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Se cumplen 75 años del bombardeo de Nagasaki, la última detonación nuclear sobre una población

En esta imagen de archivo se observa el hongo atómico de humo generado por la bomba detonada sobre la ciudad japonesa de Nagasaki el 9 de agosto de 1945.
En esta imagen de archivo se observa el hongo atómico de humo generado por la bomba detonada sobre la ciudad japonesa de Nagasaki el 9 de agosto de 1945. © AP
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Esta ciudad portuaria recibió el 9 de agosto de 1945 el impacto del dispositivo nuclear Fat Man, compuesto de plutonio y mucho más potente que la bomba de Hiroshima, que cobró la vida de más de 40.000 personas. 

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El 9 de agosto de 1945, Estados Unidos asestó su último golpe contra Japón en la víspera del final de la Segunda Guerra Mundial. El lanzamiento de la bomba atómica de Nagasaki supuso la detonación de un segundo dispositivo nuclear en apenas tres días, después de que el 6 de agosto fuera atacada la ciudad de Hiroshima.

Nagasaki sigue siendo la segunda y última población atacada con un arma nuclear en la historia de la humanidad, aunque las consecuencias de este devastador hecho se continúan sintiendo en esta ciudad tres cuartos de siglo después. Y sus habitantes, en especial los sobrevivientes, no quieren olvidar.

Esta ciudad no era un objetivo prioritario para el Ejército estadounidense, aunque había sido un importante puerto de carga en el sur de Japón, no tenía la importancia industrial que tenía Hiroshima, ni tampoco tenía tantos habitantes. En 1945, Nagasaki era una urbe con un aspecto rural y atrasado, en comparación con otras comunidades, y se convirtió en un blanco militar solo por descarte.

Tres días después del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima, el gobierno japonés seguía sin aceptar la rendición ante Estados Unidos, el emperador Hirohito planteaba una serie de condiciones que los aliados no estaban dispuestos a aprobar como, por ejemplo, dejar que Japón se encargara de las condenas por crímenes de guerra o evitar la invasión de tropas aliadas.

Estados Unidos planteó entonces el lanzamiento de otra bomba, estaba formada por plutonio y no por uranio, como la primera. Fat Man tenía un sistema mucho más complejo que Little Boy y se cargó con seis kilos de plutonio que fueron capaces de liberar una energía equivalente a 21.000 toneladas de TNT, cifra superior a las 15.000 toneladas de la otra bomba.

Imagen del 14 de septiembre de 1945, cuando más de un mes después de la explosión se podía observar todavía la destrucción total de la ciudad.
Imagen del 14 de septiembre de 1945, cuando más de un mes después de la explosión se podía observar todavía la destrucción total de la ciudad. © AP

Ese día, todo estaba previsto para que el explosivo cayera sobre la ciudad portuaria de Kokura, un centro industrial muy importante, como también lo era Hiroshima, y con una orografía plana que facilitaría la expansión de la onda provocada por la bomba. Pero hubo inconvenientes climatológicos y, tras varias inspecciones, se determinó que era imposible lanzar la carga porque no había visibilidad.

Fue entonces, con el combustible de la aeronave Bockstar al límite, cuando se optó por Nagasaki, una ciudad de tamaño medio que apenas había recibido bombardeos. La explosión se produjo a 500 metros sobre el suelo y mató al instante a unas 40.000 personas, una cifra inferior a la de Hiroshima, debido a que la ciudad se extiende por varios valles y las montañas protegieron a más del 50% de la ciudad.

A las 11 de la mañana, la ciudad se convirtió en un infierno en apenas segundos y miles de sus habitantes sucumbieron ante la radiación y las quemaduras provocadas por semejante detonación. Este nivel de destrucción forzó a Japón a plantear su rendición incondicional después de años de guerra. El 2 de septiembre, firmó su capitulación a bordo del USS Missouri.

¿Por qué detonó Estados Unidos estas bombas?

Tras la rendición de la Alemania Nazi, en mayo de 1945, la Segunda Guerra Mundial se mantuvo debido a que Japón estaba muy lejos de rendirse. Este país no tenía ninguna posibilidad de ganar la contienda, pero su rendición iba a ser muy costosa debido a la convicción de su Ejército para no capitular. 

