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Suicidios y depresión, las secuelas ocultas de la pandemia en Italia

Una mujer mira dentro del Cementerio de Bérgamo, Lombardía, el 20 de marzo de 2020, en medio de la pandemia en Italia.
Una mujer mira dentro del Cementerio de Bérgamo, Lombardía, el 20 de marzo de 2020, en medio de la pandemia en Italia. © Piero Cruciatti / AFP
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Con el paso de los meses empiezan a ser visibles las secuelas psicológicas provocadas en decenas de italianos por los periodos de aislamiento, la crisis financiera y el temor a contagiarse con el virus que ha cobrado miles de vidas. 

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Uno de los últimos suicidas tenía 58 años y los hizo en su tienda de muebles en Nápoles. Se llamaba Antonio. Otro tenía 60 años y era un empresario caído en desgracia que últimamente vendía ropa en un mercado de Palermo, la capital de la isla de Sicilia. Un tercero, un comerciante en Irpinia, también en el sur de Italia, había recibido ayuda alimentaria durante el confinamiento en el país y dejó un mensaje a su familia. Ha habido más casos de punta a punta de la bota italiana.

Son decenas las personas que, en los últimos meses, han puesto fin a su vida en Italia, muertes que coinciden con la fuerte crisis económica provocada por la pandemia y que ha dejado heridas las finanzas italianas. Muchos son empresarios, dueños de pequeñas y medianas empresas que constituyen más del 90% del sistema económico del país y emplean al 82% de la fuerza laboral activa de este territorio. 

Dos integrantes de un equipo de atención fúnebre trasladan un ataúd el 16 de marzo de 2020 en el Cementerio de Bérgamo, Lombardía, en medio de la pandemia en Italia.
Dos integrantes de un equipo de atención fúnebre trasladan un ataúd el 16 de marzo de 2020 en el Cementerio de Bérgamo, Lombardía, en medio de la pandemia en Italia. © Piero Cruciatti / AFP

La prensa nacional ha publicado las noticias a cuentagotas quizá porque la ciencia dice que el riesgo es el de la emulación o porque aún no se puede explicar con claridad un fenómeno sobre el que todavía no hay datos definitivos, aunque ya algunos centros hayan empezado a dar cifras.

Por ejemplo, el Observatorio para los Suicidios de la Universidad Link de Roma, contó 25 suicidios y 21 intentos ocurridos desde el comienzo del confinamiento, en marzo, hasta mayo.

En un país como Italia, con bajas tasas de muerte a mano propia, el fenómeno empieza a preocupar a algunos psicólogos como Stefano Callipo, el presidente del Observatorio Violencias y Suicidios, quien asegura que "es evidente que estamos asistiendo a un aumento de suicidios" relacionados con las dificultades económicas de los que toman esta decisión.

La preocupación por las deudas, catalizadora de la depresión 

Las zonas más afectadas son las mayormente golpeadas por el virus, el Véneto, Lombardía, Toscana y Piamonte, así como la isla de Cerdeña. "Lo cierto es que, en estos casos, esta decisión no tiene como causa la situación personal generada por la pandemia, pero esta sí actúa como un acelerador", puntualiza Callipo y señala que el problema es el miedo a que aún no estemos en el pico, que podría producirse en los meses más fríos, cuando muchos tendrán que empezar a pagar las deudas que han contraído en estos últimos meses. 

"Temo mucho lo que pueda ocurrir en octubre y noviembre, sobre todo si esta crisis continúa y las protecciones sociales disminuyen (...) Esta pandemia ha agredido nuestras vidas de una forma muy fuerte, más que la gran crisis económica que empezó en 2008 (…) Hay quienes tienen un sentimiento de culpa por haber sobrevivido y empresarios que nunca antes se han enfrentado a situaciones de colapso económico similares", coincide Enrico Zanalda, presidente de la Sociedad Italiana de Psiquiatría. 

Una mujer junto a un ataúd dentro del cementerio de Zogno, cerca de Bérgamo, en el norte de Italia, el 21 de marzo de 2020.
Una mujer junto a un ataúd dentro del cementerio de Zogno, cerca de Bérgamo, en el norte de Italia, el 21 de marzo de 2020. © Piero Cruciatti / AFP

En esta línea, según Zanalda, hay algunas principales razones por las que quienes se quitaron la vida durante la pandemia han optado por esta decisión: el temor a ser propagadores del virus, las consecuencias de la crisis económica y el miedo a contagiarse y pasar los últimos días en soledad en hospitales llenos de enfermos. 

Ejemplo ha sido, en este sentido, el de una enfermera de Monza, en Lombardía, que trabajaba en la unidad de terapia intensiva de su ciudad y se quitó la vida en marzo. Un gesto, según la Federación de los Enfermeros de Italia, que se debió a que la mujer temía contagiar a otros. 

Las teorías sobre la pandemia y su impacto en la estabilidad emocional de los italianos

En efecto, como en la mayoría de los países más afectados por la pandemia, la crisis sanitaria ha puesto a prueba los nervios de gran parte de los italianos. De acuerdo con un estudio coordinado por la Universidad de Turín y publicado en 'The Canadian Journal of Psychiatry' que no analizó la situación de los suicidios pero sí los niveles de ansiedad y depresión clínica de la población, el 69% ha sufrido del primer trastorno y el 31% del segundo. 

Además de ello, "la pandemia ha disparado muchísimo las teorías de personas que buscan una explicación a lo ocurrido", sostiene la doctora Maddalena Castelletti, una psicóloga que abrió uno de los primeros servicios de atención a personas con problemas psicológicos derivados de la crisis.

De ahí también que la Universidad de Turín haya propuesto aumentar los controles para detectar estos trastornos, ya que además podría haber un impacto sobre la salud física y no solo mental de las personas afectadas. "Los individuos que desarrollan depresión, por ejemplo, tienen mayores posibilidades de ser afectados por determinadas patologías médicas, como el infarto de miocardio", concluyó el análisis.  

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