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Reformas, elecciones y Covid-19: Sebastián Piñera rinde la Cuenta Pública más difícil

El presidente chileno Sebastián Piñera pronuncia un discurso, durante la inauguración de la Reunión Anual de Empresarios (ENADE) en Santiago, Chile, el 29 de enero de 2020.
El presidente chileno Sebastián Piñera pronuncia un discurso, durante la inauguración de la Reunión Anual de Empresarios (ENADE) en Santiago, Chile, el 29 de enero de 2020. © Edgard Garrido / Reuters
9 min

Tras un cambio de ministros, a raíz de una derrota en el Congreso, el presidente de Chile se enfrenta ahora a una tercera Cuenta Pública de su mandato, marcada por las protestas sociales de octubre y la actual crisis sanitaria. De forma telemática, Piñera revelará la "hoja de ruta" de sus próximos 20 meses de presidencia, en un momento en el que el apoyo de los chilenos no está de su lado en las encuestas.

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En medio de una pandemia y sin apoyo de la ciudadanía. Así enfrenta Sebastián Piñera su tercera Cuenta Pública Presidencial, cuya ceremonia en el Congreso se vivirá igual de capa caída: con una sala semi-vacía, sin coro nacional u honores, pero sí con una presencia telemática y un protocolo especial debido al nuevo coronavirus.

Por este, los chilenos tienen una razón más para castigar la gestión de Piñera, que hoy cuenta con uno de los índices de popularidad más bajos desde el inicio de su segundo tramo de gobierno, y similar al de los meses posteriores al estallido social del pasado mes de octubre.

En este sentido, tampoco parece cultivar muchas simpatías dentro de su propia coalición Chile Vamos, una unión de partidos de derecha con ideologías muy distintas y hoy fracturada por una medida reciente. Y es la aprobación, con amplia mayoría, por parte del Congreso, de una ley que permite a los chilenos retirar hasta un 10% de sus fondos de pensiones, conocidos como las AFP, las Administradoras de Fondos de Pensiones.  

A la llamada 'ley del 10%', una de las mayores operaciones económicas del país, se opuso con fuerza su Gobierno, pero se terminó aprobando con votos de la propia coalición oficialista.

Un mandato que vira a la derecha de la derecha

Piñera parece ejemplificar mejor que nunca una soledad en el poder, que le ha llevado a realizar un cambio profundo de su gabinete ministerial, siendo el quinto desde su comienzo en marzo de 2018. Así, su Gobierno ha virado aún más a la derecha, yendo hasta el ala más conservadora, representada por la Unión Democrática Independiente (UDI), el partido fundado por Jaime Guzmán, ideólogo de Augusto Pinochet. 

De este modo, a las carteras de Defensa y Relaciones Exteriores se han incorporado dos pesos pesados del partido conservador-liberal Renovación Nacional: su líder Mario Desbordes que, desde hace meses, aparece en las encuestas como un candidato "presidenciable", con el amplio apoyo popular que parece faltarle a Piñera; y Andrés Allamand, quien es uno de los parlamentarios conservadores más conocidos de la vieja política chilena.

El anuncio de este nuevo gabinete fue interpretado en redes sociales como una invitación a un segundo estallido social, mientras que para muchos políticos ha marcado una distancia aún mayor de la que ya existía entre el Gobierno y la ciudadanía. Al presidente, estos nuevos nombramientos le han permitido adelantar lo que pueden llegar a ser los anuncios de esta tercera Cuenta Pública, que fijarían lo que le resta de mandato.

En su discurso sobre estos fichajes, abordó la salida de la pandemia, un fortalecimiento de la protección social, una reactivación de la economía y una reforma profunda del cuestionado sistema de pensiones. Además, hizo hincapié en asegurar el orden público y, por último garantizar la realización de las siete elecciones venideras, entre ellas, la del Plebiscito Constitucional del próximo 25 de octubre.