Los aliados, teniendo a la cabeza a Estados Unidos, tenían un plan de conquista de las islas japonesas, el llamado Plan Downfall. Se tenía prevista la intervención de hasta un millón de soldados estadounidenses en un desembarco que se convertiría en el mayor de la historia, superando al de Normandía. Pero los costos eran elevados ya que se calculaban 250.000 fallecimientos y, por lo menos, otros dos años de guerra.

Imagen aérea del 4 de septiembre de 1945, en la que se aprecia la destrucción total de Nagasaki, un mes después de la detonación.
Imagen aérea del 4 de septiembre de 1945, en la que se aprecia la destrucción total de Nagasaki, un mes después de la detonación. © AP

A esto hay que sumar que, entre las tropas estadounidenses, había un autentico terror a los ataques suicidas de los japoneses, los llamados kamikazes. Se creía que, si estos atentados habían sido devastadores en el Pacífico, serían peores en territorio japonés.

Además, la entrada de la Unión Soviética en la guerra, un día antes de la detonación de Nagasaki, hacía presagiar a las fuerzas estadounidenses que la URSS querría reclamar su parte del botín. De hecho, horas antes de la explosión, las fuerzas rusas ya habían comenzado la invasión de Manchuria, región china dominada por los japoneses.

Es por ello que, en cuanto se tuvo lista esta nueva arma en julio de 1945, se usó. Y se tenía previsto utilizar en más ocasiones hasta facilitar la invasión con un menor costo. La tercera bomba estaba prevista para ser lanzada en la tercera semana de agosto. Y durante septiembre y octubre también se planificó detonar tres bombas al mes. Pero la rendición llegó antes.

La condena a las armas nucleares

Setenta y cinco años después de la bomba de Nagasaki, los homenajes a las víctimas giraron en torno a una idea: la abolición total de las armas nucleares. Ante la zona cero de la explosión, los últimos sobrevivientes recordaron las consecuencias que genera sobre la humanidad el uso de este tipo de armas.

Estas personas, conocidas localmente como hibakusha, han sufrido las secuelas indirectas de la explosión, entre las que se encuentran todo tipo de cáncer, caídas de pelo, leucemia o quemaduras, además de la discriminación por sus deformaciones en el cuerpo y la creencia local de que traían enfermedades.  

En la declaración leída en la ceremonia oficial en memoria de las víctimas, el alcalde de Nagasaki, Tomihisa Taue, pidió a los países que participaran en la próxima conferencia para la revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) "que muestren un camino factible hacia el desarme nuclear efectivo".

Una persona reza en el monumento de homenaje a las víctimas situada en el epicentro de la explosión de Nagasaki. El 9 de agosto de 2020.
Una persona reza en el monumento de homenaje a las víctimas situada en el epicentro de la explosión de Nagasaki. El 9 de agosto de 2020. © Kyodo News vía AP

Taue recordó que 2020 marca medio siglo desde la entrada en vigor de este tratado, pero que "en los últimos años han aumentado los movimientos de los estados poseedores de armas nucleares para retractarse de la promesa de desarme nuclear".

Como ya hiciera su homólogo en Hirsohima hace tres días, en el aniversario del primer ataque nuclear de la historia, Taue hizo un llamado al gobierno japonés y a las potencias nucleares para que firmen cuanto antes el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, a la espera de 50 ratificaciones (lleva 43) para su entrada en vigor.

Ni siquiera Japón es parte de este tratado. El propio primer ministro, Shinzo Abe, lo catalogó de “poco realista” porque ninguna de las potencias nucleares se ha unido a la firma. "El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares fue adoptado sin tener en cuenta la realidad del duro entorno de seguridad nacional", dijo Abe en una conferencia de prensa.

Abe sigue en su posición de negativa ante la firma porque, según el primer ministro, “el objetivo de Japón no es tomar partido, sino servir de puente de diálogo entre los países nucleares y los no nucleares”.

En los últimos años se ha visto cómo se ha dado marcha atrás en algunos acuerdos alcanzados durante para no fomentar la proliferación de dispositivos nucleares. En octubre de 2018, Donald Trump anunció la salida de Estados Unidos del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio por incumplimientos de Rusia. El 1 de febrero de 2019, el mismo país suspendió formalmente este tratado y Rusia lo hizo al día siguiente.

Con EFE, AP y medios locales

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