SERIE RECICLADORES

Colombia: de recicladores a empresarios de la basura en Bogotá (1/6)

Yefferson y Luz son recicladores de base en Bogotá, miembros de la asociación de recicladores GER 8.
Yefferson y Luz son recicladores de base en Bogotá, miembros de la asociación de recicladores GER 8. © Lionel Poussery

Tras años de peleas jurídicas en tribunales, los recicladores de base de Colombia obtuvieron un reconocimiento oficial de su trabajo. En 2013, empezaron un proceso de formalización que les permite recibir parte de los impuestos de aseo que pagan los ciudadanos, una innovación jurídica única en América Latina. Pero, a pesar de estos avances y de un aumento en sus ingresos, la mayoría de los recicladores siguen viviendo en condiciones de pobreza.  

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Cada miércoles, Yefferson Moreno y Luz, dos recicladores bogotanos, hacen el mismo recorrido: abordan un viejo camión que sube, con dificultad, una loma que divide el centro de Rosales, uno de los barrios más exclusivos de Bogotá. Vestidos de uniforme azul oscuro y con el logotipo de la asociación GER 8 (Grupo Empresarial de Recicladores de la zona octava), bajan del vehículo para recolectar los materiales reciclables de una decena de edificios y de un hotel internacional en el norte de la ciudad, con los que GER 8 ha establecido convenios. 

Yefferson, de 26 años y Luz, de 53, acceden al depósito de basura y trasladan los residuos -previamente separados por la población- de las canecas de reciclaje a grandes bolsas de tela. En cuatro horas llenan el camión con materiales que llevarán a una bodega de la asociación en el suroeste de la capital colombiana. Ahí, otro equipo de recicladores que también llevan uniforme recibe el material, lo separa según el color y el tipo: entre plástico, vidrio, papel, cartón, metal, etc. Posteriormente, lo vende a intermediarios que a su vez lo ofertarán en la industria. 

Los uniformes y el camión son ejemplos de cómo han mejorado las condiciones de trabajo de los recicladores en Colombia, pero su mayor logro llega cada mes a sus bolsillos. En la bodega, Leidy, otra recicladora de GER 8, cuenta detalles sobre su remuneración. Como todos los miembros de la organización, ella tiene dos fuentes de ingresos: “mi sueldo principal es lo que puedo recoger como material en la calle durante el mes”, explica. “Si me va bien, gano 400.000 pesos al mes". Esto es alrededor de 100 dólares estadounidenses, un monto muy por debajo del salario mínimo colombiano, que es de 908.526 pesos en 2021, es decir, poco más de 250 dólares.

Pero esta recicladora de 23 años recibe un complemento llamado "tarifa de aprovechamiento". No es un ingreso fijo, depende también de la cantidad de material acopiado, pero en promedio representa para ella entre 100.000 y 120.000 pesos mensuales" (entre 25 y 30 dólares). Esta suma adicional representa el 20 % de sus ingresos como recicladora: "es algo que nos ayuda mucho para pagar los gastos de la casa", confiesa esta madre de dos hijos, que empezó a trabajar como recicladora a sus 13 años. 

Tarifa de aprovechamiento para recicladores: una remuneración única en América Latina

La tarifa de aprovechamiento es un sistema único en América Latina de redistribución de recursos a favor de los recicladores. Así lo reconoce la Red Latinoamericana de Recicladores en su informe ‘Análisis de políticas públicas para el reciclaje inclusivo en América Latina’: "Consideramos que solo un país, Colombia, cuenta con jurisprudencia que favorece el pago por servicio: esto, para la Red LACRE, es el máximo reconocimiento e indicador de inclusión de los recicladores en los sistemas formales de gestión de residuos sólidos".

El dinero viene de la factura de aseo pagada por los habitantes de Bogotá, que es en promedio de 21.000 pesos colombianos (unos 5 dólares), aunque puede variar según el nivel económico de los barrios, ya que los de menor ingreso gozan de un subsidio. Este impuesto sirve para financiar los servicios de limpieza de la ciudad, que incluyen la limpieza de las calles, la recolección y transporte de la basura, así como la operación del único relleno sanitario de la capital. 

Desde 2013, la factura de aseo incluye un componente destinado al reciclaje bajo el nombre de "tarifa de aprovechamiento". Cada mes, las cinco empresas privadas que gestionan los residuos en la capital colombiana recaudan el dinero. Después pagan a las organizaciones de recicladores en función de la cantidad de material reciclable que declararon haber recolectado el mes anterior. En 2019, según cifras de la Superintendencia de Servicios Públicos (Superservicios), las organizaciones de recicladores de Bogotá recibieron 95.000 millones de pesos (aproximadamente 28,7 millones de dólares) como retribución de la tarifa de aprovechamiento. Esta suma se repartió entre 16.000 recicladores registrados en más de 150 organizaciones, como es el caso de GER 8.

La lucha de los recicladores colombianos ante los tribunales

Lograr esta tarifa de aprovechamiento que complementa el salario de cada reciclador no ha sido un regalo ni un acto de generosidad por parte del Estado colombiano, ni de las empresas privadas de aseo. Para obtenerlo, los recolectores colombianos tuvieron que luchar ante los tribunales durante casi 40 años. La tarifa es el resultado de una larga batalla judicial por sus derechos que empezó en los años 80, cuando decidieron organizarse. 

Nohra Padilla es representante de la Asociación de Recicladores de Bogotá, la organización más grande de su tipo en Colombia.
Nohra Padilla es representante de la Asociación de Recicladores de Bogotá, la organización más grande de su tipo en Colombia. © Lionel Poussery

Nohra Padilla es la figura principal del gremio reciclador en Colombia. “No nací de una familia rica. Yo salí de una familia recicladora”, dice esta mujer bajita de 56 años. Con orgullo, añade: “y estoy al mando de una asociación de recicladores como le corresponde a mi familia”. Es la representante de la organización de recicladores más grande de la capital, la Asociación de Recicladores de Bogotá (ARB), que cuenta 3.400 miembros. También es presidenta de la Asociación Nacional de Recicladores de Colombia (ANR).

Padilla cuenta que el movimiento de defensa de los recicladores de base empezó en 1987. “Fue cuando el gobierno nacional decidió ordenar que todos los municipios y todas las ciudades del país tuvieran un relleno sanitario en lugar de un botadero a cielo abierto. En esa época, la mayoría de los recicladores trabajábamos en estos botaderos”, indica. Cerrarlos significaba eliminar también el lugar de trabajo de los recicladores, que entonces empezaron a buscar residuos en la basura de las calles. 

*Este artículo hace parte de la serie de publicaciones resultado de la Beca de producción periodística sobre Reciclaje Inclusivo, ejecutada con el apoyo de la Fundación Gabo y Latitud R. Pueden encontrar el artículo completo en www.distintaslatitudes.net 

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