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Exguardia nazi de 93 años, condenado por participar en el asesinato de 5.232 prisioneros

El alemán Bruno D., de 93 años, acusado de ser un guardia de las SS involucrado en el asesinato de miles de prisioneros, muchos de ellos judíos, entre agosto de 1944 y abril de 1945 en el campo de concentración nazi de Stutthof , cerca de Gdansk, Polonia, llega para recibir su veredicto en un tribunal en Hamburgo, Alemania, 23 de julio de 2020.
El alemán Bruno D., de 93 años, acusado de ser un guardia de las SS involucrado en el asesinato de miles de prisioneros, muchos de ellos judíos, entre agosto de 1944 y abril de 1945 en el campo de concentración nazi de Stutthof , cerca de Gdansk, Polonia, llega para recibir su veredicto en un tribunal en Hamburgo, Alemania, 23 de julio de 2020. © Fabian Bimmer, Reuters
Texto por: Andrea Rincón
5 min

Bruno D., quien reconoció haber sido un guardia de las SS cuando era menor de edad en el campo de exterminio nazi Bruno Dey, fue condenado por un tribunal de Hamburgo a dos años de prisión, en régimen de libertad vigilada. Este podría ser el último juicio por el Holocausto en Alemania.

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La noticia le da la vuelta al mundo. La atención apunta hacia Bruno D, que postrado en una silla de ruedas cubre su rostro detrás de una carpeta azul, mientras atiende una audiencia de imputación de cargos en un tribunal de Hamburgo. 

El hombre de 93 años, que se encontraba retirado, fue transportado 45 ocasiones durante nueve meses al tribunal para atender su juicio. 

El día de la sentencia, vestido con una chaqueta negra, que hacía juego con un sombrero del mismo color, una camisa blanca y gafas de sol, Bruno D trato con mucho esfuerzo de ponerse en pie para escuchar el veredicto de la presidenta de la sala de justicia juvenil, Anne Meier-Göring.

"No tiene que hacerlo, Sr. D.", dijo la juez, según recogió el diario alemán 'Der Spiegel', y enseguida anunció que lo hallaba culpable de complicidad en el asesinato de 5.232 personas.

"¿Cómo pudo acostumbrarse al horror?", preguntó la jueza Anne Meier-Goering mientras leía el dictamen. 

El último juicio que podría cerrar el ciclo de crímenes del nazismo

La sentencia cierra el que podría ser el último juicio que se celebre por crímenes del nazismo, 75 años después de la caída del Tercer Reich, dadas las dificultades que albergan estos procesos por la avanzada edad tanto de los acusados como de los testigos directos de los cargos que se les imputan.

El juicio de Bruno D se desarrolló en un tribunal para menores, ya que el exguardia nazi tenía entre 17 y 18 años en el momento en el que cometió los crímenes por los que fue juzgado, en donde, debido a su edad y su frágil estado de salud, las sesiones tuvieron que limitarse a dos o tres horas por día.

El adulto mayor aceptó que sirvió en el campo de exterminio de Stutthof, cercano a Gadanks, en la Polonia ocupada entre agosto de 1944 y abril de 1945, pero dijo que no fue su culpa haber estado allí. 

Esto, sin embargo, no convenció al tribunal de Hamburgo que lo declaró culpable de haber estar involucrado en los asesinatos de agosto de 1944 a abril de 1945, en el que se estima que unos 5.232 prisioneros, en su mayoría judíos, fueron asesinados por el aparato nazi. Aunque según los historiadores, allí habrían muerto más de 100.000 personas. 

Una pieza del "aparato asesino" del Tercer Reich

Su defensa, sin embargo, pidió sin éxito su libre absolución, mientras que la Fiscalía había solicitado en principio tres años de cárcel, -de acuerdo con el código contemplado para menores y en atención a la edad que tenía procesado-, que terminó reduciendo a dos en libertad condicional, por considerarlo una "pieza del aparato asesino" del Tercer Reich.

En enero, durante las audiencias, compareció un historiador que testificó que D. había sido enviado inicialmente al campo como soldado de la Wehrmacht y que no se había unido a las SS (Escuadras de Protección, unidad paramilitar del Partido Nazi) hasta septiembre de 1944. Para entonces, se alegó que el exguardia nazi pudo haber pedido una transferencia a otra unidad antes convertirse en parte de la máquina de asesinato en masa de las SS.

Imagen de archivo de prisioneros en Auscwhitz cuando llegó el Ejército Rojo a liberarlos.
Imagen de archivo de prisioneros en Auscwhitz cuando llegó el Ejército Rojo a liberarlos. © Museo de Auscwhitz

Bruno D. admitió conocer las cámaras de gas de Stutthof y también aceptó haber visto "figuras demacradas y personas que habían sufrido", pero su equipo legal alegó que, para entonces, era una figura relativamente poco importante en el campo y que no estuvo directamente involucrado en las más de 5.000 muertes.

Pero los fiscales respondieron que él sí sabía lo que estaba sucediendo, "que había tenido contacto con los prisioneros y que había impedido activamente su escape", recogió la cadena británica 'BBC'.

"Cuando eres parte de la maquinaria de asesinatos en masa no es suficiente mirar hacia otro lado", dijo el fiscal Lars Mahnke en sus argumentos finales.

"Me gustaría disculparme con todas las personas que han pasado por este infierno"

En su testimonio final ante el tribunal, el exguardia nazi se disculpó por el sufrimiento de las víctimas, pero no asumió la responsabilidad.

"Me gustaría disculparme con todas las personas que han pasado por este infierno de locura y con sus familiares y sobrevivientes", dijo a la corte el 21 de julio, informó el canal 'NDR'.

Una rosa colocada sobre las estelas de hormigón del monumento a los Judíos Asesinados de Europa, en Berlín, el 27 de enero de 2020, en el 75º aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia
Una rosa colocada sobre las estelas de hormigón del monumento a los Judíos Asesinados de Europa, en Berlín, el 27 de enero de 2020, en el 75º aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia John Macdugall AFP/Archivos

Unos 75 años después del Holocausto, el número de sospechosos está disminuyendo, pero los fiscales todavía tratan de llevar a quienes cometieron crímenes durante esa época ante la Justicia. 

Una condena histórica en 2011 despejó el camino a más juicios y sentencias, ya que al trabajar en un campo por primera vez se han endilgado motivos de culpabilidad sin que se necesiten pruebas de un delito específico.

Con EFE y Reuters

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