Muros que gritan: los nuevos espacios de protesta en Colombia

Un hombre mira una imagen que representa al expresidente colombiano (2002-2010) Álvaro Uribe en una proyección de la @lanuevabandadelaterraza en la pared de un edificio, como parte de una nueva forma de protestar en medio de la pandemia en Medellín, Colombia, el 9 de agosto de 2020.
Un hombre mira una imagen que representa al expresidente colombiano (2002-2010) Álvaro Uribe en una proyección de la @lanuevabandadelaterraza en la pared de un edificio, como parte de una nueva forma de protestar en medio de la pandemia en Medellín, Colombia, el 9 de agosto de 2020. © Joaquin Sarmiento / AFP

Tras un estallido de protestas que revolcó al país a finales de 2019, la pandemia de Covid-19 enmudeció a muchos movimientos sociales. Sin embargo, en medio de una larga cuarentena, las proyecciones con reclamos sociales y políticos emergieron como otra forma de protesta. 

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En medio de la cuarentena, desprevenidos vecinos empezaron a ver mensajes proyectados en muros de diversas ciudades de Colombia. "La vida es lo único que tenemos", "lo personal es político", "nos matan, nos maltratan, luego nos vuelven un "hashtag'". Estos reclamos contrastaron con la quietud del confinamiento impuesto en el país desde mediados de marzo.

Muchos de los mensajes recordaban también demandas que se habían hecho los meses previos a la emergencia, cuando a finales de 2019 Colombia vivió semanas de protestas masivas con cortes viales y cacerolazos históricos contra la corrupción y en exigencia de los derechos laborales, educativos, igualdad de género y el respeto por lo pactado en los diálogos de paz. 

No dejar caer en el olvido estas demandas ha sido el principal objetivo del colectivo 'La Nueva Banda de la Terraza', que nació por casualidad cuando en Medellín una pareja de artistas y su vecino se dieron cuenta que podían proyectar mensajes en una pared del vecindario.

"Hasta que la Justicia, hasta que la dignidad sea un derecho"

Empezaron con frases como "Todo está muy raro" o "salud pública para todos". Laura Mora, cineasta y su pareja, el músico Sergio Parsons, tomaron fotos de las proyecciones y las difundieron por las redes sociales. Rápidamente, amigos y otros artistas se sumaron y conformaron el colectivo, del que ahora forman parte unas 25 personas y que se ha puesto la labor de recopilar y diseñar mensajes para después proyectarlos en distintas partes de la ciudad desde sus casas todos los domingos. 

"Todos compartimos esa misma preocupación como que el encierro también apague ese espíritu primaveral que se gestó en Colombia en noviembre", dice Laura Mora, quien recuerda que el país no ha sido una nación con una tradición de protesta social muy fuerte debido a la violencia sistemática que han sufrido líderes sociales y que ha recaído en gran parte de la sociedad a lo largo de la historia de la nación. 

Así, acompañados de la etiqueta "#AisladosPeroNoCallados", a lo largo de varios meses el colectivo ha hecho eco de denuncias relacionadas con la violencia en Colombia, los asesinatos de líderes y lideresas sociales y las masacres de jóvenes en distintas partes del país.

El día en que la Corte Suprema ordenó la detención preventiva del expresidente Álvaro Uribe (2002-2010) -contra quien hay abiertos más de 80 procesos judiciales- por presunta manipulación de testigos, el colectivo rompió su habitual práctica de los domingos y proyectó una imagen del mandatario con la mitad de la cara desfigurada y el mensaje "Hasta que la Justicia, hasta que la dignidad sea un derecho".  

Los mensajes contra el Gobierno del presidente Iván Duque, ahijado político del expresidente Uribe, también han sido una constante con un fuerte rechazo a su Administración, en la que según la Fiscalía, solo en los primeros dos años de mandato, han sido asesinados casi 300 líderes sociales.

Esta acciones se han expandido por varias ciudades. En Bogotá, el movimiento ciudadano Manifestación Social Audiovisual, MASA, ha sido otro de los principales difusores. Surgió en el contexto de la pandemia, de la mano de colectivos y activistas vinculados al mundo audiovisual que buscaron alternativas para expresar las inconformidades. 

Actualmente, MASA agrupa a 40 colectivos de múltiples regiones del país y organiza eventos virtuales en vivo difundidos en las redes sociales, en los que activistas y artistas de toda Colombia pueden expresarse mediante charlas, con proyecciones de mensajes de protesta o con la difusión de otros tipos de material audiovisual. 

Ita Torres, creadora audiovisual y una de las coordinadoras del movimiento, señala que ese tipo de expresiones ha permitido "reclamar el espacio público sin poner en riesgo la vida, ya sea por la pandemia, por las desapariciones forzadas o por la corrupción", así como no dejar caer en el olvido los distintos reclamos latentes en el país. 

Entre las proyecciones, que se realizan de manera simultánea desde balcones, terrazas o incluso en monumentos de la capital, plasman mensajes contra la desaparición forzada o videos, como la controversial serie web 'Matarife', en la que se narran hallazgos periodísticos que señalan presuntos nexos entre el expresidente Uribe con redes de narcotráfico, paramilitarismo y corrupción. 

Pero las demandas son más amplias: "Un llamado masivo a la dignidad", dice Torres a modo de resumen y enumera una extensa lista de reclamos al Estado, como el derecho a la tierra, la soberanía alimentaria, una Justicia sin privilegios para las clases dirigentes, la implementación de los Acuerdos de Paz firmados con la exguerrilla de las FARC en 2016, la protección ambiental o la educación pública.

Las violaciones contra niñas indígenas, un detonante más contra la violencia machista

De manera independiente, en el céntrico barrio de Chapinero, en Bogotá, el diseñador Rafael Puyana se puso manos a la obra cuando a finales de junio salió a la luz la noticia de que siete integrantes del Ejército colombiano habían secuestrado y violado a una menor de 13 años de la comunidad indígena embera, un caso que estremeció al país y sirvió de detonante para que se conocieran muchos otros casos similares.

Puyana proyectó entonces desde su barrio una imagen con tres mujeres abrazándose junto al mensaje "Nos queremos vivas, libres y sin miedo". Tras esta primera proyección, algunas artistas comenzaron a sumarse a la iniciativa y a proyectar mensajes en rechazo a la violencia de género en el país, así como a las violaciones de los derechos de las mujeres indígenas, muchas de las cuales acaban siendo víctimas del desplazamiento forzoso o la trata de personas.

"Vivas nos queremos", dice una ilustración con la imagen de una niña indígena de la diseñadora gráfica Chimilla Castañeda. La artista, quien hasta la pandemia nunca había salido a manifestarse, dice haber encontrado en las proyecciones un espacio para expresar su enojo. Significan una oportunidad para expresar "que (las víctimas) no se pueden olvidar", asegura. 

Tanto Chimilla, como Laura Mora e Ita Torres, ven en las proyecciones un altavoz útil en tiempos de confinamiento y remarcan la potencialidad que les brindan las redes sociales para multiplicar los mensajes de indignación. Sin embargo, como algunas de ellas, son muchos los que esperan una nueva normalidad para retomar la protesta en las calles. 

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