El abuso sexual en la infancia, una marca para toda la vida

Expertos señalan que el abuso sexual en la infancia deja secuelas  para toda la vida.
Expertos señalan que el abuso sexual en la infancia deja secuelas para toda la vida. © Loic Venance / AFP

Adultos que fueron abusados cuando niños narran cómo este hecho afectó para siempre sus relaciones sociales, les generó miedos que, pese al paso del tiempo, no se van, y una profunda preocupación de que sus hijos puedan vivir lo mismo. 

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Juana* tiene pensamientos suicidas con frecuencia. Y los ha tenido por 50 años, los 50 años que siguieron a su violación cuando era una niña de tres. Un extraño la robó de un bosque, la golpeó y abusó sexualmente de ella.

Hay momentos en los que no soporta ese dolor tan grande y, por eso, piensa si quitarse la vida es la única forma de detenerlo para siempre, si solo así puede huir del vacío que la acompaña.

Nunca ha intentado matarse, pero a veces se descubre a sí misma pensando si será que se puede morir mejor tomando veneno o colgándose. Las ideas pasan rápido, se van y ella sigue con su vida de esposa, madre de tres hijos e hija de una madre que no la cuidó mientras estaba en el bosque.

A causa de esto, la relación entre ambas ha sido siempre tensa, difícil. La madre ha sido dura y agresiva con su hija y, según el psiquiatra que trata a la hija desde hace tres años, es porque la mamá se siente culpable. Durante muchos años, Juana le dijo que tranquila, que no sufriera, que no había sido culpa su culpa, que todo estaba bien. Pero hace un mes, cuando ya no soportaba más la agresividad de su progenitora, se lo dijo. “No más, usted acabó con mi vida y esto me ha costado sangre. Tengo ganas de suicidarme”.

El abuso sexual en la infancia lastima la confianza en los demás

La psiquiatra Ana Millán explica que un abuso sexual en la infancia marca la vida para siempre, porque la función fundamental de la familia es mostrarle al niño que el mundo es un lugar seguro, pero cuando ocurre un abuso, esa seguridad en las otras personas se ve lastimada.

Además, los eventos traumáticos en la infancia marcan la personalidad y las conductas del adulto, porque es en este periodo cuando se forma la manera de ser del individuo.

Juana, por ejemplo, no solo ha tenido dificultades con su madre. La relación de más de 25 años con su esposo también ha pasado por momentos difíciles. Ella ha sido verbalmente agresiva con él. Desde que va al psiquiatra, desde hace tres años, cuando por primera vez el tema se destapó del todo en su casa materna, esta agresividad ha bajado. “Con terapia, el matrimonio va mejor”. Él supo desde el noviazgo que su futura esposa había sido violada, pero ninguno sabía hasta qué punto afectaría sus vidas.

Jorge*, un hombre que hoy tiene más de 30 años y que, entre sus 13 y 19 años sufrió abusos de un sacerdote, tiene una muy buena relación con su esposa, a quien conoció un año antes de cumplir 20, pero necesita dormir dejando un gran espacio entre los dos, porque no soporta que lo abracen dormido o de sorpresa. Su abusador lo abrazaba a la fuerza y lo presionaba para darle besos en la boca y en el cuello.

Ahora que es adulto, sus hijos y su esposa antes de abrazarlo le piden permiso porque, de lo contrario, reacciona agresivamente.

Al igual que Juana, el abuso lo marcó para siempre. Desde hace muchos años, cuando buscó ayuda psicológica, toma una pastilla para poder dormir. Si no lo hace, no logra conciliar el sueño y a su mente llegan imágenes de lo que vivió cuando era niño. Dice que siempre queda una tristeza en el alma.

Ahora trabaja por su cuenta, pero cuando era más joven lo hacía en una oficina y el control y permanecer en un mismo lugar eran muy difícil para él, porque cuando aquel hombre abusaba de él, lo encerraba.

