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Colombia y el Covid-19, radiografía de un país que enfrenta la peor cara de la pandemia

Dos mujeres lloran mientras esperan que los trabajadores funerarios recojan el cadáver de un hombre que presuntamente murió de Covid-19 en una casa en Cali, Colombia, el 26 de julio de 2020. El cadáver fue sellado por trabajadores funerarios 17 horas después de la muerte.
Dos mujeres lloran mientras esperan que los trabajadores funerarios recojan el cadáver de un hombre que presuntamente murió de Covid-19 en una casa en Cali, Colombia, el 26 de julio de 2020. El cadáver fue sellado por trabajadores funerarios 17 horas después de la muerte. © Luis Robayo / AFP
7 min

El aumento de los casos y las muertes llevaron a Colombia a convertirse en una de las naciones más golpeadas por la crisis sanitaria en América Latina. Aunque varios de sus vecinos han recibido más atención internacional, el país empieza a ver el rostro más duro de la pandemia. Ni la cuarentena decretada desde marzo, ni las medidas preventivas implementadas han logrado evitar el colapso del sistema hospitalario al que ya se acerca la capital, Bogotá. Otras ciudades como Medellín, Cali y Barranquilla intentan ganar tiempo antes de alcanzar el pico de contagio. 

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Mientras varios países de Europa luchan contra la que ya es considerada una segunda ola del brote de Covid-19 y América Latina continúa como epicentro de la pandemia, Colombia enfrenta varias crisis a la vez. La nación latinoamericana, que cuenta con poco más de 49 millones de habitantes, intenta paliar los efectos de la emergencia sanitaria en medio de un contexto de desigualdad, desempleo, migración y división política que oscurece aún más su panorama. 

De norte a sur y con 267.385 contagios confirmados hasta este 28 de julio, el nuevo coronavirus ha ganado terreno en el país pese a las medidas ordenadas por el Gobierno del presidente Iván Duque, quien desde el 24 de marzo, cuando Italia era todavía el epicentro, decretó la cuarentena obligatoria como acción preventiva. 

La pobreza como amenaza 

Pero es que, en un territorio en el que el 37,9% vive en condiciones de pobreza subjetiva y en el que el 19% no tiene empleo, de acuerdo con las cifras reportadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), poder acatar los lineamientos de aislamiento es casi un lujo. 

Aunque en los sectores más privilegiados de las ciudades principales, tales como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, las familias adineradas han logrado cumplir con las recomendaciones de quedarse en casa sin mayor preocupación, la situación no es la misma para los miles que viven con el dilema de contagiarse o morir de hambre. 

*Rafael es uno de ellos. Tiene 34 años y una hija de siete. Nació en Soledad, un municipio ubicado a 20 minutos de Barranquilla, en el departamento del Atlántico, el que suma el mayor número de contagios después de Bogotá, que ya alcanzó los 86.857. Llegó a la capital hace casi un lustro para buscar mejores oportunidades.

Pese a sus esfuerzos, este técnico en mecatrónica no logró conseguir un empleo en su campo y, con tal de tener un trabajo fijo, así lo que gane casi no le alcance, hace dos años aceptó ser vigilante en un edificio en Chapinero Alto, una de las zonas de la capital que permanece bajo alerta naranja debido al elevado número de casos confirmados en el área. 

Al vivir en Bosa, uno de los sectores populares con más alta tasa de expansión del virus, Rafael cambió desde marzo su habitual rutina en autobús para llegar hasta su lugar de trabajo. Con la comida empacada en una bolsa y protegido con una chaqueta impermeable, prefirió conducir su bicicleta durante cerca de tres horas diarias para trasladarse desde su casa hasta "la cumbre", como llama al edificio en el que labora. 

Una de las vías del sector de Chapinero, en Bogotá, Colombia, que permanece bajo alerta naranja por la propagación del Covid-19.
Una de las vías del sector de Chapinero, en Bogotá, Colombia, que permanece bajo alerta naranja por la propagación del Covid-19. © Carlos Ortega / EFE

Con temor, como casi todos, este padre aumentó los protocolos de bioseguridad al regresar a casa, en donde le dolía no poder abrazar a su hija de inmediato, ni recostarse en el sofá sin antes de ducharse y desinfectar todos sus implementos. 

Dice que, cuando supo que en "la cumbre" un residente había sido diagnosticado con la enfermedad, sintió que las piernas le temblaron y que las manos se le pusieron inusualmente frías. Recuerda con claridad aquel día y señala cómo los equipos clínicos llegaban por las noches para revisar el estado del paciente que se desempeñaba como médico en un hospital cercano y que, varias semanas, después murió a causa del virus. 

