Tras la renuncia del primer ministro japonés Shinzo Abe, ¿qué queda del 'Abenomics'?

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, después de anunciar su renuncia durante una conferencia de prensa en Tokio el 28 de agosto de 2020.
El primer ministro japonés, Shinzo Abe, después de anunciar su renuncia durante una conferencia de prensa en Tokio el 28 de agosto de 2020. © Franck Robichon / Reuters

El primer ministro japonés anunció su renuncia el viernes, después de ocho años al frente del país, ¿qué conclusiones se pueden sacar de su programa de estímulo económico denominado 'Abenomics'? La iniciativa "seguirá siendo un intento de reactivación que no ha dado frutos", asegura Jean-Yves Colin, experto en la región de Asia del Norte para el Asia Center.

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El programa económico incentivado por el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha sido escudriñado por muchos especialistas hasta el punto de ganarse el apodo de 'Abenomics'. 

En 2012, a su llegada como dirigente de Japón, Abe propuso un atrevido plan de estímulo para hacer frente a una economía débil. El programa se basó en "tres flechas interdependientes": una relajación monetaria masiva, gastos presupuestarios y reformas estructurales. 

Ocho años después, y tras el anuncio de la renuncia de Abe hecho el viernes 28 de agosto, ¿qué queda de este programa y qué conclusiones se pueden sacar de él? A continuación, una aproximación con Jean-Yves Colin, experto en el norte de Asia del Asia Center .

France 24: En primer lugar, ¿qué es el 'Abenomics' y cuál era su objetivo? 

Jean-Yves Colin: El punto de partida es la crisis económica de finales de los años 80 y la explosión de la burbuja inmobiliaria japonesa. Los inversores se fueron y eso sumió al país en un crecimiento muy débil que duró hasta la década del 2000. Cuando Shinzo Abe llegó, en 2012, estaba buscando restaurar Japón. Quería un 'Make Japan great again' e introduce las tres flechas de 'Abenomics'. Este nombre es una referencia directa a Reaganomics (nombre que se le da al programa económico del expresidente estadounidense Ronald Reagan).

La primera flecha es una economía muy abundante y laxa en liquidez, con el objetivo de sacar al país de la deflación y lograr una inflación del 2%. Esta política fue vista como innovadora en ese momento, pero en realidad ya había sido iniciada por el Banco de Japón, justo después de la crisis financiera de 2008, aunque de una manera más tímida. Desde entonces, todos los bancos centrales occidentales se han unido a esta política: por lo tanto, podemos decir que las economías occidentales se han vuelto japonesas, de alguna manera. 

La segunda flecha es el más tradicional estímulo público, con el gasto social planificado en relación al envejecimiento de la población. Cabe señalar que Tokio hizo esto sin prestar atención a la deuda pública, que actualmente es del 250% del PIB. 

La tercera flecha consiste en realizar reformas estructurales muy variadas: modernización y adecuación de las empresas, flexibilización del mercado laboral, técnicas financieras, apertura del mercado laboral a las mujeres, desarrollo de guarderías o incluso la apertura a la inversión extranjera.


Un peatón pasa junto a un tablero de cotizaciones que muestra la cotización de la Bolsa de Valores de Tokio, en Tokio, el 16 de marzo de 2020.
Un peatón pasa junto a un tablero de cotizaciones que muestra la cotización de la Bolsa de Valores de Tokio, en Tokio, el 16 de marzo de 2020. © Kazuhiro Nogi, AFP

¿Por qué estas políticas no han dado los resultados esperados? 

Si me hubieran pedido mi análisis en 2015, habría dicho que los 'Abenomics' eran un vaso lleno al 60%. Hoy, veo estas políticas más como un 60% de vaso vacío: es un semi-fracaso.

El 'Abenomics' tuvo un efecto inmediato desde el principio: hubo un crecimiento que borró la tristeza y las empresas comenzaron a invertir nuevamente. Este fue el caso hasta finales de 2014, cuando los indicadores comenzaron a dar fuertes señales de debilidad.

