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¿Por qué la oposición bielorrusa usa una bandera histórica y rechaza la oficial?

Una persona lleva la bandera histórica bielorrusa durante las protestas de la oposición contra Alexander Lukashenko. En Minsk, Belarús, el 26 de agosto de 2020.
Una persona lleva la bandera histórica bielorrusa durante las protestas de la oposición contra Alexander Lukashenko. En Minsk, Belarús, el 26 de agosto de 2020. © Vasily Fedosenko / Reuters
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Las protestas en Belarús han llenado sus calles de miles de personas que portan la bandera blanca y roja. Un símbolo resucitado del pasado con un alto significado histórico, pero que está prohibido bajo el Gobierno del presidente Alexander Lukashenko.

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Belarús atraviesa la mayor crisis política de su historia desde el colapso de la Unión Soviética. La oposición se ha unido contra Alexander Lukashenko y ha tomado las calles para poner fin a 26 años de poder indiscutido del mandatario. Esta inédita unión se ha hecho bajo los colores blanco y rojo de una bandera que, para muchos, era desconocida hasta ahora y que nada tiene que ver con la oficial.

En su lucha contra el oficialismo, la oposición bielorrusa ha querido retomar una simbología que también se oponga a Lukashenko y su herencia de la Unión Soviética. Esta es la bandera blanca con una franja roja en el medio que data de la época del Gran Ducado de Lituania, que controló un basto territorio en la zona báltica entre el siglo XIII y el XVI, justo antes de la expansión del Imperio Ruso.

Esta simbología fue adoptada en el siglo XX por la efímera República Nacional Bielorrusa, un Estado que se conformó como satélite del Imperio Alemán en plena Primera Guerra Mundial, justo después de la firma del Tratado de Brest-Litovsk.

Este tratado, firmado el 3 de marzo de 1918, sacaba automáticamente de la guerra a Rusia y hacía que este país perdiese una serie de territorios, que pasarían a estar dominados por los alemanes o por Estados satélites. La retirada de Rusia se produjo después de que la revolución rusa triunfase y de que Vladimir Lenin se dispusiese a hacer efectiva una de sus mayores promesas: sacar a Rusia de la guerra que estaba matando a cientos de miles de rusos.

En este contexto nació la República Nacional Bielorrusa el 25 de marzo de 1918, pero la revolución rusa se expandió y el ejército bolchevique se hizo con Minsk en enero de 1919 y tumbaron la simbología de la joven nación por considerarla contrarrevolucionaria.

Para más agravios, Alemania perdió la guerra y todo lo acordado en Brest-Litovsk caducó y fue rechazado por las potencias aliadas, quedando la nación bielorrusa en el olvido.

El oficialismo de Lukashenko defiende la bandera roja y verde

Bajo el amparo de la Unión Soviética nació el actual símbolo de la nación bielorrusa. En 1951, con el objetivo de que la República Socialista de Belarús tuviera una representación ante la ONU, se añadió al color rojo característico de la URSS, el verde de la naturaleza bielorrusa y un bordado representativo del campesinado de la región en un lateral.

Este símbolo se mantuvo hasta el colapso soviético en 1991, cuando Belarús se independizó de facto de Rusia y retornó al blanco y rojo. La primera administración del país de Stanislav Shushkévich dio sus primeros acercamientos hacia Occidente con el objetivo de olvidar el pasado soviético, pero en 1994 apareció la figura de Alexander Lukashenko.

Lukashenko se mostró, desde sus inicios, como un nostálgico de la etapa soviética y un admirador de la política rusa y cuando se hizo con el poder en 1994, en lo que se consideran las únicas elecciones libres en la historia del país, decidió retornar a los valores políticos que admiraba.

En mayo de 1995 se celebró un referendo que definiría el destino de Belarús y, entre otras muchas cosas, el retorno de la bandera soviética. Esa votación se considera que fue la primera que acomodó a su beneficio Lukashenko, y en ella consiguió darse más poderes, dar el mismo estatus al ruso que al bielorruso, integrarse económicamente con Rusia y volver a usar como simbología oficial la bandera roja y verde, aunque esta vez sin la hoz y el martillo comunista.

Varias personas portan la bandera oficial bielorrusa junto a otra de la Unión Soviética durante una de las manifestaciones en apoyo de Alexander Lukashenko. En Minsk, Belarús, el 19 de agosto de 2020.
Varias personas portan la bandera oficial bielorrusa junto a otra de la Unión Soviética durante una de las manifestaciones en apoyo de Alexander Lukashenko. En Minsk, Belarús, el 19 de agosto de 2020. © Vasily Fedosenko / Reuters

La roja y blanca salió de las instituciones y se prohibió. Durante los años siguientes, todas aquellas personas que fuesen vistas con una fueron multadas severamente y hoy los opositores se ven obligados a fabricar sus banderas a mano con telas blancas y rojas, ya que no se pueden vender en tiendas.

El rojo y el blanco tienen varios significados para la oposición. En primer lugar, el rechazo a Rusia, ya que ha sido este país quien ha terminado con esta simbología en sus sucesivas invasiones de la zona. Primero con el final del Ducado de Lituania y después con el final, en 1919, de la República Nacional Bielorrusa.

Después está el rechazo a Lukashenko, quien desde su llegada tomó los antiguos símbolos soviéticos como suyos y tumbó los que había recuperado el país en 1991.

Aunque las figuras más importantes de la oposición no han querido pronunciarse abiertamente sobre el tema, asegurando que esto “no es una lucha de banderas sino por la libertad”, la mirada que proponen hacia Occidente va inevitablemente ligada a la bandera blanca y roja.

Con medios locales

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