¿Qué hay detrás del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno Karabaj?

Soldados de etnia armenia saludan mientras viajan en la parte trasera de un camión en la región separatista de Nagorno Karabaj el 29 de septiembre de 2020.
Soldados de etnia armenia saludan mientras viajan en la parte trasera de un camión en la región separatista de Nagorno Karabaj el 29 de septiembre de 2020. © Vahram Baghdasaryan

Los combates entre armenios y azeríes no son nuevos y sacan a la luz una disputa étnica y religiosa enquistada desde hace décadas. La región de Nagorno Karabaj es un enclave de mayoría étnica armenia y de cristianos ortodoxos incrustado en el territorio de Azerbaiyán, un estado de confesión musulmana y formado por una mayoría túrquica.

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Las miradas del mundo están, desde el 27 de septiembre, puestas en el territorio de Nagorno Karabaj, una zona no muy habituada a ser foco de la prensa internacional, pero que esconde un importante conflicto geopolítico, estratégico, étnico, histórico y religioso entre Armenia y Azerbaiyán, que ha permanecido latente durante décadas con repuntes de violencia que esta vez parecen tomar un carácter más firme.

Los combates se han intensificado en las últimas horas entre los separatistas de Nagorno Karabaj, las tropas armenias y las azeríes hasta el punto de que diversos actores internacionales han solicitado el cese de las hostilidades y otros, como Turquía, han entrado de lleno en favor de la causa de Azerbaiyán.

Este enfrentamiento no es nuevo, ya que entre 1988 y 1994 hubo una guerra por el control del territorio que terminó con más de 30.000 fallecidos y una situación enquistada que se prolonga hasta el día de hoy. Pero para comprender mejor los motivos de estos combates es necesario desgranar la historia y la diversidad que envuelven a estos territorios.

El Cáucaso, un punto de confluencia de civilizaciones

A pesar de no tener una gran extensión, la región del Cáucaso ha sido históricamente un punto de confluencia y choque de civilizaciones, culturas y religiones. En esta pequeña área hay un sinfín de etnias, se hablan hasta 40 idiomas y se profesan diferentes variantes de diversas religiones.

Para entender el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán hay que tener presente que el estado armenio está formado por una mayoría de etnia armenia que profesa una de las versiones más primitivas y antiguas del cristianismo desde hace siglos, la iglesia Apostólica Armenia. Azerbaiyán, por su parte, concentra un grueso de población túrquica que tiene al islam en su variante chiita como confesión mayoritaria.

Con la confirmación de lo que entendemos por un estado moderno, los problemas florecieron en esta región, ya que hay enclaves étnicos y religiosos. Este es el caso de Nagorno Karabaj, que pese a estar incrustada en medio del territorio de Azerbaiyán, tiene una mayoría de habitantes que son armenios étnicamente y cristianos ortodoxos de religión, Una particularidad que es la fuente de los conflictos.

Estados como Azerbaiyán, Armenia o Georgia son históricamente muy jóvenes, ya que sus territorios estuvieron siempre dominados por grandes imperios, como el ruso o el otomano, y tras su formación después de la firma del Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial, fueron absorbidos a comienzo de los años 20 por la URSS, esto hace que su independencia legal tenga un recorrido histórico muy corto.

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La Unión Soviética supuso un periodo de coexistencia de estas etnias y diferentes visiones religiosas bajo la órbita socialista, pero también de implementación de rivalidades para beneficiar el control de Moscú. Vladimir Rouvinsky, profesor de relaciones internacionales de la Universidad ICESI y experto en Rusia y el Cáucaso, asegura que “desde la órbita soviética siempre se buscó beneficiar a uno u otro pueblo en momentos puntuales e implementar pequeñas rivalidades regionales para asegurar el control de la zona”.

La situación se mantuvo estable hasta que afloraron los nacionalismos en las repúblicas soviéticas y la URSS se encaminaba hacia el colapso. A partir de este momento, los conflictos étnicos y las tensiones aumentaron. 

