Amenazas en El Salado: vuelve el fantasma de una de las peores masacres de Colombia

Imagen de archivo. Trabajadores y estudiantes participan en una protesta en la que rechazan, entre otros, las masacres en Colombia. Fotografía en Bogotá, Colombia, 19 de noviembre de 2020.
Imagen de archivo. Trabajadores y estudiantes participan en una protesta en la que rechazan, entre otros, las masacres en Colombia. Fotografía en Bogotá, Colombia, 19 de noviembre de 2020. © Nathalia Angarita / Reuters

Desde la semana pasada circulan mensajes y panfletos contra los líderes sociales de un pueblo en el norte de Colombia que hace 21 años padeció una de las peores masacres que se recuerdan en ese país. Las advertencias han escalado hasta amenazar con la posibilidad de una nueva matanza por parte de grupos narcotraficantes. 

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Todo comenzó entre el 15 y el 16 de enero de este año, cuando varios líderes sociales de la región recibieron mensajes de texto a sus teléfonos móviles en los que les dictaban una sentencia de muerte: "Abandonen El Salado o el plomo (las balas) irá por ustedes", decían las advertencias.

A la noche siguiente, se fue la luz y cuando amaneció se dieron cuenta de que el pueblo estaba lleno de panfletos con las caras de los líderes y la reiteración de las amenazas. Esta vez había un nuevo aviso para todos los habitantes. "Absténganse de salir a las calles después de las 9:00 p.m. No vamos a responder por nadie después de esa hora, porque vamos a entrar", decía el documento firmado por las 'Águilas Negras', un grupo ilegal que surgió en 2006 tras la desmovilización de grupos paramilitares y cuyo nombre ha albergado a múltiples facciones armadas.

La comunidad denunció el hecho y en Colombia se prendieron las alarmas ante el temor de que El Salado pudiera repetir su historia sangrienta. La Fiscalía designó uno de sus funcionarios de la Unidad de Derechos Humanos para investigar las amenazas, la Policía envió un cuerpo élite y la Defensoría del Pueblo -que es la entidad oficial de los derechos humanos en el país- delegó a uno de sus más altos funcionarios para coordinar en terreno las acciones que protejan a la población.

Dos de las personas en riesgo son Yirley Velasco y Luis Torres, la primera es una lideresa que se apersonó de los derechos de las mujeres. Torres, por su parte, se ha dedicado a promover el retorno de ciudadanos desplazados, muchos de los cuales huyeron tras la masacre ocurrida en el año 2000.

Pero ni la visibilidad de los casos ni las acciones institucionales han sido suficientes para frenar las amenazas. Por el contrario, el pasado miércoles 20 de enero los líderes volvieron a recibir un mensaje en sus teléfonos móviles y esta vez con una advertencia más peligrosa. "No tienen derecho a abrir la boca. El Salado es una tierra donde la gente cree que jamás un grupo paramilitar entrará a masacrarlos nuevamente. Pues bien, se equivocan porque nosotros sí vamos a acabar con las plagas y las ratas que habitan en esta comunidad. El día que menos piensen, entramos y todos los marcados morirán o simplemente acabamos con ustedes si no abandonan el territorio", decía el contenido.

Esto provocó que gran parte de los pobladores abandonaran sus casas y se agolparan alrededor de la estación de policía del pueblo, según la Defensoría. Lo más grave es que están contemplando un desplazamiento masivo, lo que rememoraría el éxodo que hubo después de la masacre del año 2000 y que convirtió a El Salado en un pueblo fantasma durante más de una década.

No obstante, varios de los líderes amenazados se mantienen en su posición de quedarse. Luis Torres, por ejemplo, dijo a varios medios locales que no quiere volver a convertirse en un desplazado y que defenderá el derecho de la gente a vivir en el pueblo.

La situación es tan preocupante que organismos internacionales han comenzado a dar su voz de alerta, como lo hizo la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA.

Además, los panfletos llegan en medio de una espiral de violencia que atraviesa el país. En 2020 se duplicaron las masacres en comparación con 2019, según la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. 

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Y hasta ahora 2021 no parece ser la excepción de las matanzas pues, en lo poco que va del año, organizaciones no gubernamentales como Indepaz han registrado cinco masacres y 19 líderes sociales asesinados. 

Una siniestra masacre que marcó la historia de Colombia

Las amenazas de una nueva masacre en El Salado destapan recuerdos de los muchos vejámenes que padecieron entre el 16 y el 21 de febrero del 2000 los ciudadanos de ese municipio. 

En esos días, 450 paramilitares apoyados por sobrevuelos constantes de helicópteros armados se tomaron el pueblo. El Centro Nacional de Memoria Histórica investigó los hechos y narra que los atacantes tocaron tambora, gaitas y acordeones -todos instrumentos de la música típica de la región- antes de comenzar la matanza.

En menos de una semana mataron a 60 personas. A decenas de ellos, los paramilitares los asesinaron en la cancha del pueblo, luego cortaron sus cabezas para jugar fútbol con ellas. A los sobrevivientes les prohibieron recoger y sepultar a sus muertos. Todo ello ocurrió sin que la fuerza pública frenara la masacre.

Este es el parque principal y la cancha de fútbol de El Salado, un corregimiento en el norte de Colombia.
Este es el parque principal y la cancha de fútbol de El Salado, un corregimiento en el norte de Colombia. © Andrés Suárez para el Centro Nacional de Memoria Histórica

El grupo ilegal acusó a todas sus víctimas de ser guerrilleros de izquierda o estar vinculados con ellos, pero lo cierto es que durante décadas múltiples grupos armados en el país se han disputado esas tierras por ser un corredor estratégico del narcotráfico.

El terror de la matanza fue tal que los ciudadanos se desplazaron y una década después habían regresado solo 730 habitantes de los 7.000 que llegó a tener El Salado. Incluso estando fuera de la región, muchos de ellos relatan que el miedo a lo ocurrido en la masacre los perseguía.

"Cuando ella oía un helicóptero, se metía debajo de la cama. 'Mami, viene el helicóptero. Yo de aquí no salgo, y si salgo me matan, me matan, mami'", dice uno de los testimonios recogidos en las investigaciones realizadas por el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Desde entonces, El Salado ha intentado sobreponerse al horror y a las estigmatizaciones que les trajo el conflicto armado. En la última década, se redoblaron los esfuerzos institucionales y de sectores privados para promover un retorno masivo a esas tierras. Y ahora vuelven las amenazas de una masacre que nunca ha podido olvidarse. 

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