El Congreso de Perú aprueba por mayoría la destitución del presidente Martín Vizcarra

El presidente de Perú, Martín Vizcarra, se defiende ante el Congreso el 9 de noviembre de 2020, el día en el que el Legislativo inició un proceso para destituirlo.
El presidente de Perú, Martín Vizcarra, se defiende ante el Congreso el 9 de noviembre de 2020, el día en el que el Legislativo inició un proceso para destituirlo. © Juan Pablo Azabache / Presidencia de Perú vía EFE

Un total de 105 diputados -de los 130 que hay- votaron a favor de sacar a Vizcarra de su cargo al considerarlo incapaz moralmente por las acusaciones de soborno que pesan en su contra. Aunque el presidente se defendió ante el Congreso diciendo que no podían aceptar una moción de vacancia con "declaraciones no corroboradas", gran parte de los legisladores no le dieron la razón y aprobaron su destitución. 

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La escena del 18 de septiembre se repitió en el Congreso peruano. Por segunda ocasión, el presidente Martín Vizcarra estuvo este lunes ante los congresistas de su país defendiéndose por el proceso de destitución que algunos legisladores lideraron en su contra. Pero a diferencia de lo que ocurrió hace un mes, ahora una gran mayoría aprobó su destitución. 

Las leyes peruanas dicen que cuando hay una moción de vacancia, como las dos que ha enfrentado Vizcarra, por lo menos 87 diputados deben votar a favor de la salida del cargo. Y ese número se superó con creces con el respaldo de 105 diputados. 

En la práctica esto implica que el mandatario no puede acabar su periodo a mediados de 2021, como estaba planeado; sino que Vizcarra dejará de ser el presidente de Perú en cuanto la decisión legislativa se le comunique oficialmente a él, al primer ministro Walter Martos o se publique en el diario oficial; lo que suceda primero. Una vez Vizcarra abandone su cargo, el líder interino será el presidente del Congreso, Manuel Merino, del tradicional grupo político Acción Popular.

El debate de moción de vacancia que terminó en la destitución de Vizcarra comenzó el 20 de octubre, cuando el partido de centroizquierda Unión por el Perú (UPP) alegó que el presidente tenía una “incapacidad moral” por las acusaciones en su contra de que supuestamente recibió sobornos cuando ejercía como gobernador regional del departamento de Moquegua (2011-2014), en el sur del país.

Los testimonios y los mensajes de WhatsApp que apuntan a la presunta corrupción

El origen del juicio político radica en las declaraciones que rindieron dos altos directivos de empresas ante la Fiscalía, en las que dicen que le pagaron coimas a Vizcarra a cambio de contratos de obras públicas en 2014, cuando el presidente era gobernador de Moquegua. Las constructoras para las que trabajaban están envueltas en el escándalo de corrupción de la brasileña Odebrecht. 

Además, el diario local 'El Comercio' reveló a principios de octubre uno de los testimonios en el que un testigo aseguró que le pagaron ilícitamente un millón de soles (casi 300.000 dólares) a Vizcarra para que les diera el contrato de la obra Lomas de Ilo. Luego, el mismo diario publicó otros tres testimonios que señalaron, que siendo gobernador, él recibió pagos similares por el hospital de Moquegua.

A los testimonios, se sumaron unas conversaciones de WhatsApp entre Vizcarra y el exministro de Agricultura José Hernández, que mostrarían que había una coordinación entre los dos funcionarios relativa a las empresas que supuestamente pagaron las coimas.

Se sospecha que Hernández, cercano al presidente, es uno de los colaboradores eficaces (figura legal aplicada a testigos que confiesan delitos a cambio de reducción en sus penas) que habrían acusado a Vizcarra ante la Fiscalía. Los mensajes que se revelaron un día antes del debate de destitución habrían sido obtenidos de un celular del antiguo ministro.

Así se defiende Vizcarra de las acusaciones de corrupción

Cuando los medios peruanos estallaron con las nuevas revelaciones el pasado 8 de noviembre, el presidente emitió un comunicado en el que dice que ha sido "atacado de forma sistemática" con "la difusión de reportajes sesgados" y con una información que se publica sin contexto. "Con firmeza y convicción, reitero ante todos los peruanos que durante mi trayectoria política no he participado de ninguna acción irregular ni he cometido actos de corrupción alguno en perjuicio de mi región o de mi país", concluyó el mandatario.

A esas palabras de defensa, Vizcarra sumó el discurso que dio este lunes ante el Congreso. Allí enfatizó que los hechos de los que se le acusan son falsos y que no están corroborados. "Recién está empezando un proceso de investigación, son hipótesis", sostuvo el mandatario y agregó que "no existe prueba de flagrancia de un delito, ni habrá porque no he cometido un delito, no he cobrado soborno".

