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La crisis sanitaria y la pugna política dibujan una Bolivia camino "al desastre"

Familiares reaccionan al entierro de un pariente, en el cementerio de Mercedario, en medio del brote de coronavirus, en las afueras de El Alto, La Paz, Bolivia, el 21 de julio de 2020.
Familiares reaccionan al entierro de un pariente, en el cementerio de Mercedario, en medio del brote de coronavirus, en las afueras de El Alto, La Paz, Bolivia, el 21 de julio de 2020. © David Mercado / Reuters
9 min

Lo que ocurre en el país andino va más allá de una imagen de ataúdes en las calles. Parte de un deficiente sistema de salud y de una lucha de fuerzas políticas entre partidarios del expresidente Evo Morales y los que apoyan el gobierno interino de Jeanine Áñez. El resultado de ello es que, desde marzo, Bolivia no tiene suficientes camas, ni médicos que puedan reemplazar a otros contagiados, ni funerarias que puedan enterrar a los ya fallecidos. "Un escenario desolador" vaticinado por expertos.

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El aumento del número de contagiados y fallecidos por la pandemia en Bolivia ha rebasado la capacidad de hospitales y cementerios en varias ciudades. Un colapso, explicado por la débil estructura del sistema de salud y agravado por una fuerte confrontación política, que impide al oficialismo y a la oposición pactar estrategias contra la crisis sanitaria.

Oficialmente, el país, que ha ampliado su cuarentena para todo agosto, contabiliza cerca de 3.000 fallecidos y casi 77.000 infectados desde el 10 de marzo, cuando se descubrieron los primeros casos positivos en dos bolivianas procedentes de Italia.

Sin embargo, los expertos que trabajan con la pandemia en Bolivia calculan que al dato oficial de infectados habría que añadir al menos un 40% más de casos supuestamente no reportados o, incluso, multiplicar esa cifra por dos, para tener un panorama más realista de la crisis.

Las cifras crecieron bruscamente a partir del 1 de junio, cuando el país andino entró en la cuarentena "dinámica" para la reanudación de varias actividades económicas, aunque con restricciones de movilización.

Hasta esa fecha, el Ministerio de Salud boliviano había reportado la cifra acumulada de 343 muertos y 10.531 casos. En contraste, en la última semana de julio se registraron casi 400 muertos y 7.000 contagiados.

Se está cumpliendo el escenario vaticinado por los médicos

El presidente de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, Adrián Ávila, ha sido uno de los expertos que viene haciendo advertencias desde marzo pasado sobre la gravedad de las limitaciones estructurales del sistema de salud para enfrentar la pandemia y que después de varios meses advierte que "casi nada ha cambiado".

Para ilustrarlo de acuerdo con Ávila, Bolivia contaba en marzo con 490 camas de terapia intensiva, menos de las 1.600 recomendadas para una población de 11,6 millones de habitantes. Después de casi cinco meses, las nación solo ha logrado aumentar su capacidad de camas en UCI a 520.

Un trabajador de la salud dentro de una cabina protectora para tomar una muestra de un colega, para una prueba de coronavirus, en el Hospital de Clínicas, en La Paz, Bolivia, el 31 de julio de 2020.
Un trabajador de la salud dentro de una cabina protectora para tomar una muestra de un colega, para una prueba de coronavirus, en el Hospital de Clínicas, en La Paz, Bolivia, el 31 de julio de 2020. © David Mercado / Reuters

En declaraciones a France 24, el médico lamentó que los casos se hayan disparado y el país se encamine a un "desastre" al no estar preparado.

"Vaticinamos un escenario desolador y se está cumpliendo", dijo a este medio Ávila, quien, pese a ser representante de los médicos, ha tenido problemas para ser tratado de su propio contagio debido al colapso de los hospitales.

El intento de mejorar el equipamiento de terapia intensiva, clave para los enfermos graves de coronavirus, quedó en el limbo cuando en mayo se denunció la supuesta corrupción por sobreprecios en la compra de 500 respiradores artificiales a una empresa española. Por el caso, que aún se investiga, el exministro de Salud Marcelo Navajas estuvo en prisión preventiva y pasó luego a detención domiciliaria.

Ante el escándalo, la imagen del gobierno transitorio de Jeanine Áñez sufrió un fuerte golpe, aún cuando esta ha asegurado que se castigará a los responsables, "caiga quien caiga". Si bien, intentó minimizar el daño económico sufrido.

Tras superar su contagio de Covid-19, Jeanine Áñez ha retomado sus actividades de entrega de equipos a hospitales y ha afirmado que en los últimos tres meses se hizo más por la salud "de lo que hizo en décadas", en alusión a la gestión del expresidente Evo Morales (2006-2019) y de sus otros predecesores.

