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Ellas hoy

Argentina: ¿tierra de equidad entre hombres y mujeres de ciencia?

© France 24

En la ciencia argentina hay una gran paridad entre hombres y mujeres, como muestra un reciente reporte de la empresa de análisis Elsevier: en ese país hay 104 autoras de trabajos científicos por cada 100 hombres. A pesar de los buenos números, aún falta que ellas tengan una presencia más contundente en los cargos de mayor jerarquía, ingresos y poder. 

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Según datos oficiales de Argentina, del total de investigadores en ciencia el 52% son mujeres. Y más todavía, 53,81%, en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), principal organismo de desarrollo científico de Argentina.

En el estudio de Elsevier, realizado en 15 países y en la Unión Europea, se identificó que la proporción más alta de mujeres entre los autores de trabajos científicos se encontraba en Argentina. Desde el 2007 las mujeres son mayoría en el CONICET y entre los becarios (primer escalón en la carrera de investigación en esa institución) representan el 60%, mientras que en los países centrales la proporción de mujeres suele estar en torno al 35%, le dijo a France 24 en Español, Ana María Franchi, doctora en química y presidenta del organismo.

"En los países centrales los cargos en investigación desde el punto de vista salarial son más competitivos, entonces prestan más interés los varones", dijo Franchi, que dio otras posibles razones para la mayoría de mujeres investigadoras en Argentina: el hecho de que la ayuda en el hogar es más accesible que en otros países.

"Fijate en Estados Unidos, donde la gente se muda y generalmente los papás viven en otro lado, la ayuda es carísima, no está garantizado el cuidado en los niños por parte del Estado, por lo tanto dificulta muchísimo que las mujeres entren en casi cualquier trabajo y en investigación también". A eso, Franchi agrega el hecho de que las mujeres se incorporaron rápidamente a las universidades y son actualmente mayoría en todas las carreras, con excepción de ingenierías e informática. Y ese alto número de estudiantes universitarias mujeres redunda en un número alto de mujeres que sigue la carrera de investigación. 

"Desde que soy estudiante de ciencias somos un número mayoritario en biología", le dijo a este medio Carolina Carrillo, doctora en ciencias químicas, investigadora del CONICET y directora de un grupo de investigación y desarrollo del Instituto César Milstein. "Entonces, el ser un alto número nunca me llamó la atención y no siento que ese número haya cambiado, lo que sí me parece que está cambiando es un poco la conciencia de género y la posibilidad de algunas mujeres de llegar a ciertos espacios que antes no llegábamos".

Un ejemplo concreto es el de la propia Ana María Franchi, que es la segunda presidenta del CONICET en los 62 años de vida del organismo. Y el de las mujeres presidentas del CONICET es un fenómeno reciente: la anterior había sido la astrofísica Marta Rovira, entre 2008 y 2012. 

"Sobre todo no somos mayoría en los lugares de gestión"

De todos modos, lo de Rovira y Franchi sigue siendo la excepción, porque a pesar de que en Argentina las mujeres son la mayoría en la investigación, a medida que se mira hacia cargos de mayor jerarquía e ingresos, de mayor responsabilidad de gestión, los varones van copando el protagonismo. Mientras entre los investigadores asistentes las mujeres representan más del 60%, en el cargo más alto, el de investigador superior, ellas no llegan al 25%.

© France 24
Fuente: CONICET

"Sobre todo no somos mayoría en los lugares de gestión (...) El CONICET tiene 304-305 unidades ejecutoras, o sea institutos de investigación y solo el 25% de las unidades ejecutoras están dirigidos por mujeres", dijo Franchi. Y lo mismo –señaló– ocurre en las universidades, donde a pesar de que las alumnas son mayoría, las rectoras universitarias no alcanzan al 12%.

Más allá de las cuestiones estructurales, ella ve un problema también a nivel micro: por ejemplo, en el hecho de que las reuniones importantes, donde se toman grandes decisiones, empiezan tarde y se extienden hasta entrada la noche, lo que dificulta la presencia, por ejemplo, de mujeres madres.

"Yo eso una vez se lo dije a un decano que me decía '¿a vos te discriminaron?'. Y yo le pregunté '¿y vos a qué hora hacés tus reuniones importantes?'. Y ahí se quedó y me dijo 'nunca lo había pensado'", recordó Franchi. O, también, "hay como clubes, que son clubes virtuales, 'nos juntamos para jugar al fútbol, nos juntamos para tomar una cervecita' y en todos esos lugares circula información, circula conocimiento de personas importantes, y eso sigue ocurriendo todavía, no es tan evidente".

La situación lleva a efectos concretos: las mujeres terminan siendo menos financiadas, sus trabajos científicos menos citados (que es parte de cómo se califica a los investigadores) y menos convocadas a reuniones científicas, lo que a su vez les resta exposición y alimenta el círculo vicioso. 

"Esas diferencias que a veces son tan sutiles y a veces están tan naturalizadas que ni te das cuenta"

Franchi dijo que están intentando llevar a cabo iniciativas para cambiar esto. Por ejemplo, que para que el CONICET financie una reunión científica sea obligatorio que haya paridad de género entre los conferencistas. O que si hay un subsidio para otorgar, y los postulantes son un hombre y una mujer joven que en los últimos cinco años tuvo dos hijos, se privilegie a la mujer porque "obviamente fue mucho más difícil para ella llegar" allí.

Pero también hay cuestiones de infraestructura para resolver. Por ejemplo, que haya jardines maternales a disposición de todas las investigadoras madres de hijos pequeños en todos los centros del CONICET.

Carolina Carrillo, que desde hace años hace investigaciones en Chagas, y que en el instituto Milstein participa ahora de un grupo de tres mujeres y dos hombres, creado en el marco de la pandemia de Covid-19 (que desarrolló un test rápido para la enfermedad), conoce bien todos los escollos que enfrentan las mujeres en su carrera científica; los más grandes, y los más cotidianos. "Esas diferencias que a veces son tan sutiles y a veces están tan naturalizadas que ni te das cuenta, ¿no? Pero esas cosas de somos pares pero de pronto mi compañero varón es más valorado, tiene más autoridad para dar una opinión, o una visión en una clase", le dijo a France 24 en Español. Recordó a un profesor de su ingreso al doctorado, que cada vez que ella empezaba a dar una clase, él decía: "ay, cuando la ciencia era cosas de hombres". 

A pesar de todo eso, se abrió camino: en 2011 se presentó como directora para un proyecto para subsidios muy importantes para investigación en Chagas. "Salieron solo tres subsidios y los otros dos eran dirigidos por varones bastante mayores que yo y muy reconocidos científicamente en el campo y el tercer subsidio que se otorgó fue en el que yo era la directora y dije 'guau'".

Tras su experiencia, entonces, y mientras institucional y socialmente continúan dándose pasos hacia la equidad de género, ¿qué consejo le daría a mujeres más jóvenes que están comenzando su recorrido en la ciencia? "Ser fuerte, porque la lucha es día a día, sostenida, no es 'doy una batalla y ya está', sino que es todos los días encontrar la forma de sostenerlo; creo que el humor es una herramienta superpoderosa, y otra cosa que es posta (cierta) son las redes que tejemos de sostén y acompañamiento: tener buenas relaciones personales hace una diferencia enorme".

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