El conflicto de Nagorno Karabaj

El gran conflicto se produjo entre 1988 y 1994 y coincidió con las independencias de Azerbaiyán y Armenia, que pasaron de ser repúblicas socialistas soviéticas a estados independientes. En este contexto, Nagorno Karabaj, que había pertenecido siempre a la República Socialista de Azerbaiyán como una región diferenciada, solicitó unirse a Armenia, pero Azerbaiyán se negó.

“Para Azerbaiyán era un peligro ceder a Armenia una parte tan significativa de su territorio y se opuso tácitamente a la anexión, a pesar de que en un referendo en Nagorno Karabaj saliese que el 90% de la población quería unirse a Armenia. Ante esto la contestación de Armenia fue defender los intereses de Nagorno Karabaj y decidió intervenir”, explica el codirector de El Orden Mundial, Eduardo Saldaña.

La guerra librada fue una de las más sangrientas de la última década del siglo XX. Según el profesor Rouvinsky, en ella “se adquirieron formas de combate y aniquilación casi medievales” que desencadenaron en un sangriento balance de 30.000 muertos, 25.000 de los cuales fueron del lado azerí. La superioridad armenia era abrumadora gracias a su principal aliado, Rusia, y consiguieron que Azerbaiyán perdiera control sobre Nagorno Karabaj y un cinturón alrededor de esta región, que pasó a control militar armenio.

En la imagen aparece el enclave de Nagorno Karabaj, situado en medio del territorio de Azerbaiyán y origen del conflicto entre este país y Armenia.
En la imagen aparece el enclave de Nagorno Karabaj, situado en medio del territorio de Azerbaiyán y origen del conflicto entre este país y Armenia. © France 24

 

Nagorno Karabaj no se unió a Armenia, pero se constituyó como la República de Artsaj. Un estado independiente de facto que posee una bandera muy similar a la armenia, que mantiene relaciones con este país pero que, sin embargo, no es reconocido por ningún miembro de la ONU, ni siquiera Armenia. Para Saldaña esto se explica porque “aunque la mayoría de la ciudadanía de Nagorno Karabaj quiere pertenecer a Armenia y Armenia quiere ocupar este territorio, es menos problemático que se forme una república independiente, aunque sea sobre el papel”.

 

La firma del alto el fuego en 1994 se dio bajo el amparo de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) y el Grupo de Minsk, un organismo presidido por Estados Unidos, Rusia y Francia que tiene como objetivo poner fin al conflicto en la zona, pero los resentimientos prevalecieron, en especial desde el lado azerí.

Los 'Principios de Madrid', un intento fallido de resolver el conflicto

Los conflictos esporádicos siguieron existiendo tras el fin de las hostilidades en 1994, pero no de forma sostenida. Todo quedó paralizado durante un tiempo. “Si no se mantuvieron los enfrentamientos armados durante tantos años de forma sostenida es por la imposibilidad de ambos actores, debido a las crisis económicas y los conflictos internos”, explica Rouvinsky.

La OSCE y el grupo de Minsk trataron de dar salida a un conflicto latente que podía volver a estallar en cualquier momento, en especial porque Armenia mantuvo sus tropas en el territorio que rodea a Nagorno Karabaj durante este tiempo. Esa posible vía fueron los 'Principios de Madrid' de noviembre de 2007. Los representantes de Armenia y Azerbaiyán coincidieron en varios puntos del acuerdo, pero no en la forma de realizar la desmilitarización de Armenia en la zona ocupada.

Los puntos que se contemplaban eran: el retiro de tropas armenias del cinturón en torno a Nagorno Karabaj, la garantía de autogobierno y seguridad para esta región, la posible celebración de un referendo sobre su futuro, la existencia de un corredor con Armenia y la facilitación del regreso de los refugiados y desplazados. Pero todo esto quedó en nada.

Saldaña destaca en este fracaso el papel de “la poderosa diáspora armenia”. Lobbies como el Comité Nacional Armenio de Estados Unidos (ANCA, por sus siglas en inglés) intentaron persuadir a Barack Obama para que rechazara estos principios por considerarlos “antidemocráticos”. La realidad es que Armenia tenía mucho que perder y nada que ganar y le interesaba más el status quo.