"No era fácil. Tenía miedo y no quería ir a trabajar. Pero es lo que toca hacer. O trabajo o mi familia se queda sin comer. Dos días después de que diagnosticaron al doctor, vi cómo sacaron el cuerpo de un residente del edificio de enfrente, ese día sí lloré. Llamé a mis hermanos y les dije que se cuiden, que esto es real", narra Rafael, quien reconoce tener el corazón dividido entre Bogotá y Soledad, donde la circulación de cadenas falsas que desestimaban el virus llevaron a algunos miembros de la comunidad a desobedecer las normas y obligaron a las autoridades a declarar varios toques de queda.

Sin tapujos, Rafael relata cómo algunos de sus amigos asistieron a un funeral en su municipio natal en mayo, cuando las alertas por la propagación del brote eran más que preocupantes y cuando el sistema hospitalario en Barranquilla, la capital más próxima, estaba al borde del colapso. "Tomaban y cantaban en las calles, como si a ellos no les pudiera pasar nada y hasta dejaron de hablarme porque decían que ya yo me había creído la mentira del Covid-19", afirma. 

Como los amigos de Rafael, son decenas de colombianos más los que todavía, con 9.074 fallecidos hasta este martes, cuando fueron reportadas por el Ministerio de Salud las peores cifras sobre contagios desde el inicio de la crisis, ponen en duda la veracidad de la existencia del virus identificado en Wuhan, China, en diciembre de 2019, y que el 11 de marzo fue caracterizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una "pandemia" por su velocidad de propagación. 

Escenas como las del funeral registrado en Soledad que menciona este vigilante que, por orden de la administración del edificio en el que trabaja permanece en aislamiento desde hace dos días por presentar síntomas de gripe, se repiten en distintas poblaciones, entre ellas Cali, en donde un fotógrafo de la agencia internacional de noticias AFP logró captar cómo el 26 de julio algunos ciudadanos desacataban el distanciamiento social en la despedida de un familiar sin mascarillas de protección. 

Un trabajador de una funeraria se prepara para recoger el cadáver de un hombre que presuntamente murió de Covid-19 en su casa en Cali, Colombia, el 26 de julio de 2020.
Un trabajador de una funeraria se prepara para recoger el cadáver de un hombre que presuntamente murió de Covid-19 en su casa en Cali, Colombia, el 26 de julio de 2020. © Luis Robayo / AFP

Aglomerados frente a la vivienda en la que un vecino murió presuntamente por Covid-19, y cuyo cuerpo fue recogido por una compañía funeraria solo 17 horas después del deceso, tal como ocurrió hace algunas semanas en Ecuador ante el colapso del sistema, habitantes de un sector popular de Cali parecieron olvidar por un momento las recomendaciones de distanciamiento.

Con más casos y menos médicos

A tres días de que inicie agosto, Colombia supera en 20.897 los casos reportados por las autoridades de Italia y, aunque la ubicación de Brasil como el líder de contagios en la región, con 2.442.375, seguido de México, Perú y Chile ha evitado que la atención se centre en esta nación, la realidad apunta a que, como Rafael, muchos temen que trabajar les cueste la vida y que dejar de hacerlo también los lleve al fin. 

Con el objetivo de menguar el impacto en las poblaciones más vulnerables, el Gobierno puso en marcha una serie de programas de entrega de alimentos y otorgamiento de subsidios que se han visto manchados por denuncias de corrupción y que han sido descritos por líderes de las comunidades vulnerables como "insuficientes". 

En la última semana de julio, Bogotá alcanzó el 90% de ocupación en sus unidades de cuidados intensivos (UCI), panorama que amenaza con replicarse en buen número de ciudades del país y ante el cual el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, propuso requerir ayuda de médicos cubanos, tal como lo hizo Italia en su momento, planteamiento que naufragó ante la puja política del Gobierno de Duque y sus señalamientos al sistema comunista de la isla. 

Al manejo de esta emergencia que azota a un pueblo herido por 52 años de guerra con la antigua guerrilla de las FARC, se suma la migración de miles de venezolanos que, sin recursos ni fuerzas, se agolpan en parques y estaciones de transporte terrestre a la espera de ayudas que parecen no llegar. Cientos de familias desprotegidas que se se convirtieron en una pieza más de la radiografía de este país que ahora mira la peor cara de la pandemia.

 

*Nombre cambiado a petición de la fuente

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