Una Cuenta Pública que llega con las protestas en pausa

“El Gobierno llega mal a esta Cuenta Pública, después de una derrota política sumamente importante con 'la ley de retiro del 10%', con una crisis sanitaria que todavía está lejos de pasar, y con una crisis social y económica que empieza a recordar al 18 de octubre (inicio del estallido social) y que muestra que todo lo que pasó hasta el 14 de marzo simplemente se puso en paréntesis por la pandemia”, evalúa a France 24 el analista político German Silva, para quien el estallido social que vivió el país en los últimos meses estaría aún ahí, agazapado, a la espera de que el Covid-19 le deje retomar su protagonismo.

Ciudadanos hacen fila frente a una de las oficinas de las Administraciones de Fondos de Pensiones (AFP) para hacer retiros parciales de sus ahorros, en Santiago, Chile.
Ciudadanos hacen fila frente a una de las oficinas de las Administraciones de Fondos de Pensiones (AFP) para hacer retiros parciales de sus ahorros, en Santiago, Chile. © Alberto Valdés / EFE

“Es sin duda la Cuenta más compleja (de las dos administraciones de Sebastián Piñera)”, prosigue el analista Marcelo Mella, de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago: el presidente "asume el Gobierno con un programa que busca conectar a Chile con los desafíos del siglo XXI, en un contexto de globalización en el que Chile resulta un país ejemplar para el sistema internacional".

Y aún así, para Mella, el país se ve enfrentado "a una realidad que visibiliza aquellas dimensiones de la sociedad chilena que quizá no quisimos ver durante más de 40 años; las terribles caras de la desigualdad, manifestadas tanto en el estallido de octubre como en la expansión del virus”.

Ante este panorama, la apuesta de gobierno es la polarización

La designación de estos ministros, incluido uno nuevo para la cartera del Interior, el exsenador de la UDI y alcalde en dictadura Víctor Pérez, "muestran la cara más dura de la derecha", según Mella, con el objetivo de "asegurar o fortalecer las lealtades en su coalición", entendiendo que le quedan 20 meses de mandato, que el proyecto del 10% le "destruyó la coalición", y que al otro lado se encuentra con una oposición carente de liderazgo, la cual hace unos meses estaba casi desintegrada.

En este punto coincide Silva, para quien la llegada de Víctor Pérez como ministro del Interior supone una forma de conquista del voto duro de la derecha, como "jugársela entre tus propios partidarios y refugiarse ahí". Ya que "en las últimas cuatro semanas", amplía Mella, el Gobierno ha bajado de un 27% a un 12% de respaldo. Hoy se encuentra en un nivel de apoyo similar al que tuvo en el momento posterior a la explosión del mes de octubre".

Así, el Gobierno de Sebastián Piñera ha optado por una alternativa que se aleja de mejorar esos números "realmente dramáticos" y supone "no escuchar lo que parece ser la opinión pública". Para el analista Mella, el presidente tendría en la mira los numerosos procesos electorales a venir, sobre todo el proceso Constituyente, de los que no se debería descartar una apuesta hacia la polarización de la sociedad chilena. Puesto que, mientras que esta semana las encuestas señalan que el voto de los ciudadanos subiría a favor de la aprobación (un 71%), varios de los ministros entrantes son partidarios a su rechazo (un 26%). 

Fotografía que muestra desde la izquierda, a los recién nombrados nuevos ministros de Defensa, Mario Desbordes; de Secretaria General de la Presidencia, Jaime Bellolio; y del Interior, Víctor Pérez, junto al ministro de Obras Públicas, Alfredo Moreno, y el presidente de Chile, Sebastián Piñera, durante un acto de Gobierno, en Santiago, Chile, el 28 de julio de 2020.
Fotografía que muestra desde la izquierda, a los recién nombrados nuevos ministros de Defensa, Mario Desbordes; de Secretaria General de la Presidencia, Jaime Bellolio; y del Interior, Víctor Pérez, junto al ministro de Obras Públicas, Alfredo Moreno, y el presidente de Chile, Sebastián Piñera, durante un acto de Gobierno, en Santiago, Chile, el 28 de julio de 2020. © Presidencia de Chile / EFE

"El escenario de aumentar la conflictividad, considerando que el contexto socioeconómico y sanitario hace que la gente aumente sus niveles de temor”, concreta Mella. La precarización socioeconómica podría instalar una narrativa de que la discusión constitucional es “superflua”, en relación a la gravedad de los problemas que enfrenta el país. Es decir, el argumento de que no es importante el cambio constitucional, sino que aún más importante es que los chilenos recuperen sus trabajos.

