bélgica, el 17 de julio de 2020. © François Lenoir / Reuters

A los 1,074 billones de euros de presupuesto y a los 750.000 millones de euros de recuperación se los ha tildado de pacto "histórico" europeo. Y es que nunca antes los 27 del bloque habían logrado aprobar tal movimiento de dinero transfronterizo, basado en deuda común. Pero no todo ha sido unión en 96 horas de negociaciones, en las que los cuatro 'frugales' han demostrado que juntos pueden crear desigualdad, frenar el eje Alemania-Francia y reducir los valores sociales de la UE.

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"¡Acuerdo!". Con una palabra, el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, puso fin este 21 de julio a cuatro días y cuatro noches de negociaciones en el EUCO. Mas ojalá un solo vocablo definiera esta batalla de 27 países en Bruselas, la más duradera desde la reunión francesa de Niza en el año 2000, y la más densa por el contenido de lo pactado.

Un contenido que, desenmarañado, deja un primer titular: la creación de un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros, financiado de manera inédita por la emisión de deuda conjunta, con el fin de relanzar las economías del bloque comunitario. Sobre todo de aquellas más embestidas por la recesión y el nuevo coronavirus, como es el caso de España e Italia.

Así, de este fondo con plazo de tres años, 390.000 millones se desembolsarán en ayudas directas y subvenciones —devueltas en conjunto—, y 360.000 millones serán para préstamos —que cada país podrá retornar desde 2027, con un margen de amortización de 30 años. Con el extra de que todos dispondrán de un presupuesto de 1,074 billones de euros para el periodo 2021-2027, que equivale a unos 154.000 millones anuales.

"Tenemos un acuerdo, ¡y es un buen acuerdo, con presupuesto y plan de impulso! La Unión Europea jamás se había decidido a invertir de forma tan ambiciosa en el porvenir", celebró Sophie Wilmès, primera ministra de Bélgica.

Pero, ¿qué hay detrás de esta deuda que se reembolsará entre los Veintisiete? ¿Cuáles son sus claroscuros? ¿Y cómo han fijado la balanza los llamados países 'frugales' (Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Austria y Finlandia) versus el dúo franco-alemán (Emmanuel Macron-Angela Merkel)?

A modo de resumen, como esencia de lo negociado, la analista Marta Pilati, del centro de estudios European Policy, da en el clavo: "El acuerdo del Consejo Europeo podría haber sido mayor, más moderno, menos gravoso en la gobernanza, más potente en el Estado de Derecho, con menos descuentos. Pero este paquete era inconcebible hace solo unos meses".

Puntos de conformidad: más unión, deuda conjunta y control nacional

Con unos Veintisiete en permanente desigualdad económica, con una eterna pugna países norte-países sur, estas medidas suponen para la UE una unión, en vez de una fatal fractura en tiempos de crisis. De ahí que presidentes como el francés Emmanuel Macron enarbolaran la bandera de "día histórico", en una Europa que hace 12 años se resquebrajó (especialmente en valores), por la crisis financiera.

Le falta recorrido, pero por primera vez el bloque va en dirección contraria a una Europa punitiva. Este movimiento transfronterizo de dinero público, "a gran escala" como precisa Pilati, jamás se había visto en el pasado. Intentado con los 'eurobonos' (mecanismo para emitir deuda pública), el fondo significa que los Veintisiete se endeudarán en pro de un paquete de ayudas, equivalentes al 17% de la renta bruta europea. Lo que también replantea el modelo presupuestario de la Unión. 

Ya no es austeridad antisocial, rescate a bancos o recortes como en la crisis de 2008, sino un estímulo fiscal en común. Ya no son "hombres de negro", los inspectores del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Comisión Europea (CE), visitando a naciones y verificando cuentas, sino planes de inversión negociados, redactados por los países, con directrices generales de la Comisión y no por directrices macroeconómicas.

El primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, hablan durante una cumbre de la UE en Bruselas, Bélgica, el 20 de julio de 2020.
El primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, hablan durante una cumbre de la UE en Bruselas, Bélgica, el 20 de julio de 2020. © John Thys / AFP

Es cierto que lo deseable, y propuesto en mayo por la Comisión, eran 500.000 millones de euros en lugar de los 390.000, de fondos de la Facilidad de Recuperación y Resiliencia, y de distintas partidas del Marco Financiero Plurianual (MFP).

El avance está en que el acceso a estos fondos será a partir de planes y reformas decididas por cada país, otorgándoles la oportunidad de dominar sus programas nacionales, que tendrán mejor visto bueno si apuestan por la digitalización y la transición ecológica. Estos programas ya no serán vetados por una única nación y no exigirán unanimidad, sino que serán evaluados por la Comisión y aprobados por mayoría calificada de Estados miembros (un 55% de los países que representen 65% de la población).

Una mayoría que también, en una acción sin precedentes, podrá bloquear fondos del presupuesto si ocurren violaciones al Estado de Derecho. Se trata de una "condicionalidad" a la que se oponían naciones como Polonia y Hungría, que finalmente aceptaron con un texto suavizado y con chances de que países pequeños puedan aliarse para evitar esa "relación directa" entre fondos y Estado.

De este modo, así como la gobernanza individual ha salido reforzada, el acuerdo no ha impuesto los recortes que se bajaron en Política Agraria Común, y el Fondo Social Europeo queda más o menos preservado. De los fondos del presupuesto, al menos el 25% irá destinado a la inclusión social y a la integración de personas migrantes; el 2% irá para combatir la pobreza material y otro 10% será para el desempleo juvenil.

En el lado B: látigo de los 'frugales' y recortes en programas importantes

En el lado A de la cinta, el bloque comunitario ha demostrado unión. No obstante, en la cara B, y en las más de 96 horas de reuniones, se ve que casi lo ha hecho por "cumplir", por demostrar a la comunidad internacional que puede responder a desafíos comunes, como explican Pilati y Fabian Zuleeg, también del centro European Policy. Y ahí el cuarteto 'frugal', con apoyo de Finlandia, ha vuelto a exhibir la división de países comedidos versus países del sur laxos, que según esa retórica se aprovechan de estos fondos y tienden a despilfarrarlos.

Por ello, se dice que los líderes europeos están satisfechos por el acuerdo, porque recibirán gran cantidad de dinero para recuperarse. Pero contribuyentes como los 'frugales' están contentos por las condiciones que han puesto para que países más afectados disfruten de ese dinero. Y ahí, el marcar el ritmo de otros, no muestra una UE integrada, sino que la recuperación "solo funcionará si los países afectados acometen considerables esfuerzos de reforma".

El primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, junto con el primer ministro de Suecia, Stefan Lofven, el canciller de Austria, Sebastian Kurz, y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, en una reunión paralela a la cumbre de la UE en el edificio del Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica, el 18 de julio de 2020.
El primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, junto con el primer ministro de Suecia, Stefan Lofven, el canciller de Austria, Sebastian Kurz, y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, en una reunión paralela a la cumbre de la UE en el edificio del Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica, el 18 de julio de 2020. © Francisco Seco / AFP

Así, Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria han logrado imponer un "freno de emergencia" por el cual un Estado o varios Estados miembros podrán exigir el seguimiento de un programa de otro país, en caso de desviaciones de lo negociado. No es un veto completo, pero permitiría retrasar la aprobación o desembolso de algún programa. Además de que, al ser un control político hecho por el Consejo, el rol del Parlamento Europeo quedaría más marginado. Y no es una buena noticia.

Tampoco lo es, según el profesor Alberto Alemanno, el hecho de que la UE sea "más propensa a la deuda", pero sobre todo que sea "más ligera en valores como el Estado de derecho, (y) menos comprometida con la investigación, la salud y el clima". Para algunos, las cantidades del fondo de recuperación son reducidas para las necesidades actuales, es decir, la pandemia  de Covid-19. 

