Sabor agridulce para el público en arranque del Tour del coronavirus

Niza (Francia) (AFP)

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No fue la fiesta imaginada en 2018, en el momento del anuncio de la salida en Niza. La 'Grande Boucle', afectada como el mundo entero por el covid-19, ofreció un sabor agridulce al mismo tiempo sobre las carreteras de la primera etapa.

"El Tour será el regreso de la vida", imaginaba en abril su director Christian Prudhomme en el momento del aplazamiento de la carrera.

Pero la pandemia se hizo presente y no se vieron las aglomeraciones ni el entusiasmo de un habitual arranque de la ronda gala, y eso que Niza no vivía una 'gran salida' del Tour desde 1981.

Tan solo una hilera de personas se agolpaba a las barreras de seguridad en la plaza Jean Moulin, en el centro de la ciudad mediterránea, en un día lluvioso y otoñal.

El punto positivo; no se vieron las habituales disputas por hacerse con algún producto de la carrera o de los equipos. Este sábado había para todos los presentes.

Eric Dyla, "ciclista de los domingos" ataviado con un maillot amarillo cosecha de 2015 -"me lo regalaron"- se hizo con varios productos de mercadotecnia del Tour.

Este aficionado llegó en bicicleta junto a su hijo Aurélien, de 25 años, al que ya llevó a presenciar la Grande Boucle en la 'gran salida' desde Mónaco en 2009, y a las etapas de Niza y Cagnes-sur-Mer de la edición 2013.

Después de haberse ausentado de su trabajo el jueves para ir a la presentación de los equipos, se quedó finalmente con las ganas: "Estaba bloqueado, es realmente una pena que no se pudiese acceder".

Tampoco se vio mucho público en la subida de Rimiez, en los alrededores de Niza, el principal repecho en esta primera etapa.

Las pocas personas presentes tuvieron que llegar al lugar por otros medios que no fuese el coche, prohibido para tal fin.

- "Lugar estratégico" -

Entre ellos, los habitantes de la zona, que apenas tuvieron que dar unos pasos para ver el pelotón. Como las dos familias con niños que se repartían el botín recolectado al paso de la caravana

O los tres estudiantes, unos metros más abajo, que "escalaron cuatro kilómetros a pie" para "verlo desde un lugar estratégico", justo antes de la pancarta que indicaba la cumbre de la subida de Rimiez.

"Incluso en la subida pasaban rápido", apunta uno de ellos, Guillaume Emerson. A sus 25 años, este aficionado al ciclismo ya estuvo hace dos años viendo 'in situ' la subida a Alpe d'Huez.

"Estábamos muy cerca y había mucha gente", recuerda con nostalgia su amiga Damaris Criscuolo, que le acompañó también en aquella ocasión.

"No podemos quejarnos, Niza ha hecho bien las cosas, con tres etapas", se consuela Guillaume, que ya tiene pensada su ubicación mañana, en el col d'Eze, que el pelotón subirá a una treintena de kilómetros para meta.