La historia de la caravana de migrantes que confrontó a Guatemala y Honduras

Un hombre le toma la temperatura a una migrante de Honduras que intentaba llegar a Estados Unidos, luego de que las autoridades guatemaltecas los escoltaran de regreso. La fotografía fue tomada en Puerto Barrios, Guatemala, 3 de octubre de 2020.
Un hombre le toma la temperatura a una migrante de Honduras que intentaba llegar a Estados Unidos, luego de que las autoridades guatemaltecas los escoltaran de regreso. La fotografía fue tomada en Puerto Barrios, Guatemala, 3 de octubre de 2020. © Luis Echeverría / Reuters

Desde Ciudad de Guatemala, un alto funcionario de la Cancillería acusó a Tegucigalpa de no querer recibir a los miles de migrantes deportados, mientras que el Gobierno hondureño respondió diciendo que todo era información falsa. Esta es la nueva tensión en medio de la política común centroamericana para frenar la migración hacia Estados Unidos.

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La caravana de más de 3.000 migrantes que intentó cruzar Guatemala con rumbo hacia Estados Unidos terminó en una tensión diplomática de dos países del Triángulo del Norte de Centroamérica.

Las cancillerías de Guatemala y Honduras intercambiaron mensajes en los que el primer país acusó al segundo de no querer recibir de vuelta a los migrantes que están siendo repatriados, mientras que el Estado hondureño negó esa información.

La historia comenzó el miércoles 30 de septiembre cuando miles de hondureños partieron de la estación de buses de San Pedro Sula hacia el paso fronterizo de El Corinto, que conecta con Guatemala. Esta era la cuarta caravana de migrantes en 2020 y la primera durante la pandemia del Covid-19 que intentaba llegar a Estados Unidos.

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Un día después de que los migrantes llegaran a Guatemala, el Gobierno de este país declaró estado de prevención en seis departamentos que les quedaban a su paso, luego de que la caravana rompiera los cercos militares que pretendía contenerla, ya que la mayoría cruzaron sin las mascarillas sin hacerse pruebas del virus. El presidente guatemalteco Alejandro Giammattei prometió entonces que los detendrían a todos para devolverlos a Honduras.

Y este 4 de octubre, la promesa ya se ha cumplido. Los camiones del Ejército guatemalteco devolvieron hacia Honduras a más de 3.500 personas, según las cifras oficiales. La mayoría de migrantes fueron encontrados a pesar de que la caravana se disolvió entre quienes siguieron el rumbo hacia la ciudad norteña de Petén y quienes se fueron hacia el suroeste para alcanzar la frontera con México.

La versión del Gobierno guatemalteco es que "optaron por retornar de manera voluntaria", a pesar de que las razones para migrar lejos de Honduras permanecen. Mónica Toruño, de 36 años, le dijo a la agencia AFP que ella decidió participar de esta caravana con su hijo de 6 años porque en su país de origen la pandemia empeoró la crisis económica.

"Nunca pensé someter a mi hijo a esto, pero me quedé sin trabajo por el coronavirus", contó Toruño, quien sobrevivía lavando y planchando ropa ajena. Otros buscan asilo porque dicen que en Honduras no hay empleo suficiente y la violencia de las pandillas los pone cada vez en más riesgo.

Los señalamientos desde Ciudad de Guatemala a Tegucigalpa

La mayoría de ellos no lograron cruzar ni siquiera Guatemala. Su deportación fue precisamente lo que originó las inconsistencias entre los dos gobiernos centroamericanos. La primera, por ejemplo, es que Honduras reporta una cifra mucho menor que la de Guatemala frente a los connacionales que fueron devueltos, pues hasta el sábado contabilizaba 704 migrantes de la caravana, que no es ni siquiera una tercera parte de los casos de los que habla el Gobierno de Giammattei.

El otro punto de la discordia son los señalamientos desde Ciudad de Guatemala. El vicecanciller Eduardo Hernández afirmó a través de un comunicado el sábado 3 octubre que las autoridades migratorias hondureñas se negaban "a recibir de regreso a sus connacionales". El funcionario agregó que los esfuerzos guatemaltecos se verían "rebasados si el Gobierno hondureño no realiza las acciones de prevención y contención debida y de manera continuada".

A las pocas horas, el Gobierno hondureño de Juan Orlando Hernández respondió que esa afirmación era falsa y que las palabras del vicecanciller carecían de fundamento. "En ningún momento se han aplicado restricciones de índole migratoria o sanitaria para el ingreso vía terrestre de connacionales del país", expresó la Secretaría de Relaciones Exteriores de Honduras a través de un comunicado.

Desde Tegucigalpa, la Cancillería terminó su intervención invitando a sus homólogos a usar los canales diplomáticos tradicionales para evitar "la divulgación de información distorsionada".

Frenar a los migrantes, un pacto del Triángulo del Norte

Pese a las diferencias sobre la nueva caravana, Honduras y Guatemala suelen estar de acuerdo en su política migratoria. De hecho, ambos países −junto con El Salvador− tienen acuerdos con Estados Unidos para frenar a los migrantes antes de que estos lleguen a la frontera sur del país norteamericano.

Los centroamericanos, por ejemplo, hicieron diferentes pactos con el Gobierno de Donald Trump en 2019 para que las naciones del Triángulo del Norte se convirtieran en un tercer país seguro. Esto significa que cualquier persona que aspire a un asilo político en Estados Unidos y esté en alguno de los tres territorios centroamericanos deberá hacer la solicitud desde allí y parar su camino hacia el norte. Además, esos gobiernos latinos endurecieron sus fronteras con el uso de la fuerza militar.

Para lograr todos estos acuerdos, la Administración Trump presionó a los gobiernos centroamericanos retirándoles una ayuda financiera hasta que tomaran medidas para contener la migración y amenazando con imponer aranceles a las exportaciones que salieran de Centroamérica. Y es que lo que ocurre en el Triángulo del Norte es vital en la política migratoria estadounidense, ya que un 72% de migrantes aprehendidos en la frontera con México en agosto de 2019 provenían de El Salvador, Guatemala y Honduras, según el Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos.

Por eso, el país norteamericano ha seguido de cerca todo lo relacionado con las caravanas migrantes y esta no es la excepción. Prueba de ello es que a las horas de que Guatemala anunciara la deportación de miles de hondureños, la Embajada estadounidense le agradeció públicamente al Gobierno de Giammattei.

Por su parte, el presidente guatemalteco reiteró el mensaje con el que quiere posicionar a su Administración: que son respetuosos del derecho humano de migrar, pero que no tolerarán que los hondureños entren al país de manera "violenta e ilegal".

Con AFP y EFE

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