El cuentacuentos que rompe el aburrimiento por el confinamiento en México

Percibal García, el cuentacuentos de la pandemia en territorio mexicano.
Percibal García, el cuentacuentos de la pandemia en territorio mexicano. © France 24

Los niños del barrio de Tlatelolco, en la Ciudad de México, tienen un punto de fuga cada tercer día que les permite olvidar el hastío del confinamiento por la pandemia. Percibal García, un joven arquitecto interesado en construir comunidad y reapropiarse de los espacios públicos, les lleva por las tardes un cuento y lo narra con un altavoz. Los pequeños escuchan atentos desde sus ventanas y participan así en este proyecto altruista. 

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Unos tras otros, comienzan a aparecer niños de distintas edades detrás de las ventanas de sus departamentos. Algunos las abren de par en par y otros apenas una rendija. Todos tienen dos cosas en común: la primera, no deben salir a jugar y a compartir, pues la ola de contagios de Covid-19 es imparable. La segunda, se dan cita para escuchar a un personaje que cada tercer día les lleva un poco de entretenimiento, Percibal García, el cuentacuentos de la pandemia.

Es miércoles, una tarde cualquiera de contingencia sanitaria en la Unidad Habitacional Tlatelolco, en el histórico barrio del mismo nombre, en el centro de la Ciudad de México, el que fue testigo de la masacre de estudiantes en 1968 y el que padeció el azote del sismo de 1985.

Un pequeño se asoma por la ventana y saluda agitando su brazo “¡Hola, hola!”, dice emocionado.

“¡Hola pequeños!, ¿cómo están?”, responde Percibal tras haber dejado correr la playlist con música de Cri-Cri, el preludio de la narración de esta tarde. “El cuento del día de hoy se llama ‘Los casi bandidos que casi se roban el Sol’”, anuncia.

Percibal García, el cuentacuentos de la pandemia, en una de sus jornadas en Ciudad de México, México.
Percibal García, el cuentacuentos de la pandemia, en una de sus jornadas en Ciudad de México, México. © France 24

Para los niños, el confinamiento ha sido muy complicado, “están estresados, fastidiados de estar en casa, ya no saben ni qué hacer y creo que vamos por mucho tiempo más”, lamenta Fátima María, madre de Valeria, de 8 años.

Por ello, cada vez que escuchan la música, los menores saltan de emoción por la narración de Percibal, quien en esta ocasión explica cómo los casi bandidos planean estrategias para robarse el Sol. “¡Ya sé –pensó Plutonio de repente–, lo atraparemos dormido! ¡Ya sé –pensó Plutarco–, de noche! ¡Ya sé –dijo Plumero–, en su casa!...”.

El proyecto de este juglar moderno nació de manera fortuita, en una de las tantas tardes de confinamiento.

“Uno de estos días, estando mi mamá y yo aquí en Tlatelolco, escuchamos cómo sale un niño de su ventana y de manera desesperada grita que está aburrido… ‘¡Estoy aburridooo!’ Imagínate lo que tuvo que haber sentido para de verdad abrir la ventana y gritar. Entonces ahí hubo un click, ¿no?”, cuenta García. 

Como arquitecto, Percibal se enfoca en la producción social del hábitat, por lo que, más allá de contribuir al entretenimiento de los niños, su intención es contrarrestar el aislamiento cibernético y, a la vez, impulsar una reapropiación social de los espacios públicos

“El proyecto se llama ‘De la casa a la Plaza’, porque al final pretende ser un acto de resistencia y un llamado de atención al proceso tan agresivo y rápido que estamos viviendo de digitalización. Si te fijas, en tres meses la vida se volvió digital casi por completo. Trabajo, escuela, compras, fiestas… todo es a través de una pantalla (...)  Este proyecto es un llamado de atención para entender que los espacios los construimos no solo con materiales físicos, sino también con materiales intangibles, a través de nuestras relaciones, de la convivencia vecinal. Y donde realmente hacemos comunidad pues es aquí en la plaza, donde nos vemos como vecinos”, comenta el joven.

Percibal García, el cuentacuentos de la pandemia.
Percibal García, el cuentacuentos de la pandemia. © France 24

Se trata de un ejercicio altruista poco usual, de esos a los que la gente no está acostumbrada. Cuando un pequeño intenta darle propina, Percibal le explica que lo hace por gusto y no por dinero, y lo invita a obsequiarle mejor una manzana o unos refrescos.

Aunque esta explicación no la entienden todos. Una bebé, que apenas camina bien, se acerca y le obsequia un billete. Al ser tan pequeña, no se atreve a rechazarlo.

“Y colorín colorado, este cuento ha terminado…”, remata Percibal al finalizar la narración. De inmediato la pequeña Valeria se acerca a regalarle unos refrescos y aprovecha para pedirle que la próxima vez narre la historia de ‘La Sirenita’.

Percibal buscará seguir con su proyecto, aún después de la pandemia.

“Es un acto de cariño y cuidado de mi comunidad y, al no recibir una gratificación monetaria, lo que produce es que la misma comunidad quiera cuidarnos”, concluye con la sonrisa que lo acompaña en sus jornadas de cuento. 

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