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La lucha contra el hambre en Lesoto

En Lesoto, el hambre obliga a muchos a desplazarse a Sudáfrica en búsqueda de oportunidades de empleo.
En Lesoto, el hambre obliga a muchos a desplazarse a Sudáfrica en búsqueda de oportunidades de empleo. © Arte

Lesoto es un país ubicado en el sur de África y enclavado en el territorio de Sudáfrica. Cuenta con más de dos millones de habitantes pero al menos la cuarta parte de ellos padece hambre. La situación, aunque no se traduce en hambruna severa o factor de mortalidad en el país, genera una alta desnutrición. Por más de 50 años, la nación ha combatido esta problemática con las ayudas de organismos multilaterales o la comunidad internacional, pero no es suficiente... 

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En décadas pasadas, esa ayuda se tradujo en problemas para la nación, especialmente para los productores locales. El país ha enfocado sus esfuerzos agroalimentarios en la producción de maíz, una situación que se ha complicado este año por la sequía. 

La falta de alimentos ha llevado a muchos a cruzar la frontera para buscar fuentes de empleo en Sudáfrica. También hay quienes deciden viajar a la capital de la nación, Maseru, para dedicarse a la prostitución con la esperanza de, algún día, volver a la escuela. En otros, el hambre genera pensamientos negativos como robar o el suicidio. 

Adicionalmente, la nación cuenta con un alto número de afectados por VIH (30% mujeres y 25% en hombres) y en donde la falta de alimentos obliga a muchos a abandonar sus tratamientos retrovirales.  

Por todo ello, la escuela se convierte en un centro de esperanza. Allí, en medio del aprendizaje, muchos niños reciben una ración de alimentos, lo cual sirve para calmar el hambre por algunas horas.  

Un método olvidado por las autoridades 

Por años, el Gobierno de Lesoto ha trabajado en planes para ofrecer una efectiva producción de alimentos para la población pero pocos han tenido éxito.  

Sin embargo, James Machobane, un científico popular, diseñó un método que permite sembrar todo el año, incluso en época de sequía.  

Este consiste en utilizar elementos orgánicos como excremento de caballo, cenizas y mantener la humedad de los suelos para cosechar. Su método ha sido implementado por algunos granjeros con grandes resultados.  

No obstante, el Gobierno ha destinado pocas subvenciones para la masificación del mismo. Por ahora, el Ejecutivo centra su atención en la agroindustria, como una esperanza de poder ofrecer mayor cantidad de alimentos. Sin embargo, en el exterior, crece la preocupación debido a que la pandemia podría duplicar la cifras de hambre en la nación.  

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