Serie - Migrantes en Lesbos

Gobierno griego arremete contra los otros campos de migrantes en Lesbos (3/4)

Los responsables del campo de Pikpa, en Mytilene, la capital de Lesbos, realizan una serie de acciones de comunicación para impedir el cierre de la estructura después de 8 años de funcionamiento.
Los responsables del campo de Pikpa, en Mytilene, la capital de Lesbos, realizan una serie de acciones de comunicación para impedir el cierre de la estructura después de 8 años de funcionamiento. © Cortesía Lesvos Solidarity - Pikpa

Moria no era el único campo de demandantes de asilo que había en la isla de Lesbos, allí funcionan otros dos establecimientos citados como ejemplo de acogida digna. En medio de la polémica por esta nueva crisis migratoria, Atenas ha puesto fecha al cierre de estas estructuras que albergan a personas vulnerables.

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En el campo de Pikpa un grupo de niños juega en una plaza. Marjan, iraní de religión cristiana, organiza sus ollas en la terraza de la cabaña que le han asignado como residencia. Hace dos meses llegó aquí huyendo de Moria, donde pasó 11 meses y donde otros refugiados la golpearon en el brazo. Ella denuncia, "por motivos religiosos".

Marjan está triste porque se ha enterado que van a cerrar el campo de Pikpa: "Quieren cerrar este campo. Estoy muy preocupada por mi hijo, que al fin pudo volver al colegio después de dos años. Moria es el infierno".

La mujer explica que el niño recibe también apoyo psicológico en Pikpa: "Quedó traumatizado con la violencia que vio en Moria, Moría es el infierno”, insiste Marjan en momentos en que Mani, su hijo, entra a la casa para tomar un té.

Mani aprende inglés en Pipka y va a un colegio que funciona en el campo al que también asisten niños de la isla donde usan la metodología de la Forest Education, una enseñanza al aire libre: "Moria no es bueno, en Moria no hay baños, no hay comida", confirma el pequeño.

Pikpa es una iniciativa de los locales en la que participan voluntarios y trabajadores de distintos países, entre ellos el chileno Joaquín O’Ryan y que funciona en unos terrenos de la municipalidad ocupados por los activistas.

A juicio del chileno, "el Gobierno central de Grecia quiere cerrar esta estructura y otras que son alternativas al campo de urgencia que han creado tras el incendio porque estamos en su camino como un espacio de dignidad, que lleva luchando desde hace ocho años por proveer servicios y espacios comunitarios, de apoyo mutuo. Eso es justamente lo que el Gobierno no puede tolerar, que no puede controlarnos”.

El Ministerio de Migración pretende cerrar también antes de fin de año el antiguo campo de Kara Tepe administrado por la municipalidad y donde viven 800 personas, en su mayoría familias vulnerables.

Stratis: "No son como los buenos griegos"

El pueblo de Paniagouda, una caleta de pescadores, está justo al frente del nuevo campo. Desde la terraza de Caprice, uno de los cafés ubicados en primera línea de mar, se ven las carpas del nuevo campo de Kara Tepe levantado en urgencia por el Gobierno griego para acoger a los habitantes de Moria.

Stratis, un pescador que pinta su bote, no esconde su malestar. "No estoy contento con el campamento. Primero porque ellos no tienen modales y segundo porque no todos huyen de la guerra. Esto es duro para este pueblo; causan problemas, muchos problemas, ellos se han subido a mi barco y han sacado las cosas, tres veces. No son como los griegos, por supuesto que hay parásitos en Grecia, pero ellos no son como los buenos griegos", sentencia el hombre. 

Un refugiado en el nuevo campamento improvisado de Kara Tepe, después del devastador incendio del campo de Moria, en Lesbos, Grecia.
Un refugiado en el nuevo campamento improvisado de Kara Tepe, después del devastador incendio del campo de Moria, en Lesbos, Grecia. © Reuters

Vassiliki, otra vecina que toma su café junto a su madre, se queja de que los migrantes caminan por la carretera en las afueras del campo en la ruta hacia la capital, Mytilene: "Nos han dejado de lado, miren esto, los vecinos que conducen hasta Mytilene tienen que atravesar este desorden. Nos obligan a ver toda esta suciedad, esta inmundicia".

Kostas Moutzouris, el gobernador de las islas del norte del Mar Egeo, ha decidido presionar a Atenas para sacar a los migrantes de los territorios que administra.

Él explica que los migrantes, "al comienzo eran refugiados que huían de la guerra en Siria" y fueron "bien recibidos por los griegos". Pero la población "ha cambiado y ahora son sobre todo migrantes 'económicos' y eso no se detiene jamás. La gente aquí no resiste más"

Moutzouris dice que esta mañana lo ha visitado un grupo de habitantes que quería disparar a los migrantes: “Yo les dije, no hagan nada, resolveremos los problemas con paz y respeten la ley, que todo lo que hagamos sea bajo la ley”.

El gobernador asegura que hay gente en Lesbos que cree que “el país va a ser influenciado religiosamente” u otros que piensan “que la raza griega es la mejor”. “Yo no comparto eso, todos somos seres humanos y debemos ser respetados. Pero no entiendo por qué la gente de aquí debe llevarse la peor parte y no el resto de países europeos”.

Hace cinco años, Lesbos fue conocida como la isla de la solidaridad. Es claro que el ambiente ha cambiado. Para calmar los ánimos, el gobierno conservador se ha comprometido a sacar de la isla, antes de la Semana Santa del próximo año, a los 12.000 habitantes que tenía Moria en el momento del incendio.

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