Se complican las negociaciones para firmar un acuerdo comercial entre la UE y Reino Unido

El manifestante anti-Brexit Steve Bray sostiene pancartas mientras el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, camina con un séquito a una reunión en Westminster, Londres, Reino Unido, el 9 de septiembre de 2020.
El manifestante anti-Brexit Steve Bray sostiene pancartas mientras el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, camina con un séquito a una reunión en Westminster, Londres, Reino Unido, el 9 de septiembre de 2020. © Henry Nicholls / Reuters

Ambas partes viven un "periodo transitorio", que deben culminar con un acuerdo de comercio. Pero los tiempos no ayudan, y tampoco lo hace el primer ministro británico Boris Johnson, con una ley de Mercado Interno que modificaría el propio Acuerdo del Brexit. Bruselas le pide dar marcha atrás a esta ley, mientras que sus diputados critican el movimiento, con el que se reservaría el derecho a alterar el mecanismo para mantener abierta la frontera norirlandesa que acordó.

Anuncios

La Unión Europea y Reino Unido cerraron esta semana la octava ronda de negociaciones para sellar un acuerdo comercial. Negociaciones que siempre han sufrido palos en las ruedas y pocas esperanzas. El ajustado calendario lo ha hecho especialmente difícil, con solo ocho meses para cerrar un pacto que se tarda años en firmar.

Por si fuera poco, esta ronda de negociaciones ha estado bajo más presión que nunca, con una amenaza del Gobierno del primer ministro británico Boris Johnson: a saber que su Ejecutivo se prepara para no cumplir el acuerdo de salida que permitió al país desligarse de la UE.

Nueva ronda de negociaciones

Reino Unido abandonó la Unión Europea el pasado 31 de enero, pero desde entonces, y hasta el próximo 31 de diciembre, es como si nada hubiera cambiado. Hay un "periodo transitorio", en el que el país está fuera de la UE, pero se mantiene el comercio y la circulación de bienes y personas como si fuera un país comunitario más.

Ni las empresas ni los bancos lo notan. Tampoco hay cambios para los europeos que han emigrado a Reino Unido, ni para los británicos que hayan decidido irse a vivir estos meses a algunos de los 27 países de la comunidad europea. Durante este "periodo", Bruselas y Londres han estado negociando un acuerdo comercial que ha tenido varios contratiempos, entre ellos la pandemia de Covid-19, que ralentizó el trabajo sin reuniones presenciales.

El barrio popular de Barking, en el noroeste de Londres, votó en su mayoría a favor del Brexit en 2016.
El barrio popular de Barking, en el noroeste de Londres, votó en su mayoría a favor del Brexit en 2016. © Rémi Carlier

La UE insiste en que ofrece a Reino Unido un pacto en el que pueda vender sus productos libremente en territorio comunitario (un mercado de 450 millones de personas), sin cuotas de productos ni aranceles. A cambio, Bruselas le pide acceso a aguas territoriales británicas —clave para los barcos pesqueros, sobre todo de Francia y España— y que Reino Unido no actúe como competencia desleal. Es decir, convertirse en una especie de semi-paraíso fiscal con grandes ventajas a empresas y a países con los que mantenga acuerdos, como por ejemplo, EE. UU.

No obstante, dichas negociaciones se han ido complicando porque en estos puntos importantes no hay apenas avances. "Estoy decepcionado y preocupado", ha afirmado en varias ocasiones el negociador europeo, Michel Barnier. 

La octava ronda de negociaciones empezó con mal pie. Boris Johnson aseguró en un comunicado que si para el 15 de octubre no se cerraba un acuerdo comercial, su gobierno se prepararía para un escenario sin acuerdo. Una fecha que no está pactada con la Unión Europea; si bien es cierto, el propio Michel Barnier ha admitido que la fecha máxima debería ser "a finales del mes de octubre", con el objetivo de que el pacto pueda ser votado por la Eurocámara y el Parlamento británico. 

¿Qué lo ha complicado todo?

