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La trágica muerte de Eleazar Blandón, un temporero explotado en España

Eleazar Benjamín Blandón trabajando como temporero en una foto que envió a su hermana.
Eleazar Benjamín Blandón trabajando como temporero en una foto que envió a su hermana. © Archivo particular
Texto por: RFI Seguir
3 min

Eleazar Blandón se marchó de Nicaragua en octubre pasado huyendo del régimen de Daniel Ortega, buscando un futuro mejor para su pareja y sus cinco hijos. Dejó atrás un pasado incómodo para encontrar en España un futuro trágico tras morir abandonado en un centro de salud como consecuencia de una insolación al trabajar a pleno sol como recolector. 

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Eleazar Blandón murió el pasado sábado 1 de agosto de un golpe de calor tras ser abandonado en un hospital de Murcia, en España. En la plantación de sandías donde trabajaba se superaron ese día los 44 grados. 

El fallecimiento de Eleazar Blandón destapa las vergüenzas a las que habitualmente se ven sometidos los jornaleros que trabajan recolectando frutas y verduras en la huerta española, donde las temperaturas superan los 40 grados en esta época del año.

Eleazar se desplomó en plena faena de recolección, pero su patrón no llamó al servicio de ambulancias, que es gratuito, y esperó a que sus compañeros concluyesen la jornada laboral para ser trasladado en la furgoneta que habitualmente utilizan los trabajadores de regreso a casa.

Blandón, de 42 años, llegó a Bilbao en octubre del año pasado dejando en Nicaragua a su esposa embarazada de cinco meses y a sus cuatro hijos. La familia está espantada ante la versión de los hechos que han ido recopilando gracias a los testimonios de personas cercanas a Blandón. 

La víctima no tenía papeles. Buscaba en España una vida mejor para su familia, pero emigró para salvar la suya y la de sus hijos. Se había involucrado en las manifestaciones contra el régimen de Daniel Ortega y empezó a recibir amenazas.

Mientras los políticos españoles comienzan a remover sus conciencias merced al drama de la explotación laboral que significó la muerte de este jornalero en los campos de Murcia, el negocio de los temporeros continúa.

Como lo intentó Eleazar, otro día más, decenas de inmigrantes vuelven a reunirse en las plazas de los pueblos esperando a ser llamados para buscar una oportunidad a la que agarrase y así salir de la miseria.

 

Este artículo fue originalmente publicado en RFI

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