Tiene tres hijos y los dos mayores saben lo que le sucedió y él les advierte que deben cuidarse, que los abusadores saben lo que hacen y cómo llegarles a los niños y a los jóvenes. A él, por ejemplo, que creció sin su padre, el sacerdote de la parroquia de la que era acólito le hizo creer que la relación era normal, que todos los padres se comportaban así con sus hijos.

Juana también tiene tres hijos y cuando eran niños nunca los dejó solos en ningún lado.

Las relaciones con los demás pueden ser complicadas

Jorge no tiene amigos. Le cuestan trabajo las relaciones con hombres, siente que siempre termina acabando con la amistad porque no confía del todo. Solo mantiene relaciones con familiares.

En general, a Juana no le gusta estar con gente. Ama la naturaleza, en el campo siente que toda su vida se equilibra, de la misma forma en la que se sintió tranquila cuando la cambiaron de un colegio mixto a uno solo de niñas porque no quería estar con hombres, o cuando en la universidad, mientras ella y sus compañeros hicieron prácticas en otra ciudad, ella todas las noches se acostó temprano en su cuarto y no quiso compartir con ellos en las noches.

La adolescencia también fue dificil con los muchachos. A ella le sudaban las manos y temblaba cuando se le acercaban.

Y la relación con ella misma tampoco ha sido fácil. Como su madre siempre les decía que las mujeres que tenían relaciones sexuales con hombres antes de casarse eran prostitutas, ella creía ser una de ellas o una mujer que no merecía nada en el mundo.

Mónica Mejía Giraldo, psicóloga clínica especialista en niños y adolescentes, sostiene que, en general, los niños perciben a los adultos como personas que se comportan bien, así que su razonamiento muchas veces es: “si por definición el adulto es quien hace las cosas bien, quien debe haber hecho las cosas mal soy yo”. Esto genera sentimientos de culpa y deteriora el concepto que tiene de sí mismo.

Explica que un niño necesita tener ese adecuado concepto, crear vínculos sanos y sentirse en un ambiente seguro y protector, y la experiencia de abuso sexual influye negativamente sobre estos tres aspectos, lo cual genera ideas distorsionadas sobre sí mismo, los demás y el mundo. Estas ideas serán el filtro con el cual se enfrente a las diferentes cosas en su vida, en consecuencia, impactarán las distintas dimensiones de esta.

Hablar del abuso es fundamental para salir adelante

Juana dice que toda su vida se ha afectado por cuenta del abuso. Que tan solo ahora, después de 50 años de haber sido violada, comenzó a recibir apoyo psiquiátrico, porque durante todos los años anteriores el abuso se mantuvo en secreto en su familia y ella jamás habló con nadie de su violación, solo con su esposo.

Cuando estaba en el colegio, sus padres la llevaron a un psiquiatra, pero ella no le hablaba en las sesiones porque temía que le sacaran información sobre su pasado.

Millán explica que un abuso sexual en la infancia es dificil de superar y que, entre más pequeño sea el niño, más secuelas deja. Las expertas sostienen que quien ha sido victima de abuso sexual durante la infancia necesita aduya psicológica o psiquiátrica pasa resignificar los hechos y salir adelante.

Juana cuenta que, desde que está en terapia, siente que se ha recuperado y dice estar dispuesta a poner todo de su parte para salir adelante, porque quiere acabar de una vez por todas con ese dolor que lleva por dentro.

Jorge, por su parte, desde que reveló su historia en los medios de comunicación y denunció ante la Fiscalía al sacerdote, siente que se ha quitado un peso de encima que ha cargado por muchos años y que lo más importante en casos como el suyo es hablar. “Hablar y hablar es importante, porque esto no puede seguir pasando, tenemos que denunciar. Eso les digo a quienes han pasado por lo mismo que yo”.

*Nombres cambiados por petición de las fuentes

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