Las recetas económicas del Vaticano para hacer frente a la crisis por el Covid-19

Vista general de la basílica de San Pedro durante la primera audiencia general pública con público del papa Francisco tras la pandemia de Covid-19, el 2 de septiembre de 2020.
Vista general de la basílica de San Pedro durante la primera audiencia general pública con público del papa Francisco tras la pandemia de Covid-19, el 2 de septiembre de 2020. © Guglielmo Mangiapane / Reuters

El nombramiento de nuevos expertos en finanzas y medidas para implementar mayor austeridad en los gastos y más control sobre las licitaciones componen parte del paquete de medidas con las que el Estado autocrático busca paliar sus números rojos. Si bien la pandemia agravó la situación, las cuentas del Vaticano ya presentaban proyecciones negativas.

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Las finanzas del Vaticano suelen dar titulares. Escándalos, intrigas, luchas intestinas y disputas por el manejo económico de la institución han sido descritos, con minucia de detalles, por generaciones de periodistas. Este año, sin embargo, las caídas de la recaudación provocadas por la pandemia coinciden con cambios significativos para el funcionamiento de los aparatos económicos vaticanos.

De hecho, si, por una parte, el Vaticano ha anunciado ajustes y austeridad para hacer frente a sus números rojos, por la otra, el momento coincide con una serie de medidas que apuntan a centralizar las competencias de los órganos vaticanos y una cascada de nuevos nombramientos de superexpertos en finanzas.

Uno de los últimos, en orden cronológico, ha sido el nombramiento el pasado 4 de agosto del experto en finanzas español Maximino Caballero Ledo, quien fue elegido como secretario de la Secretaría de Economía del Vaticano, la cual a su vez está dirigida desde enero por el también español Juan Antonio Guerrero Alves. 

Ajeno al oficio religioso, Ledo llega al puesto con un curriculum llamativo. De hecho, tras licenciarse en Ciencias Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid y realizar un MBA en la IESE Business School, este experto ha trabajado en grandes multinacionales, entre ellos la farmacéutica estadounidense Baxter Healthcare Inc. 

En la misma línea está el caso de Fabio Gasperini, otro laico, exasesor de la consultora Ernst & Young, y quien también recientemente ha sido nombrado secretario de Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, el ASPA, la empresa que controla las propiedades del Vaticano. 

“Son figuras de relieve, lo que significa que han buscado personas con una alta capacidad para encontrar nuevas formas de generar ingresos”, señala Andrea Gagliarducci, vaticanista de la Catholic News Agency, quien aclara que esto, sin embargo, le supone al Vaticano tener que hacer frente al pago de salarios que “no son iguales a los de un sacerdote”.

Aun sin suponer el mismo esfuerzo económico para sus cajas, el Vaticano también ha anunciado la elección de siete nuevos expertos para el Consejo de Economía, otro de los principales organismos económicos de la institución, creado en 2014 por Francisco. 

Una decisión que ha llamado la atención sobre todo porque seis de los siete nuevos integrantes son mujeres. Están la alemana Charlotte Kreuter-Kirchhof, responsable de un movimiento que ayuda a estudiantes en dificultades económicas, y Marija Kolak, exejecutiva del banco Berliner Volksbank y hoy presidenta de una de las mayores asociaciones de bancos de Alemania. 

Integran la lista también dos británicas, Leslie Jane Ferrar y Ruth May Kelly, y dos españolas, María Concepción Osacar Garaicoechea y Eva Castillo Sanz.

Un nuevo "código de contratos" para evitar gastos innecesarios

A pocos se les ha escapado que estos nombramientos coinciden también con la entrada en vigor de un inédito “código de contratos”, una ley anunciada el 1 de junio, que deben implementar todos los entes económicos vaticanos. Su intención última es, según el Vaticano, evitar los gastos innecesarios, poner fin al clientelismo, y centralizar las competencias para un mayor control a la hora de asignar, por ejemplo, las licitaciones vaticanas. 

De ahí que la nueva legislación, de 86 artículos, establezca, entre otras cosas, que quedan excluidos como posibles adjudicadores aquellos que estén bajo investigación, quienes tengan condenas en primer grado por “participación en organización criminal, corrupción, fraude, delitos terroristas, reciclaje de fondos provenientes de actividades ilícitas”, los evasores fiscales y los residentes en “regímenes fiscales privilegiados”.

Además de ello, también se ha establecido la creación de comisiones de funcionarios vaticanos, que se turnarán para vigilar y evaluar a las personas que presentan sus ofertas para las licitaciones. Ningún miembro de estos comités podrá ser familiar “hasta el cuarto grado” de los posibles adjudicatarios y también serán excluidos quienes hayan sido cercanos “hasta el segundo grado” de sujetos que hayan presentado la oferta, o haya sido socio de ellos en los cinco años anteriores.

