El Líbano cumple 100 años en la búsqueda de estabilidad

En esta imagen de archivo del 28 de septiembre de 1982, tanques israelíes transitan por las calles de Beirut, Líbano, luego de salir del área occidental del puerto de la capital.
En esta imagen de archivo del 28 de septiembre de 1982, tanques israelíes transitan por las calles de Beirut, Líbano, luego de salir del área occidental del puerto de la capital. © Saris / AP

El país cumple este primero de septiembre un siglo de su fundación, respaldada por el Estado francés. Divisiones étnicas y religiosas, guerras civiles e inestabilidad económica marcan la historia de esta joven nación que hoy tiene pocos motivos para festejar.

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Anexado al Imperio Otomano desde el siglo XVI, el Líbano nació como Estado bajo la batuta de los franceses. El 1 de septiembre de 1920, tras el final de la Primera Guerra Mundial y la disolución del Imperio Otomano, el general francés Henri Gouraud, rodeado de políticos libaneses, proclamó en la entrada de un palacio en Beirut la fundación del Estado del Gran Líbano, precursor del actual Líbano. 

El territorio sería un protectorado francés hasta 1943, cuando Francia concedió su independencia, pero los países siguen siendo cercanos. En menos de un mes, el actual presidente francés, Emmanuel Macron, ha visitado dos veces el Líbano, luego de la explosión del 4 de agosto en el Puerto de Beirut que dejó al menos 190 muertos, alrededor de 6.000 heridos y cerca de 300.000 viviendas destruidas.

Este primero de septiembre, el Líbano cumple un siglo de su fundación, pero parece haber pocos motivos para festejar. 

La guerra civil, las invasiones israelíes y la inestabilidad política 

Hogar de cerca de 18 grupos religiosos, la división de poderes entre los sectores mayoritarios se concibió como una salida para resolver las tensiones entre musulmanes chiíes y suníes, además de las minorías cristianas. En 1950, durante la presidencia de Camille Chamoun, respaldado por occidente, el país vio crecer su economía. Era sitio de turismo y recibía parte de la bonanza de las naciones árabes petroleras. Pero la presidencia de Chamoun terminó en 1958, con la primera guerra civil del país que llevó a la llegada de tropas estadounidenses. 

La década de los años 60 trajo un nuevo impulso. En la histórica ciudad de Baalbek se daban cita artistas como el bailarín ruso Rudolf Nureyev, la Filarmónica de Berlín, la cantante de jazz estadounidense Ella Fitzgerald y la diva local Fairouz, quien este lunes 31 de agosto recibió la "Legión de Honor" de manos del presidente galo, Emmanuel Macron.

A mediados de los años 70 se empezaron a intensificar los ataques desde el territorio libanés hacia Israel por parte de militantes palestinos. Este fue uno de los factores que desató la Guerra Civil que duraría 15 años y cobraría la vida de al menos 150.000 personas. En el transcurso, los sectores religiosos se enfrentarían. 

En esta foto de archivo del 2 de agosto de 1982 el líder palestino Yasser Arafat, en el centro, inspecciona los daños en la Universidad Árabe un día después de un bombardeo israelí en el occidente de Beirut, Líbano.
En esta foto de archivo del 2 de agosto de 1982 el líder palestino Yasser Arafat, en el centro, inspecciona los daños en la Universidad Árabe un día después de un bombardeo israelí en el occidente de Beirut, Líbano. © Mourad Raouf / AP.

"Tengo 53 años y no siento que haya tenido un año estable en este país", dice el reconocido escritor libanés Alexandre Najjar. Como muchos de su generación, Najjar vivió la Guerra Civil de cerca. El escritor era un niño la primera vez que Israel invadió su país, en 1978, y un apenas un adolescente cuando la nación vecina invadió Beirut, en el verano de 1982. Ese año Israel impuso un sofocante cerco en la capital por tres meses que obligó la retirada del Líbano del fallecido líder palestino Yasser Arafat. 