Bajo esa premisa, Vizcarra insistió en que no lo podían destituir de la Presidencia por las palabras del testigo, que aún faltan por verificar. "¿Se puede vacar a un presidente sólo con la declaración de aspirantes a colaboradores no corroborado?", le preguntó Vizcarra al hemiciclo.

Sí: la respuesta del Congreso a la destitución en medio de las tensiones políticas

Que este lunes el Congreso haya destituido a Vizcarra puede entenderse como el resultado de una pelea de vieja data. Los enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Legislativo se remontan a 2017, cuando los diputados le hicieron una moción de vacancia al entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski por sus presuntas relaciones con Odebrecht. Luego de que ese debate fracasó, los congresistas intentaron un segundo juicio político contra el mandatario porque supuestamente le había ofrecido prebendas a congresistas durante el primer proceso de destitución para que votaran a favor de él. 

Kuczynski decidió renunciar antes de que el Congreso votara el segundo debate y eso le abrió las puertas presidenciales a Vizcarra, porque era el primer funcionario del gobierno en la línea de sucesión del presidente. Pero Vizcarra no tenía un camino fácil. Las mayorías fujimoristas del partido Fuerza Popular que presionaron la salida de Kuczynski seguían en el hemiciclo desde la oposición.

Eso fue suficiente para que los ánimos siguieran caldeados hasta que explotó la crisis política de septiembre de 2019. Vizcarra pidió que se disolviera el Parlamento porque los diputados continuaron con una votación que él había solicitado suspender. El Congreso debía elegir seis magistrados del Tribunal Constitucional y había denuncias de que las colectividades mayoritarias, como la fujimorista Fuerza Popular, presionaron para que sus candidatos fueran escogidos.

Con ese argumento, Vizcarra pidió que se cerrara el Congreso y la respuesta de los legisladores fue suspender al presidente durante un año alegando una “incapacidad temporal”. Lo único que salvó al mandatario en esa ocasión fue que él tomó la decisión contra el Congreso antes de que los legisladores aprobaran la sanción en su contra. 

Eso le dio un respiro político porque en enero de 2020, los peruanos volvieron a las urnas para escoger a los nuevos congresistas y renovaron las curules parlamentarias al punto que los fujimoristas dejaron de ser mayoría. En otras palabras, Vizcarra no tendría una clara oposición en su contra. Sin embargo, la victoria para el presidente fue relativa porque se quedó sin ninguna bancada que apoyara oficialmente al Ejecutivo.

Fue así como Vizcarra y los actuales congresistas llegaron al poder de forma inesperada y a causa de enfrentamientos políticos. Otro punto en común es que los periodos presidenciales y parlamentarios se deben renovar en las elecciones generales de abril 2021. Es decir, que desde que asumió el mando en marzo de 2018, Vizcarra tendría poco más de tres años de mandato a comparación de los cinco que son habitualmente. 

El presidente de Perú, Martín Vizcarra, durante el juicio político en su contra celebrado en el Congreso, el 18 de septiembre de 2020 en Lima
El presidente de Perú, Martín Vizcarra, durante el juicio político en su contra celebrado en el Congreso, el 18 de septiembre de 2020 en Lima Andres VALLE Peruvian Presidency/AFP

Y por más que fuera un corto periodo, su Presidencia fue aún más interrumpida que la de su sucesor Kuczynski. La primera gran confrontación entre Vizcarra y el nuevo Congreso fue en septiembre de 2020, cuando intentaron destituirlo por supuestamente haber mentido sobre sus vínculos estrechos con Richard Cisneros, un cantante y exasesor envuelto en un escándalo político por suscribir nueve contratos con el Ministerio de Cultura sin tener experiencia suficiente para las labores a desarrollar. Pero el debate se hundió porque de los 87 votos necesarios, solo 32 congresistas aprobaron la moción de vacancia. 

El segundo proceso para destituir a Vizcarra llegó tan solo un mes después. Los números del primer juicio político y con los que se aprobó hacerle un segundo debate (60 votos a favor, de 130 posibles) hacían pensar que el Congreso respaldaría de nuevo al presidente. 

Pero los diputados dieron una sorpresa y terminaron los capítulos de enfrentamientos con su férrea posición de este lunes. Desde el inicio de las discusiones, la mayoría de legisladores acusaron a Vizcarra de “mentiroso”, “inmoral”, “corrupto” y de ser el responsable de toda la inestabilidad política que vive el país. 

Incluso, el partido Podemos Perú, que en las elecciones parlamentarias de enero dijo que apoyaría al gobierno para beneficiar la economía, se fue en contra de Vizcarra asegurando que la revocatoria debía aprobarse para combatir las injusticias. Los fujimoristas de Fuerza Popular expresaron que no tolerarían más “las mentiras” del mandatario. Y así se fue sumando poco a poco un cúmulo de argumentos que al final terminó en una votación contundente que hará que Vizcarra no sea más el presidente de Perú. 

Con EFE y AFP

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