La tercera flecha es el punto más débil: las reformas estructurales han sido demasiado tímidas. En cuanto a la flexibilidad del mercado laboral, por ejemplo, también ha favorecido su precariedad. Habría sido necesario facilitar la aparición de nuevas empresas, ya que Japón no hizo más que "sentarse en los laureles", confiando en sus viejos grupos, sin ver que otras, como Samsung, las iban a barrer del mercado. 

A pesar de una política "laxa" respecto al acceso al crédito, Japón aún no ha logrado deshacerse de la deflación y el pesimismo. ¿Por qué no fue suficiente? 

En primer lugar, la evolución demográfica japonesa no ha favorecido el crecimiento económico. La población ha ido disminuyendo en cantidad durante varios años y el envejecimiento se ha vuelto más pronunciado. 

Otro factor negativo: muchas empresas prefirieron llenar sus arcas y ahorrar antes que invertir. Los consumidores han tenido esta misma política desconfiada. Aunque la tasa de desempleo es muy baja, el consumo no ha despegado. El mercado laboral japonés se divide entre trabajos de larga duración en grandes corporaciones y contratos precarios en las pequeñas y medianas empresas. Si bien el país nunca ha conocido el desempleo masivo que ha conocido Francia, por ejemplo, hay muchas personas en situación de precariedad.

Todo esto no propició una fuerte recuperación del crecimiento. 

Muchos creen que estas medidas solo han beneficiado a los japoneses más privilegiados, ¿está usted de acuerdo?

Sí, en general, creo que se trata de medidas destinadas en primer lugar a las empresas y luego a los consumidores privilegiados, con un poder adquisitivo importante. El 'Abenomics' amplió las desigualdades, pero ya existían antes y se crearon especialmente en la década de 1980, con la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, Japón necesitaba ser más flexible.

¿La crisis del coronavirus debilitará aún más lo que queda de 'Abenomics'?

Es cierto que la crisis del coronavirus es un factor muy negativo para la economía japonesa y el efecto duradero del 'Abenomics'. Además, los japoneses están en su mayoría descontentos con la forma en que el Gobierno ha manejado la pandemia, a pesar de las cifras relativamente bajas.

La inquietud de Shinzo Abe ha sido doble. En primer lugar, quería hacer todo lo posible para mantener los Juegos Olímpicos, que iban a ser la culminación de sus ocho años en el poder, sobre todo por el dinero invertido. Por otro lado, le preocupaba evitar las consecuencias de la contención total, como hemos visto en Europa. Pero tuvo que tomar medidas similares, más localmente. 

La gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, el presidente de Tokio 2020, Yoshiro Mori, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, y el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, asisten a la ceremonia 'One Year to Go' que celebra un año antes del inicio de los juegos de verano en Foro Internacional de Tokio, Japón, el 24 de julio de 2019.
La gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, el presidente de Tokio 2020, Yoshiro Mori, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, y el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, asisten a la ceremonia 'One Year to Go' que celebra un año antes del inicio de los juegos de verano en Foro Internacional de Tokio, Japón, el 24 de julio de 2019. © Issei Kato / Reuters

El próximo primer ministro se verá obligado a tener un discurso diferente sobre asuntos presupuestarios o sociales. Sin embargo, en Japón nunca hay anuncios ni cambios importantes. Aún así, los 'Abenomics' están muertos: por la partida de Shinzo Abe y por el Covid-19.

¿Será este el momento más memorable de su época como primer ministro?

Shinzo Abe seguirá siendo una figura muy destacada en la vida política japonesa, especialmente porque muchos de sus predecesores han sido olvidados. En cuanto a los 'Abenomics', son un intento de reactivar y reestructurar la economía japonesa que ciertamente no habrá dado todos los frutos esperados, pero que habrá marcado una especie de retorno a la confianza, hacia un crecimiento más firme. Tuvimos una economía en un pantano, pero el auto no arrancó tan rápido como él pensaba.

*Esta entrevista fue adaptada de su original en Francés

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