¿Azerbaiyán tiene ventaja en este conflicto?

Aunque en 2016 se registraron enfrentamientos armados, en lo que se conoció como "La Guerra de los Cuatro Días”, esta escalada parece ser más seria. Tanto Rouvinsky como Saldaña sostienen que “esta guerra responde a los intereses de ambos mandatarios para unificar al país con un discurso nacionalista y eliminar cualquier signo de oposición ante la crisis económica”.

Ni el presidente azerí, Ilham Aliyev, ni el armenio, Armén Sarkissian, pasan por su mejor momento de popularidad. Saldaña afirma que “ambos son países dictatoriales con una concepción profundamente nacionalista”. Rouvinsky añade que “la situación militar de los dos países respecto a hace cuatro años es muy diferente, ya que se han rearmado”.

La estrategia de Azerbaiyán es de destacar. “El Gobierno azerí sabe que cuenta con todo el apoyo militar turco. Recep Tayyip Erdogan lleva meses interviniendo en conflictos extranjeros para alentar el nacionalismo turco y acallar las críticas internas y ahora el tema de Nagorno Karabaj le viene bien”, señala Saldaña.

La gente lleva el ataúd de un miembro de las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán que supuestamente fue asesinado durante los combates en la región separatista de Nagorno-Karabaj, durante un funeral en el distrito fronterizo de Tartar en Azerbaiyán el 29 de septiembre de 2020.
La gente lleva el ataúd de un miembro de las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán que supuestamente fue asesinado durante los combates en la región separatista de Nagorno-Karabaj, durante un funeral en el distrito fronterizo de Tartar en Azerbaiyán el 29 de septiembre de 2020. © Aziz Karimov / Reuters

La animadversión entre el pueblo armenio y el turco es total, ya que los primeros sufrieron un genocidio sostenido durante la Primera Guerra Mundial que no es reconocido por Ankara y que terminó con la vida de más de un millón de personas entre 1915 y 1923.

Por otro lado, desde Bakú son conscientes de que Armenia ha perdido a Rusia como aliado incondicional desde la llegada al poder de Sarkissian en 2018 y que Estados Unidos no se va a involucrar de lleno a un mes de sus elecciones presidenciales. Rouvinsky señala que “Armenia no tiene nada que hacer en este conflicto porque se encuentra sola” y destaca que Rusia “solo intervendría en favor de los intereses armenios si se vieran acorralados”, algo que de momento está lejos de pasar.

Eduardo Saldaña asegura que “de momento, las fuerzas azeríes están atacando el cordón militar armenio en torno a Nagorno Karabaj, zonas que les pertenecen pero que están ocupadas, por lo que eso no motivará una ayuda internacional en favor de Armenia”.

“Otra cuestión sería que las tropas de Azerbaiyán cruzaran la línea de bombardear la capital de Nagorno Karabaj o ciudades armenias, ahí creo que Rusia se vería obligada a intervenir porque, pese a las desavenencias, Armenia sigue siendo un lugar estratégico para los intereses de Moscú”, señala el codirector de El Orden Mundial.

Ambos analistas coinciden en que existe un riesgo en que el conflicto escale en gravedad ante la intervención de actores internacionales. Saldaña considera que “el papel clave para un alto el fuego lo tienen Rusia y Turquía y, en menor medida, la OSCE”. El riesgo ahora está en que Turquía y Rusia, aliados sobre el papel, mantengan un conflicto indirecto como el visto en Siria, en el que cada uno se mantiene firme en la defensa de sus aliados, aunque pidan la paz en público.

Durante las próximas semanas se podrá desgranar si estos enfrentamientos, que ya dejan más de un centenar de fallecidos, se frenan en seco como acotamientos pasados o si desembocan en un conflicto a gran escala con varios actores involucrados. Pero lo que parece verdaderamente complicado es terminar con el conflicto dada su complejidad y los rencores históricos entre Armenia y Azerbaiyán.

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