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Perfil

Luis Arce, de tímido cerebro financiero a presidente de Bolivia

Archivo: Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS), celebra el 9 de septiembre su primer gran acto de campaña en El Alto (Bolivia).
Archivo: Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS), celebra el 9 de septiembre su primer gran acto de campaña en El Alto (Bolivia). © Martín Alipaz / EFE
39 min

Luis Arce, el delfín político del expresidente Evo Morales, triunfó holgadamente en unas elecciones antecedidas por una grave crisis política. Aquí la historia de este amante de los números, los libros y el básquetbol que venció su timidez para seguir los retos que le marcó el Movimiento al Socialismo (MAS). 

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A Luis Arce no le gustan los lentes de marcos gruesos. Habla con un tono pausado. Sonríe tímido y generalmente sostiene los micrófonos con el brazo izquierdo. Es economista, sus amigos lo describen como un hábil matemático y desde hoy tiene en sus manos la responsabilidad de hacer el cálculo más complejo: sacar a Bolivia del vacío institucional que dejó la abrupta renuncia del expresidente Evo Morales tras la presión de los militares y de la crisis social y económica que impuso la pandemia.

Para sus simpatizantes, es un cerebro financiero. Para expertos en política internacional, es un delfín más. Para Evo Morales, es su ficha clave. Pero para los bolivianos es su nuevo presidente. Uno que, con 57 años y a pesar de las controversias, alcanzó el mando y aseguró el retorno al poder del partido Movimiento Al Socialismo (MAS). 

Arce nació en una familia de clase media, prefiere el básquetbol antes que el fútbol e hizo campaña en medio del temor por la propagación del Covid-19. Usó tapabocas en sus eventos de promoción política, pero no dudó en retirárselo cuando sentía que sus posibles electores no lo escuchaban y, finalmente, parecen haberlo escuchado fuerte y claro: arrasó en las elecciones y ganó en primera vuelta. 

Archivo: Luis Arce en su cierre de campaña el 14 de octubre de 2020 en El Alto, Bolivia.
Archivo: Luis Arce en su cierre de campaña el 14 de octubre de 2020 en El Alto, Bolivia. © AFP

Es pragmático. Se niega a darle cabida a las especulaciones. Defiende con vehemencia el valor de la nación. De hecho, se describe como un "estadista puro", uno que alzó su vuelo desde el Banco Central, donde trabajó desde 1987 hasta 2005, para seguir los pasos y planes del expresidente Morales, a quien le rinde fidelidad absoluta. 

Hace 14 años recibió del mismo Morales el encargo de llevar las riendas del Ministerio de Economía durante sus periodos de gobierno, entre 2006 y 2019, años en los que acarició la misión de darle un nuevo rumbo a las finanzas nacionales, una meta que la oposición asegura que no cumplió del todo, aunque el MAS insista en que fue quien catapultó a esa Administración al éxito. 

¿Se repetirá el 'milagro económico'?

Habla inglés y portugués. Es antiliberal y se muestra abiertamente como tal. Hasta el propio Morales aseguró que fue elegido como el candidato de su partido por sus destrezas económicas, claves para enfrentar los retos que le esperan a Bolivia tras la emergencia sanitaria. 

Antes de que los votos a favor se convirtieran en su pase a la victoria, prometió reconstruir las finanzas de la nación y devolverle la estabilidad, ofrecimiento que desde ya muchos de sus detractores ponen en tela de juicio. 

Y es que justamente sus opositores no tienen reparos en afirmar que el éxito financiero del que presume no fue resultado de sus destrezas como ministro, sino de la favorabilidad que le otorgó la época en la que se mantuvo en el cargo, una que estuvo marcada por la bonanza en los valores de la materia prima, lo cual le habría permitido al mandato de Morales llenar sus arcas. 

Asegura que, aunque algunos minimicen sus logros como jefe de la cartera económica, estos no fueron el reflejo del llamado "efecto precio", sino el resultado de una estrategia de reinversión estatal y de redistribución de los ingresos. 

Arce declara que, en el Gobierno de Morales, Bolivia se alejó de la industrialización de sus mercados, pero lo cierto es que la nación latinoamericana que cuenta con poco más de 11 millones de habitantes todavía depende de la exportación de sus minerales y de la serie de productos agropecuarios que produce. 

Panorama político en Bolivia tras la victoria virtual de Luis Arce en los últimos comicios
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El discreto economista y militante de las causas sociales ahora tiene la misión de unir a su país 

Aquel niño que creció en una familia de profesores en La Paz ahora es el hombre más poderoso de su país y lleva el socialismo tan arraigado a su historia que incluso decidió llamar Rafael Ernesto a su hijo mayor, en honor al recordado revolucionario Ernesto 'Che' Guevara. 

Tras sus extensas jornadas como maestros de escuelas públicas, Olga y Carlos, sus padres, cuidaron no solo de Luis y de su hermano, sino de las cerca de 15 mascotas que llegaron a albergan en su hogar, ese en el que Arce creció como un joven modesto y reservado. 

Desde la adolescencia empezó a leer sobre socialismo gracias a los libros que le prestaba su tío Serafín. Es un lector nato que, con solo 14 años, descubrió entre las páginas de textos políticos que quería convertirse en un militante de las causas sociales. 

Aún sin saber el rumbo que tomaría su vida, luchó por estudiar contabilidad en el Instituto de Educación Bancaria y asistía con pasión a las clases que recibía en la Universidad Mayor de San Andrés, de la cual obtuvo el título de economista. 

Toca guitarra y un instrumento similar al que los bolivianos llaman charango. Discreto en exceso, como su familia lo describe, juega básquetbol en el tiempo libre para recordar la niñez. Y solo pocas veces ha relatado cómo fue su primer encuentro con Morales, a quien solo conoció horas antes de asumir como ministro de Economía. 

El entonces presidente Evo Morales junto a Luis Arce el 23 de octubre de 2012 en el palacio presidencial en La Paz, Bolivia.
El entonces presidente Evo Morales junto a Luis Arce el 23 de octubre de 2012 en el palacio presidencial en La Paz, Bolivia. AFP - AIZAR RALDES

Con el inmenso desafío de repetir el que Morales bautizó como el "milagro económico", luego de que consiguiera que las finanzas nacionales crecieran en promedio 4,6% por año durante más de una década, y que la pobreza disminuyera al 37% mediante el otorgamiento de subsidios, Arce se enfrenta cara a cara con la Presidencia, un rol que, más allá de los números, le exigirá olvidar su timidez para volver a unir a un país dividido por la política. 

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