Serie - Migrantes en Lesbos

"Tristeza, miseria": entre las cenizas del campo de Moria (2/4)

En el antiguo campo de Moria el fuego fundió los contenedores donde vivían los migrantes pero también donde funcionaba la Oficina de Asilo de la Unión Europea y de la ONU.
En el antiguo campo de Moria el fuego fundió los contenedores donde vivían los migrantes pero también donde funcionaba la Oficina de Asilo de la Unión Europea y de la ONU. © France24/Erika Olavarría

En el segundo capítulo de nuestra serie desde Lesbos, en Grecia, nuestros enviados especiales visitaron las ruinas del antiguo campo de Moria, siniestrado el 8 de septiembre. Entre los escombros, aún algunos demandantes de asilo deambulan recuperando aquello que pudo salvarse del fuego.

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Hatifa, migrante afgana, es una de las pocas personas que se ven transitar por el quemado campo de Moria. La mujer, madre de un niño de tres años y medio y de una bebé de apenas nueve meses, viene a buscar en lo que fuera su casa, algunas prendas de vestir para sus hijos.

La construcción hecha de plástico y algunos palos es de las pocas en haber sobrevivido al violento fuego que terminó con el mayor campo de migrantes de Europa el pasado 8 de septiembre. Al interior del que fuera su hogar, Hatifa verifica el estado de decenas de prendas de vestir: “El invierno pasado hizo mucho frío. Mi bebé nació aquí en el campo y casi se muere de frío”, explica entre sollozos.

Hoy Hatifa vive en el nuevo campo de Kara Tepe, pero en un comienzo no quería entrar: "Vagué durante dos semanas, dormí en la calle con mis niños pequeños pero nos obligaron a entrar al nuevo campo que ni siquiera tiene baño. Tengo que lavar a los niños en el mar con agua sucia".

El campo de Moria había sido construido originalmente para 2.800 personas que dormían en contenedores que quedaron fundidos por el fuego.

La peor parte del incendio, sin embargo, se la llevaron unos 10.000 demandantes de asilo que vivían en construcciones ligeras en los olivares vecinos, en una zona ilegal llamada 'La jungla'.

Archivo: Refugiados y migrantes que llevan sus pertenencias huyen de un incendio que arde en el campamento de Moria en la isla de Lesbos, Grecia, el 9 de septiembre de 2020.
Archivo: Refugiados y migrantes que llevan sus pertenencias huyen de un incendio que arde en el campamento de Moria en la isla de Lesbos, Grecia, el 9 de septiembre de 2020. © Alkis Konstantinidis / Reuters

De esas construcciones solo quedan trozos de madera quemados entre los cuales se distingue un zapato de bebé, botellas de agua fundidas y hasta un producto anti-mosquitos. Por allí todavía circulan voluntarios de oenegés que también vienen a rescatar algunas infraestructuras.

La oficina de asilo de la Unión Europea que funcionaba en Moria es también un enjambre de hierro fundido. Más enteras en cambio quedaron las dependencias del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados: aún hay tirados por el suelo algunos panfletos, o la ficha de inscripción de los demandantes de asilo donde se detalla en distintas lenguas la subvención de 90 euros mensuales recibida por persona.

Varios funcionarios municipales trabajan en el día entre los escombros para recuperar fierros o materiales. Para ellos el siniestro criminal es el epílogo de una crisis migratoria que se inició en 2015; pero que a ojos de los locales ni el acuerdo de la Unión Europea con Turquía para evitar el ingreso de migrantes de manera ilegal pudo poner fin.

“Es una mezcla de tristeza, miseria", explica uno de ellos. Este camionero, recuerda que "al comienzo había niños sin zapatos que caminaban por las calles, que lloraban y nosotros los ayudamos. Pero siempre junto a las buenas personas hay otras que causan problemas”, lamenta.

Otro de sus colegas que acarrea maderas asegura que lo que está pasando frente a sus ojos es “malo, triste. Queremos lo mejor para ellos, pero también para nosotros, los locales”, sentencia.

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