Guayana: el preocupante aumento en el tráfico de cocaína proveniente de Surinam

El tráfico de cocaína entre Guyana y París representa entre el 15 y el 20% de las entradas de esta droga a territorio francés.
El tráfico de cocaína entre Guyana y París representa entre el 15 y el 20% de las entradas de esta droga a territorio francés. © AFP

Ante la ola de tráfico de cocaína en Guayana, una comisión de investigación del Senado francés exigió el martes “una respuesta ambiciosa” contra ese fenómeno proveniente del país vecino Surinam y que prospera por la miseria social de esta región de ultramar. 

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Desde hace más de 20 años, el aeropuerto de Orly es objeto de un baile secreto. Unos hombres reciben personas solas que llegan en un vuelo proveniente de Cayena, en Guayana, y se encargan de sus equipajes. Sin embargo, estos solo contienen unas pocas prendas de ropa, las preciadas mercancías transportadas por estos viajeros se encuentran en realidad en sus cuerpos. En efecto, estas 'mulas' transportan varias decenas de cápsulas de cocaína cuidadosamente envueltas que ingirieron antes de su salida. 

Las autoridades francesas buscan una respuesta contra esta práctica, en fuerte crecimiento durante las últimas décadas. En un informe aprobado la semana pasada, una comisión de investigación del Senado recomienda “reforzar la política represiva, intensificando los controles y las incautaciones para disminuir la rentabilidad del tráfico y disuadir a los traficantes”. De igual manera, el documento exige establecer un "componente social ambicioso”, en términos de prevención y de reinserción. 

El tráfico de cocaína entre Guayana y París representa entre 15 y 20% de las entradas al territorio hexagonal, explicó el investigador Antoine Karam, senador de La República en Marcha (LREM) de Guayana, durante una conferencia de prensa. 

Según el informe de la misión, se estima que entre 20 y 30 'mulas' —los traficantes de cocaína— se suben en cada uno de los vuelos que salen de Cayena con destino a París. Un tercio de ellos lograrían su cometido sin ser detectados por las autoridades. 

Entre 20 y 30 mulas por vuelo Cayena-París

Este tráfico prospera por su proximidad con Surinam, país de tránsito de la droga desde los años 80: “Hubo una estructuración del tráfico desde 1980 en Guayana, luego en Surinam y, a finales de esa década una concentración en ese país.

Incluso habría llegado Pablo Escobar a Surinam para poner en marcha el tráfico, que inundó en particular los Países Bajos, la antigua metrópolis hacia la cual existen vuelos directos”, explicó David Weinberger, investigador en el Instituto Nacional de Altos Estudios de la Seguridad y de la Justicia (INHESJ, por sus siglas en francés), especialista en las rutas de la droga en América del Sur, durante su audiencia en el Senado a finales de junio.

“En el curso de los años 2005-2010, una diversificación de la ruta surinamesa empezó a afectar la Guayana. Una de las hipótesis que lo podría explicar sería que las acciones en los Países Bajos por mitigar el flujo de contrabandistas que llegaban al aeropuerto de Schiphol por la vía de la aviación comercial provocaron un efecto de transferencia hacia Guayana”, detalló recientemente el investigador en una entrevista con RFI, resaltando que sin embargo, a pesar de la diversificación, la ruta de Surinam seguía siendo muy activa. 

“La cocaína que transita por Guayana proviene de manera casi exclusiva de Colombia, pasando por Surinam, que constituye un centro regional: en Surinam es posible comprar cocaína al por mayor, al por menor, en forma de polvo, líquida –más difícil de identificar—o incluso maletas en las que el mismo plástico es la cocaína”, explicó en el Senado. 

Un tráfico que prospera gracias a la miseria social

En Guayana, donde la mitad de la población vive por debajo del umbral de pobreza, los traficantes reclutan sus mulas aprovechando que la miseria social ofrece muy pocas perspectivas de futuro, en particular en Saint-Laurent-de-Maroni, segunda ciudad del país y fronteriza con Surinam.

Sin perspectiva de empleo, los jóvenes son reclutas fáciles para los traficantes de droga de Surinam, quienes los envían a la metrópolis con el vientre cargado de cápsulas de cocaína. 

“En el oeste guayanés, el desempleo afecta a gran parte de la población, más del 50% entre los 18 y los 25 años. En ese contexto, es tentador para esas personas aprovechar la posibilidad de ganar entre 3.500 y 4.000 euros por viaje. Un cierto número de actores le reprochan al Estado no intervenir para impedirles que lo hagan”, explicó Marc Del Grande, prefecto de Guayana, durante su audiencia a finales de mayo.

Sin embargo, los jóvenes guayaneses no son los únicos objetivos de los traficantes. “El adversario se adapta: al principio, se trataba principalmente de jóvenes provenientes del oeste guyanés, pero cuando las fuerzas del orden empezaron a concentrarse en los hombres jóvenes que venían de Saint-Laurent-du-Maroni, los traficantes empezaron a reclutar madres jóvenes con niños, luego personas de más edad”, detalla el prefecto. “Justo antes del comienzo del confinamiento, observamos una nueva tendencia: los traficantes reclutaban sobre todo jóvenes provenientes de barrios sensibles de Francia que venían a Guayana y transportaban la droga durante su viaje de regreso”. 

Reforzar la represión y la prevención

El informe aprobado el martes 15 de septiembre de manera unánime por la misión de informaciones “Tráfico de estupefacientes provenientes de Guayana” tiene pensado actuar en dos niveles: una intensificación de la política represiva y un “componente social ambicioso”.

“La verdadera solución es atacar las redes por medio de incautaciones masivas”, resaltó el presidente de la misión, Olivier Cigoletti, senador del Alto Loira (Unión centrista). El informe también recomienda aligerar los procedimientos “sobre todo la cadena penal, con el fin de evitar la embolia” judicial.

Cigoletti también propone confiarle el aspecto preventivo al prefecto “en estrecha asociación con la Colectividad territorial de Guyana, una misión de impulso de la política de prevención y de coordinación de las iniciativas locales” y “aumentar los créditos otorgados a la prevención”. 

Finalmente, sugiere mejorar la cooperación internacional, reforzando el papel de Francia en la zona Caribe en materia de lucha contra el tráfico de estupefacientes e intensificando su cooperación bilateral con los países vecinos, en particular Surinam. 

“El desmantelamiento de los grupos criminales de gran amplitud (…) pasa por la cooperación con Surinam, Brasil, Venezuela, Colombia, sin hablar de los Países Bajos, que poseen elementos de información importantes sobre las redes surinamesas”, estimó David Weinberger ante el Senado. 

 

Este artículo fue adaptado de su original en francés 

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