La Iglesia católica en Nicaragua, bajo asedio

Un sacerdote y una monja rezan frente a una imagen de la 'Sangre de Cristo' después de que fuera destruida por un incendio en la Catedral Metropolitana de Managua, Nicaragua, el 31 de julio de 2020.
Un sacerdote y una monja rezan frente a una imagen de la 'Sangre de Cristo' después de que fuera destruida por un incendio en la Catedral Metropolitana de Managua, Nicaragua, el 31 de julio de 2020. © Oswaldo Rivas / Reuters

Al menos ocho ataques contra templos católicos en los últimos días alertan sobre el aumento de la polarización política que vive Nicaragua tras la crisis social originada en 2018. Mientras la Iglesia católica ha sido categórica en denunciar que el incendio del 31 de julio en la Catedral de Managua fue un “atentado terrorista”, la Policía cerró el caso.

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Según trabajadores de la Catedral Metropolitana de Managua y otros testigos, ese día un encapuchado entró a la capilla central y lanzó un líquido que ocasionó un incendio, reduciendo a cenizas la venerada imagen de la ‘Sangre de Cristo’, cuyo valor religioso data de más de 380 años de antigüedad. El hecho generó innumerables reacciones debido a que, días antes, varios templos católicos del país habían denunciado una serie de acciones como robos, profanaciones y agresiones a sus instalaciones. 

“Es un acto verdaderamente condenable y quiero decir claramente que fue un acto planificado, planificado con mucha calma por la persona que lo hizo”, declaró entonces el cardenal de Nicaragua Leopoldo Brenes.

La Policía descartó esta denuncia y explicó días después que el incendio ocurrió de forma accidental, cuando la vaporización del alcohol que estaba en un pequeño atomizador de plástico se mezcló con el aire y una veladora encendida, una versión que ha causado varias críticas a la institución policial.

Monseñor Carlos Avilés, Vicario de la Arquidiócesis de Managua, explicó a France 24 que las acciones contra la iglesia buscan amedrentarlos por dar su apoyo a los opositores. “Eso ha causado una gran represión de parte del Gobierno que no le ha gustado que la iglesia esté siempre apoyando la Justicia, la verdad y la justa demanda del pueblo frente a corrupción, a falta de la institucionalidad que presenta el Gobierno y frente a los abusos de derechos humanos”, dijo Avilés.

No es la primera vez que la iglesia se involucra en escenarios conflictivos del país. Incluso, analistas explican que existe “una tradición de participación política en coyunturas críticas” como durante la dictadura de la familia Somoza, la guerra civil entre Contras y Sandinistas en los ochenta y su posterior transición democrática, así como el estallido social de 2018 que los ha puesto en el blanco de agresiones de nuevo.  

Archivo: Un estudiante enmascarado protesta contra el Gobierno del presidente nicaragüense Daniel Ortega en la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua, el 22 de noviembre de 2019.
Archivo: Un estudiante enmascarado protesta contra el Gobierno del presidente nicaragüense Daniel Ortega en la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua, el 22 de noviembre de 2019. Oswaldo Rivas / Reuters

Los ataques son "parte de la factura que la iglesia tiene por su involucramiento en las protestas"

El sociólogo e investigador Sergio Cabrales ha documentado los recientes ataques y confirma que “se observan patrones de un asedio muy significativo contra la Iglesia”. Además, advierte que fanáticos pro-gobierno “han vuelto a traer aquel discurso de que la iglesia está involucrada en un golpe de Estado” y según él, esto “es parte de la factura que la iglesia tiene aún cargada por su involucramiento en la oleada de protestas de 2018”.

Cabrales compartió con France 24 los hallazgos de su investigación denominada 'La Iglesia Católica y la ola de protestas de 2018 en Nicaragua', publicada recientemente por la Universidad de Pittsburgh, donde identifica tres fases de la participación de la Iglesia durante la crisis que inició en 2018 y que la etiquetó como movilizadora, partera del movimiento y resiliente. 