Este episodio, junto con el bombardeo a un cuartel de los marines estadounidenses y a la Embajada de Estados Unidos al año siguiente, fueron claves de la fundación de Hezbolá. 

En esta foto de archivo del 24 de octubre de 1983, rescatistas trabajan sobre los escombros de un cuartel estadounidense un día después de un ataque suicida con un camión bomba cerca del aeropuerto de Beirut, Líbano.
En esta foto de archivo del 24 de octubre de 1983, rescatistas trabajan sobre los escombros de un cuartel estadounidense un día después de un ataque suicida con un camión bomba cerca del aeropuerto de Beirut, Líbano. © Zouki / AP.

En 1990, con una reforma constitucional luego del Acuerdo de Taif del 22 de octubre de 1989, terminó la Guerra Civil. En dicho pacto se incluyó la compleja división política entre las mayorías religiosas que hoy es cuestionada dentro y fuera del país. 

Desde ese año, se fijó en la Constitución que el presidente del Líbano debe ser un cristiano maronita, quien será encargado de nombrar al primer ministro, que debe ser musulmán suní, a partir del respaldo de los líderes de la Asamblea de Representantes o Parlamento. El presidente del legislativo, por otro lado, debe ser musulmán chií. De igual forma, este Parlamento está dividido por partes iguales entre cristianos y musulmanes.

Pero la paz firmada en 1990 no trajo estabilidad. A Hezbolá se le permitió conservar su armamento para defender el territorio libanés frente a Israel, en el sur del país. Cuando los israelíes se retiraron, en el año 2000, la milicia chií (que además tiene un partido político que es mayoría en el Parlamento) dijo que era defensora de los intereses libaneses. Las tensiones en la frontera siguen siendo elevadas en la actualidad. 

En 2005, cuando asesinaron al ex primer ministro Rafik Hariri, padre del ex primer ministro Saad Hariri, que renunció el año pasado, Najjar estaba al final de sus treintas.

El colapso económico del Líbano

Hoy, muchos señores de la época de la Guerra Civil son líderes de facciones políticas, entre otros el actual presidente Michel Aoun, un cristiano maronita que se exilió en Francia después del conflicto y pudo regresar al Líbano en 2005. El poder de estos líderes excede sus cargos y, en las últimas dos décadas, la corrupción se ha disparado. 

La repartición de cargos fijada en la Constitución no resuelve las divisiones sectarias y, en la práctica, los grupos del Parlamento se disputan cargos, negocios y nombramientos que hoy se reflejan en un sector público sobredimensionado, una burocracia inoperante y una pobre infraestructura. Es a la suma de estos factores a los que, en parte ahora, echan la culpa de la falta de vigilancia que permitió la acumulación de las 2.750 toneladas de nitrato de amonio que explotaron en el Puerto de Beirut hace casi un mes.  

La deuda del Líbano, que ronda el 170% del PIB del país y que ha sido la base del sistema económico del país desde 1990, es una de las más altas del mundo y es el resultado de un "malabarismo financiero", como lo describe la agencia AP. Con el desempleo y la pobreza en aumento, factores agravados por la pandemia, el país se sumerge en la crisis financiera más severa de su historia. 

El historiador Johnny Mezher dice que, para resolver sus problemas, el Líbano debería empezar por adoptar una ley que impulse la identidad nacional por encima de las lealtades religiosas de cada uno. "Debería evitarse que las figuras religiosas se entrometan en la política", dice Mezher, de modo que sean las cualidades, y no las conexiones sectarias, las que definan los altos cargos estatales. 

"No esperábamos que este año fuera tan catastrófico a este nivel", dice el escritor Najjar, quien además es abogado, poeta y autor de cerca de 30 libros en francés, incluido uno que recoge la historia del país durante el siglo XX. "Todavía hay esperanza", dice y añade un consuelo sombrío:

"Ya chocamos con la roca en lo más profundo, y las cosas no se pueden poner peor".

Con AP

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