Serie recicladores

Los recolectores voluntarios de residuos ‘salvan’ del colapso a Ciudad de México (6/6)

En México, alrededor de 145.000 personas se dedican a la recolección de residuos sólidos.
En México, alrededor de 145.000 personas se dedican a la recolección de residuos sólidos. © