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Australia aprueba dos polémicos proyectos sobre energías fósiles

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Sídney (AFP)

Australia aprobó dos controvertidos proyectos de extracción de energías fósiles, presentados como cruciales para el empleo, pero que sus detractores critican por su impacto mediambiental en un país muy afectado por el cambio climático.

Las autoridades de Nueva Gales del Sur anunciaron el miércoles su luz verde condicional para un proyecto de extracción de gas metano de carbón, de 3.600 millones de dólares australianos (2.100 millones de euros, 2.600 millones de dólares), llevado a cabo por el grupo australiano Santos.

La primera ministra de este estado, Gladys Berejiklian, del Partido Liberal del primer ministro australiano Scott Morrison, dijo sentirse "aliviada" después de que una comisión independiente diera su visto bueno a Santos y añadió que el gas era "crucial para nuestra futura seguridad energética".

Este proyecto es un pilar de la estrategia de Morrison, la de "la recuperación económica alimentada por el gas" para salir de la crisis provocada por el coronavirus, que sumió al país en su primera recesión en casi tres décadas.

Santos planea crear 850 pozos en una superficie de 1.000 hectáreas, con la idea de suministrar la mitad del gas del estado más poblado, cuya capital es Sídney.

La oposición ecologista denunció el impacto de este proyecto en los bosques y tierras agrícolas de Narrabri, al noroeste de Sídney. Y fustigó sobre todo el hecho de que el primer ministro conservador sigue apostando por las energías fósiles "en un momento en el que el mundo hace su transición hacia las energías sostenibles y donde los países refuerzan sus compromisos a favor del clima", en palabras de la diputada verde Cate Faehrmann.

El martes, el gobierno de Queensland dio su acuerdo definitivo para la que será la tercera mayor mina de carbón de este estado del nordeste. Las autoridades estiman que durará unos 80 años y dará empleo a unas mil personas.

Para la oposición, este proyecto, que permitirá extraer hulla para la fabricación de acero, implicará destruir zonas boscosas donde viven los koalas.

Estos proyectos fueron validados en un contexto en el que muchos pensaban que la pandemia era la ocasión de imponer un vuelco económico en Australia, que desde hace un siglo basa su desarrollo en la explotación de recursos naturales.

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