Según acusa Bruselas, las negociaciones comerciales no avanzan en ningún aspecto. Aunque Londres insiste en que "ha habido discusiones útiles". "Hemos discutido sobre todas las áreas [de negociación], hemos hecho constantemente propuestas con el objetivo de que haya una competencia abierta y leal", defendió el encargado británico David Frost, al término de la última negociación.

Sin embargo, en ese entonces Michel Barnier advirtió "que nadie debería subestimar las consecuencias prácticas, económicas y sociales de un no-acuerdo".

Todo se complicó aún más cuando el 8 de septiembre el Gobierno de Johnson propuso un proyecto de ley conocido como Ley de Mercado Interno, admitiendo además que incumple parte del Acuerdo de Salida con la UE, firmado en enero.

El primer ministro Boris Johnson ha provocado la ira europea con un proyecto de ley sobre el comercio posterior al Brexit.
El primer ministro Boris Johnson ha provocado la ira europea con un proyecto de ley sobre el comercio posterior al Brexit. © Stefan Rousseau / Pool / AFP

¿Por qué es tan controvertida esta ley? Cuando se firmó el Acuerdo del Brexit, se concluyó (con arduas discusiones) que en caso de que no se llegara a tiempo para firmar un acuerdo comercial, Irlanda del Norte seguiría alineada con las mismas normas aduaneras que la UE, para evitar así la creación de una frontera física que separa esta región con la República de Irlanda. 

Irlanda del Norte es una región británica que durante 40 años sufrió el terrorismo del IRA, un grupo terrorista que buscaba unirse con la República de Irlanda e independizarse de Reino Unido. Finalmente, en 1998, se firmó la paz y la disolución del grupo con la firma del conocido Acuerdo de Viernes Santo, uno de los pilares se basa en la desaparición de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, ya que la UE permite la libertad de circulación sin fronteras entre sus estados miembros. 

Pero con el Brexit, Reino Unido se convierte en un tercer país, ya no es miembro de la UE, y debe incluir fronteras con el resto de países europeos. Para evitarlo, se concluyó que Irlanda del Norte pudiera estar alineada con la UE para que las mercancías y las personas puedan moverse libremente sin que haya frontera. Los productos que pasen la frontera y que deban pasar por controles, se instalarán en el mar de Irlanda impidiendo así una frontera física.

Con la nueva ley, esta alineación aduanera con la UE no es tan clara y Londres se reserva el derecho de no cumplirla. Algo que viola el derecho internacional, porque el acuerdo firmado en enero es equivalente a un tratado internacional, que el gobierno de Boris Johnson firmó y es de obligatorio cumplimiento. 

El negociador por parte de la Unión Europea, Michael Barnier, sale de la reunión en Londres, Reino Unido, tras la negociación sobre el acuerdo final del Brexit, el 10 de septiembre de 2020.
El negociador por parte de la Unión Europea, Michael Barnier, sale de la reunión en Londres, Reino Unido, tras la negociación sobre el acuerdo final del Brexit, el 10 de septiembre de 2020. © Simon Dawson / Reuters

La propuesta de ley ha desconcertado a Bruselas. "Los pactos deben cumplirse", recordó la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. Tras una reunión urgente del comité que vela por el cumplimiento del Brexit, la UE elevó el tono y pidió que se retire en un plazo máximo de un mes, o se tomarán medidas legales.

"Me ha sorprendido la propuesta de ley de Reino Unido (…) no sabemos si esto es una estrategia; si quiere una mejora relativa de su posición negociadora; o es una señal de que el acuerdo firmado en enero no les gustó; o si significa que ganar en soberanía tras el Brexit es hacer lo que a uno le da la gana", criticaron fuentes diplomáticas al saber la noticia. 

Lo cierto es que en medio de una negociación de un acuerdo comercial la confianza es clave y ahora, desde Bruselas, es lo que está en entredicho. La próxima ronda de negociaciones se espera que tenga lugar la semana que viene.

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24