“Creo que la mayor parte del país considera que la situación económica, la desigualdad, la violencia estructural socioeconómica y la precarización del trabajo no nacieron con la pandemia, son el resultado de instituciones y reglas de juego que tienen más de 40 años y que son parte de la jaula de hierro que hay que romper. Creo que la mayor parte del país entiende que el cambio constitucional no es superfluo", indica Mella, que remata con que la polarización como estrategia podría fracasar.

La fecha clave para el Chile de Piñera: el plebiscito

A esa explicación se suma asimismo la académica del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile Claudia Heiss. Para ella, "el gobierno optó por la polarización", "lo que no ayuda justamente a lo que trata de hacer una nueva Constitución, que es una política más inclusiva".

La duda que se plantea Heiss es cuánto esfuerzo va a dedicar el Gobierno para el plebiscito de octubre funcione bien, con suficiente información y ánimo para que la gente acuda a votar: “El Gobierno tiene el deber de incentivar la participación en un acto electoral. Y es legítimo preguntarse hasta qué punto se va a comprometer con ese deber. Lo responsable sería hacer una campaña de participación de ambos lados, hacia el apruebo y hacia el rechazo".

En opinión de la académica, el Ejecutivo chileno, influenciado ahora por la UDI, no tendría interés en que este sea "un proceso exitoso". Cuando según Mella, resultaría una paradoja histórica que "las mayores reformas al modelo" y la transformación de la Constitución se produzcan bajo un mandato de la derecha. Especialmente de aquella derecha que se ha beneficiado más del marco constitucional, una derecha neoliberal y tecnocrática. 

Manifestantes protestan durante una nueva jornada de movilizaciones contra el Gobierno de Sebastián Piñera en Santiago, el 13 de marzo de 2020.
Manifestantes protestan durante una nueva jornada de movilizaciones contra el Gobierno de Sebastián Piñera en Santiago, el 13 de marzo de 2020. © Alberto Valdés / Reuters

En los próximos meses, tal vez acentuando aún más la distancia con la ciudadanía chilena, el mayor esfuerzo del Gobierno sea "defender este último bastión de la derecha que es la Constitución de 1980".

¿Un enfado ciudadano "irreversible"?

"Tengo la impresión de que ya se abrió una válvula que es irreversible", sentencia Silva, alegando que "la gente está rabiosa y molesta", en un momento en el que además la clase media se sintió desatendida por el Estado, "en el contexto de la crisis".

Para Claudia Heiss es justamente esta desatención del Gobierno la que ha generado su caída en las encuestas: "El manejo de la necesidad de protección de las familias fue liderado con una visión ideológica neoliberal, como si esto fuera el funcionamiento ordinario de la política económica", valora la académica, añadiendo que "toda la ayuda dependía del endeudamiento individual de las personas. Se aprobó un ingreso de emergencia muy pequeño que iba decreciendo en el tiempo y que era insuficiente".

Heiss se refiere a polémicos programas de cajas de alimentos, el hecho de "ofrecer a la gente que retirara anticipadamente sus fondos de cesantía", al igual que las AFP, que son los ahorros de las personas. "Hoy se está pagando políticamente los costos de una reacción tardía a las necesidades de la gente en la pandemia".

Sin embargo, sobre Piñera no sobrevuela una posible renuncia: "Eso es Chile. En cualquier otro país de América Latina, un presidente que tenga estos niveles de apoyo y estos niveles de fragmentación de la coalición en el parlamento se va", considera Mella, rematando que "hay ciertos dogmas que no se tocan. Como el respeto al mandato presidencial en un régimen hiperpresidencialista”.

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