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México decide hacer obligatorio la vacunación infantil ante el auge del movimiento antivacunas

Una mujer sostiene una pequeña botella etiquetada con una etiqueta de "Vacuna contra el coronavirus COVID-19" y una jeringa médica en esta ilustración tomada el 30 de octubre de 2020.
Una mujer sostiene una pequeña botella etiquetada con una etiqueta de "Vacuna contra el coronavirus COVID-19" y una jeringa médica en esta ilustración tomada el 30 de octubre de 2020. © Dado Ruvic / Reuters
8 min

El Senado mexicano elevó a rango de ley la obligatoriedad de aplicar el esquema de vacunación a los niños, ante el avance del movimiento antivacunas en el mundo. Pero hay padres de familia que se niegan a inmunizar a sus hijos, ya sea por considerar que conlleva más riesgos que beneficios, o por ver intereses económicos y políticos detrás.

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En México la aplicación de vacunas a la población infantil era algo asumido como obligatorio por todos, o casi todos. Si bien no hay en el país como tal grupos antivacunas organizados, sí hay padres de familia que, por distintos motivos, rechazan la aplicación de inmunizaciones. Por ello, y ante el rebrote de algunas enfermedades como el sarampión y en el contexto de la pandemia de Covid-19, el Senado elevó a rango de ley esta obligatoriedad.

Si los padres o tutores no cumplen, las procuradurías de protección de niñas, niños y adolescentes podrán tomar acciones. La ley aún debe ser ratificada por la Cámara de Diputados, lo cual se estima que ocurra antes de fin de año. Sin embargo, la medida no ha sido bien recibida por algunas personas como Omar Gómez. Padre de cuatro hijos, este quiropráctico de profesión no le ha suministrado ni una sola vacuna a sus hijos, ni siquiera de recién nacidos.

“Yo no estoy de acuerdo con la utilización de las vacunas porque es querer reemplazar esta inmunidad y los métodos naturales de poder fortalecer nuestro cuerpo para poder adaptarse de la forma lo más natural posible”, sostiene Gómez, quien ajustó la columna vertebral de sus hijos al nacer y lo hace regularmente, pues asegura que así fortalecen su sistema inmunológico sin necesidad de agentes externos.

En entrevista en su consultorio en Cuernavaca, Morelos, rechaza la nueva legislación, pues sostiene que “nadie tiene derecho de decidir sobre nuestros hijos más que los padres, y también los niños en algún momento pueden ser partícipes de este tipo de decisiones, si nosotros desde pequeños les damos la educación adecuada y también de alguna forma si ellos ven que su salud es la óptima, cuando tengan hijos van a querer repetir el mismo esquema de no vacunar”.

Con sus matices, Galia Kleiman, en la Ciudad de México, comparte la postura de Gómez. “Me parece que hay un problema ético y moral tremendo en querer hacer que las vacunas sean obligatorias, puesto que hay muchos factores a tomar en cuenta. No puedes obligar a alguien a hacer algo que conlleva riesgos. Cuando existe la mínima posibilidad de que ocurra un daño, entonces no te pueden obligar a hacerlo, tiene que ser decisión de la persona si lo hace o no”, reprocha.

La respuesta del Senado de México para obligar a la vacunación de menores viene en pleno auge del movimiento antivacunas.
La respuesta del Senado de México para obligar a la vacunación de menores viene en pleno auge del movimiento antivacunas. © Reuters

Galia es madre de tres hijos, a su primer hijo le puso todas las vacunas, pero una de ellas le hizo una fuerte reacción, por lo que –dice– comenzó a investigar y concluyó, de acuerdo con la información que recabó, que no debía aplicar todas las vacunas que el sistema de salud indica, de modo que a su tercera hija únicamente le pusieron las vacunas que aplican en el hospital al nacer, y ni una más.

“Es personal, es de analizar de una en una cada vacuna, cada situación. No es lo mismo para mí en este país que, si viajo mucho, por ejemplo”.

En contraste, el infectólogo Alejandro Macías, quien fuera “Zar” contra la pandemia de Influenza H1N1 en 2009, respalda la nueva ley y advierte que

“la única enfermedad realmente que hemos erradicado, por la cual ya no hay que vacunarnos y podemos dejar de preocuparnos es la viruela. Todas las demás, en cuanto dejemos de vacunar masivamente, vamos a volver a tener problemas, y eso es algo que no entiende la gente”.

Las vacunas –apunta Macías– han hecho sobrevivir a los mismos que ahora las atacan, “muchos de quienes ahora atacan las vacunas, están vivos gracias a las vacunas, ni más ni menos”.

Respecto del argumento de que nadie puede decidir por los niños más que sus padres, Macías revira que, en efecto, son los padres, “pero el Estado tiene que tutelar el caso de conductas francamente peligrosas de los padres.

No hay que olvidar que hay padres que ponen en peligro a sus niños por creencias que son absurdas y que el Estado no puede tolerar”. Detrás de la iniciativa de la ley que hace obligatoria la vacuna está el senador Ricardo Monreal, el líder de la bancada mayoritaria de Morena en la Cámara alta.

En su argumentación al presentar el proyecto de ley, Monreal aludió en tribuna al movimiento antivacunas, “que ha ido avanzando en el mundo y México no es la excepción. Esto ha provocado que haya rebrotes de enfermedades que creíamos ya superadas”.

Sospechas por intereses económicos

Galia y Omar coinciden en que detrás de la obligación de aplicar vacunas hay intereses políticos y económicos. “Hoy en día se ha convertido en una industria, los niños reciben muchísimo más vacunas de las que son necesarias, porque esto es un negocio”, considera Galia.

“No es ningún secreto para nosotros que muchos políticos están ligados a farmacéuticas o reciben sobornos de farmacéuticas”, secunda Omar.

Una dosis de la vacuna contra la enfermedad del coronavirus (Covid-19) de BioNTech y Pfizer se muestra en esta foto de folleto sin fecha.
Una dosis de la vacuna contra la enfermedad del coronavirus (Covid-19) de BioNTech y Pfizer se muestra en esta foto de folleto sin fecha. © Reuters

Al respecto, el especialista Alejandro Macías reconoce que siempre ha habido ese tipo de teorías conspiracionistas. No niega que los grandes laboratorios farmacéuticos obtienen ganancias con la producción y comercialización de los fármacos. Sin embargo, también admite que casi ningún Estado tiene la capacidad, por sí solo, de producir vacunas, por lo que es necesario recurrir a las empresas farmacéuticas que, además, están reguladas por el gobierno y por instancias como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios.

Lo cierto es que, por uno u otro motivo, la propia Organización Mundial de la Salud advirtió en julio pasado que, en 2019, casi 14 millones de niños en el mundo no recibieron vacunas que salvan vidas, como la del sarampión y la DTP3.

“La mayoría de estos niños viven en África y es probable que no tengan acceso a otros servicios de salud. Dos tercios de ellos se concentran en 10 países de ingreso mediano y bajo: Angola, Brasil, Etiopía, Filipinas, India, Indonesia, México, Nigeria, Pakistán y República Democrática del Congo.

Los niños de los países de ingreso mediano asumen una proporción cada vez mayor de la carga”, señala el comunicado en el que se incluye a la nación mexicana.

Pese a la nueva ley, padres como Galia y Omar tienen decidido que no vacunarán a sus niños, y mucho menos lo harán cuando esté disponible la vacuna contra el Covid-19.

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