Sin embargo, para otros peor es que los recortes para dichos fondos se hayan dado en el Marco Financiero Plurianual y en programas vinculados a la investigación o a la crisis climática, como el Fondo de Transición Justa, que pasa de 30.000 a 10.000 millones de euros. Para compensar a los países que exigían inversiones más moderadas, se ha afectado al gasto público o al desarrollo rural, sin contemplar ahí "condicionalidades" duras para los derechos sociales o lo sostenible, que deberá "conformarse" con un 30% del gasto para los objetivos de neutralidad de carbono en 2050 y reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030.

De este modo el cuarteto 'frugal', tildado así por su condición de parcos y sin excesos, no solo ha logrado menguar estos programas, sino que además ha mantenido o aumentado sus descuentos de las contribuciones al presupuesto, ya que consideran que sus aportes son desproporcionados. Dinamarca se ahorrará así 377 millones de euros anuales (+91% respecto a la propuesta de base de negociación); Países Bajos logra 1.920 millones de euros extra (+22%); Austria, 565 millones (+138%); Suecia, 1.070 millones (+34%), mientras que Alemania sigue con sus 3.670 millones.

Beneficiados y detractores, de ultraderecha y de países 'frugales'

Así las cosas, el 70% de las inversiones previstas en cada plan nacional se asignará entre 2021 y 2022, basados en criterios como la población y el desempleo; mientras que el 30% restante se dará en 2023, en función del impacto de la pandemia en el PIB estatal.

Algo que para España ha sido un logro, al defender sin rebajas el volumen de sus transferencias, que serán de 140.000 millones, de los cuales 72.000 millones serán ayudas a fondo perdido, para "impulsar la recuperación de la economía" y "propiciar la transformación del modelo productivo, avanzando hacia la transición ecológica, la digitalización, la movilidad sostenible y el desarrollo de la economía de cuidados".

Ídem para Croacia, que ha duplicado el dinero que recibirá de las arcas comunitarias —obtendrá 22.000 millones de euros hasta 2027, casi el doble de los 10.700 millones recibidos entre 2014 y 2020—; y Eslovenia, que seguirá siendo receptora neta del presupuesto, con el monto siguiente: 10.500 millones de euros hasta 2027, de los que 1.600 millones serán destinados a la agricultura.

Un pacto de conformidad por el que por ejemplo Italia recibirá 209.000 millones y Francia otros 40.000 millones, muy a disgusto de la ultraderecha, tanto de estos países como la europea. Para los detractores italianos, se trata de una "trampa" económica "a cambio de recortes y sacrificios" vigilados por los países del norte, en palabras del líder de la Liga, Matteo Salvini, que considera el "freno de emergencia" como "una intromisión inaceptable en las elecciones en materia de política económica, por parte de una nación soberana".

Misma opinión para la líder de la extrema derecha francesa Marine Le Pen, que llegó a expresar que este es "el peor acuerdo para Francia de toda la historia de la UE". En sintonía con Salvini, su temor es una pérdida de la "independencia" nacional y un "abandono a la agricultura", por ser un "contribuyente deficitario", es decir, que el país pondrá más dinero del que recibirá.

La cuestión de fondo, como último titular que se desprende de esta negociación, es que no solo es la ultraderecha la que opina así, sino también los países 'frugales', que alimentan un sentimiento antieuropeo, al establecer una posición de privilegio y fuerza por encima de otros. En Países Bajos, al gran rostro de esta negociación, el primer ministro Mark Rutte, partidos como Libertad (PVV) le han achacado el haberse "arrodillado" ante Bruselas al respaldar "390.000 millones de euros en regalos para el Sur", cuando ese dinero debería invertirse al país.

Una actitud que perpetúa la idea de que las decisiones en el EUCO, el Consejo Europeo, son basadas en intereses nacionales y no comunes, por más que el eje Macron-Merkel haya denunciado esas "incoherencias" de mala voluntad, en estos últimos cuatro días y cuatro noches. Un eje que, por primera vez, se ha visto reducido por cuatro países (más Finlandia) que, juntos, aún siendo pequeños, han demostrado que si se alían pueden imponer sus decisiones.

EFE, AFP y Reuters

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