Según él, tras la oleada de protestas a mediados de abril 2018 por unas controversiales reformas impulsadas por el Gobierno de Daniel Ortega a la seguridad social y el fisco, “como era de esperarse, líderes católicos, activaron desde la primera noche sus recursos, legitimidad, e infraestructuras para intervenir en la coyuntura crítica”. Cabrales añade que en estas protestas antigubernamentales “líderes católicos apoyaron y protegieron a manifestantes, mediaron en conflictos, e incluso, convocaron a procesiones que se convirtieron en masivas marchas”, convirtiéndose en una parte “movilizadora” del naciente reclamo social. 

Los religiosos pasaron de mediadores a "víctimas de la represión"

La Iglesia católica, una de las instituciones más creíbles del país, fue convocada por el presidente Daniel Ortega para mediar en la situación y encontrar una salida pacífica en medio del caos. Al aceptar, según el sociólogo, la institución religiosa se convierte en “partera del movimiento” porque desde su criterio elige a los liderazgos que debían sentarse cara a cara con Ortega para externar los reclamos. “Al escoger esos rostros prácticamente le está dando una cara a ese movimiento que entonces carecía de liderazgo”, dice. 

Pero la tercera fase, de “iglesia resiliente”, sucedió casi de inmediato cuando aún participaban como mediadores del diálogo y “la iglesia toma partido con las víctimas por su misma coherencia institucional, hace una ruptura con la legitimidad que podía tener con el Gobierno y pasaron a ser víctimas de la represión”, explica.

“Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan con los golpistas”, declaraba el presidente Daniel Ortega a una multitud el 19 de julio de 2018 en referencia a los obispos de la Conferencia Episcopal que días antes le habían presentado una ruta para la democratización del país y que recogía las principales demandas de los opositores.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, hicen un gesto a la multitud durante la inauguración del paso elevado de Nejapa en Managua, Nicaragua, el 21 de marzo de 2019.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, hicen un gesto a la multitud durante la inauguración del paso elevado de Nejapa en Managua, Nicaragua, el 21 de marzo de 2019. Maynor Valenzuela / AFP

Con su respuesta y amenazas al clero, Ortega enterraba la esperanza que varios sectores le tenían al Diálogo Nacional.  

Dos años después y en medio de la emergencia sanitaria generada por la pandemia del Covid-19, el discurso ha vuelto a tomar forma entre las bases sandinistas y tras el incendio de la Catedral de Managua varias personalidades pro-gobierno han acusado a la iglesia de continuar con un “plan golpista”.

Este 6 de agosto pasado, el periodista oficialista William Grisby acusó a la madre del cardenal Leopoldo Brenes de intentar envenenar a unos sandinistas que se protegían en una iglesia de la antigua dictadura en 1979. “Les digo esto para que vean que los vínculos de la jerarquía católica con el somocismo no son de ahora”, añadió Grisby en su programa radial. 

Pablo Cuevas, funcionario de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) advierte que “cuando hay amenazas de este tipo se materializan en hechos” y que hasta ahora, “no hemos escuchado a las autoridades llamando a sus fanáticos a parar la agresión y los llamados de violencia en contra de la iglesia”. 

Monseñor Carlos Avilés sostiene que hay un "plan orquestado" contra la iglesia 

Las represalias contra la iglesia parecen no detenerse e inclusive han llegado a Cáritas, una organización sin fines de lucro manejada por la iglesia que ha denunciado problemas en aduanas para el desembarco de productos. Según Monseñor Carlos Avilés, “no pueden introducir nada al país”, al punto que para lograr desaduanar el vino que usan en la eucaristía ha tenido que pedir la intervención del Nuncio Apostólico. “Así es el nivel de represión que hay desde hace dos años y desde hace dos meses se ha incrementado y lo vemos que es un plan orquestado para debilitar y amedrentar la voz que somos nosotros”, dice Avilés. 

El Vaticano ha pedido una investigación profunda de los hechos y varios sectores de la sociedad han mostrado su respaldo al clero, aunque según Cabrales para los próximos meses “es posible que se den situaciones de mucha vulnerabilidad para la iglesia y la comunidad de creyentes”, tomando en cuenta que 2021 es un año electoral. 

En diciembre de 2019, el Departamento de Estado de Estados Unidos incluyó a Nicaragua en una lista de países que violan la libertad religiosa, junto a naciones como Cuba, Sudán del Sur y Nigeria. Según monseñor Avilés, “la iglesia refleja lo que es la sociedad y ahorita la sociedad está manos arriba, reprimida e indefensa. Así estamos nosotros”.

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