Un trabajador de la salud rocía desinfectante cerca de varios cuerpos, que los agentes de la Fuerza Especial contra el Crimen transportaron al Hospital de Clínicas, en La Paz, Bolivia, el 27 de julio de 2020.
Un trabajador de la salud rocía desinfectante cerca de varios cuerpos, que los agentes de la Fuerza Especial contra el Crimen transportaron al Hospital de Clínicas, en La Paz, Bolivia, el 27 de julio de 2020. © David Mercado / Reuters

El colapso también se da en las funerarias y los cementerios

No obstante, son habituales las protestas de los dirigentes de médicos y enfermeras que reclaman al Gobierno más personal para reemplazar al equipo sanitario contagiado, con contratos, mejores salarios, equipos de seguridad, medicinas e incluso oxígeno para atender a los enfermos.

También son dramáticos los reportes de la Policía sobre el levantamiento de decenas de cuerpos en las calles, domicilios y vehículos del país. Solo el viernes 31 de julio, la Policía boliviana levantó los cadáveres de 69 personas, de los que 26 correspondían a La Paz, sede del gobierno.

De igual forma, fue sobrecogedor el reciente caso de un entierro en una fosa común de decenas de cadáveres en la ciudad de Oruro, así como la protesta de muchas familias en Cochabamba que usaron ataúdes de sus fallecidos por coronavirus, para bloquear las calles reclamando que sean recogidos de sus casas.

Muchas familias deben esperar varios días para que las funerarias retiren los cadáveres de sus hogares, al estar rebasados cementerios y crematorios.

Un hombre se encuentra junto al ataúd de su pariente en el cementerio de Mercedario, en medio del brote de coronavirus, en El Alto, a las afueras de La Paz, Bolivia, el 21 de julio de 2020.
Un hombre se encuentra junto al ataúd de su pariente en el cementerio de Mercedario, en medio del brote de coronavirus, en El Alto, a las afueras de La Paz, Bolivia, el 21 de julio de 2020. © David Mercado / Reuters

Según el comité científico que asesora al Gobierno sobre la pandemia, las previsiones indican que el pico de infecciones llegará en septiembre u octubre, para cuando se esperan probablemente 200.000 casos. Ese pronóstico fue considerado por el Tribunal Supremo Electoral para tomar la decisión de aplazar nuevamente la celebración de las elecciones generales del 6 de septiembre al 18 de octubre.

Los comicios están pendientes de celebración desde el 3 de mayo, que era la primera fecha elegida para ir a la votación, tras la anulación de los resultados de octubre del 2019 debido a las denuncias de fraude.

El pulso político complica aún más la gestión de la pandemia

Esa decisión ha agravado la disputa política entre Áñez y el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, que controla el Parlamento, lo cual también está complicando la gestión de la crisis porque ambos bandos no pueden concertar las estrategias de salud para afrontarla.

Las discrepancias incluyen el monto de un nuevo bono para la población más pobre y la forma de financiarlo, así como la posibilidad de que el Estado boliviano se haga cargo de pagar a clínicas privadas la atención de los enfermos afiliados en el sistema estatal de salud. Incluso hay una polémica por la aprobación en el Parlamento del uso del dióxido de cloro como supuesto tratamiento contra el coronavirus, algo rechazado por el Ejecutivo, en sintonía con organismos internacionales de salud.

La ciudadanía se manifiesta durante una marcha organizada por la COB, el Centro de Trabajadores de Bolivia, para exigir elecciones anticipadas, en El Alto, La Paz, Bolivia, el 28 de julio de 2020.
La ciudadanía se manifiesta durante una marcha organizada por la COB, el Centro de Trabajadores de Bolivia, para exigir elecciones anticipadas, en El Alto, La Paz, Bolivia, el 28 de julio de 2020. © Manuel Claure / Reuters

Además, el Gobierno presentó otra demanda penal contra Morales al acusarlo de atentar contra la salud pública por la realización de una marcha en la ciudad de El Alto en contra de la postergación de las elecciones. Las autoridades afirmaron que la protesta fue promovida por el expresidente y la tildaron de "marcha por la muerte" porque en ella se encontraban infectados por el virus, por lo que se teme que este se haya podido propagar de forma masiva.

Desde su asilo en Argentina, Evo Morales replicó en Twitter que, si "el gobierno de facto hubiese conseguido un respirador por cada juicio presentado en contra de dirigentes sociales y políticos, seguro que se habría podido afrontar mejor la pandemia".

La pelea se enmarca en la carrera electoral, ya que Áñez tercia por la preferencia contra el candidato del MAS, Luis Arce, y el expresidente Carlos Mesa (2003-2005), un tema que será resuelto el 18 de octubre.

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