Por último, se procederá a una centralización de las competencias, con dos entes que de ahora en adelante actuarán como los principales protagonistas. Estos son: el ASPA, que aglutina los ministerios de la cura romana y las instituciones de la Santa Sede, y el llamado Governatorato, que es el organismo que se encarga directamente de la gestión administrativa de la Ciudad del Vaticano, según informó la institución.

Una crisis económica vaticana que se hizo pública 

En verdad, la crisis económica vaticana es pública. El propio prefecto de Economía, Guerrero Alves, la confirmó en mayo pasado, en una entrevista con Vatican News, un medio de comunicación del Vaticano. Guerrero Alves explicó que la previsión más optimista es que este 2020 los ingresos vaticanos se reduzcan un 25%; la más pesimista es que se desplomen un 45%.

El problema es que ya la proyección de inicios de año, antes de que explotara la pandemia, no era buena. En concreto, se estimaba un déficit de al menos 50 millones de euros.

Tanto así que algunos, como el vaticanista Iacopo Scaramuzzi, consideran que las verdaderas previsiones que circulan dentro del pequeño Estado teocrático son incluso peores. “Se va desde una previsión de incremento del déficit del 28% , pasando por un escenario intermedio (déficit del 83%) a uno pesimista (déficit del 175%)”, ha escrito Scaramuzzi, en las páginas del diario italiano La Stampa.

Posiblemente, según Scaramuzzi, una nueva proyección llegará después de la pausa veraniega de agosto, cuando el Vaticano recopile los datos de sus ingresos desde que se inició el levantamiento de las medidas de confinamiento, es decir, a partir de mayo pasado.  

Ya hay, sin embargo, algunas señales. Por ejemplo: la reapertura de los Museos Vaticanos, la verdadera gallina de los huevos de oro del Vaticano en tiempos normales, no ha supuesto la venta de la misma cantidad de boletos que el año pasado, según señalan los expertos. 

En tiempos normales, estos museos, unos de los más visitados en el mundo, “reciben 27.000 turistas diarios y dan una ganancia de entre 30 y 40 millones de euros. Pero los datos de junio y julio son terribles. Se habla de entre 2.000 y 3.000 visitantes diarios”, según el escritor y periodista Gianluigi Nuzzi. 

Los visitantes recorren una sala del los Museos del Vaticano durante su reapertura al público, el 1º de junio de 2020.
Los visitantes recorren una sala del los Museos del Vaticano durante su reapertura al público, el 1º de junio de 2020. © Andreas Solaro / AFP

“Además de ello, el Vaticano también está perdiendo dinero por la suspensión y reducción de los pagos de los alquileres de las decenas de edificios de su propiedad, unas concesiones que la institución aprobó para paliar los daños sufridos por sus inquilinos a causa del Covid-19”, añadió Andrea Gagliarducci. 

“La cuestión es que esta crisis se suma a las distorsiones estructurales del Vaticano, algo que se debe a sus altos gastos, el 45% de los cuales tienen que ver con los sueldos de sus funcionarios”, puntualiza Nuzzi, autor de un libro publicado en octubre pasado, ‘Giudizio Universale’, en que ya anunciaba que el Vaticano se encontraría al borde de la insolvencia.

Las donaciones del mundo católico, otra fuente de ingresos en duda

Dicho esto, para este año, una incógnita es cuánto dinero en donaciones del mundo católico (unos 150 países) ha recibido hasta ahora el llamado Óbolo de San Pedro, el cual, a causa de la pandemia, aún no ha sido abierto, como suele ocurrir todas las primaveras. La fecha prevista para esta operación es ahora el 4 de octubre.

Aún así, observadores como Nuzzi desconfían de los continuos cambios de personal en los dicasterios, así como de las medidas de austeridad que se han tomado hasta ahora, en el intento de paliar la crisis que sufren las cajas vaticanas. “No creo que estas medidas sean suficientes”, observa.  

Hasta la fecha, funcionarios del Vaticano informaron que se ha confirmado la suspensión de toda nueva contratación de personal, así como todas las promociones y los ascensos. Además de ello, también se ha comunicado la reducción de todos los gastos relativos a los viajes y las conferencias, actividades que, de momento, están en su mayoría suspendidas.

El papa Francisco mantiene sus denuncias al modelo económico desigual

A pesar de sus líos económicos, esta situación no ha distraído al Papa de sus denuncias sobre las distorsiones de las economías internacionales.

El pasado 26 de agosto, Francisco ha vuelto a quejarse por el modelo económico “injusto” de desigualdad que ahora se ha agravado con la pandemia. La "desigualdad" es un "virus que viene de una economía enferma”, afirmó Francisco.

Se trata de temas sobre los que, si el Covid-19 no lo impide, probablemente se discutirá en la reunión “The Economy of Francisco”, una especie de Davos católica, que se debería celebrar en los próximos meses con la presencia de economistas, expertos y ecologistas, en el intento de sanar a la economía desde dentro.  

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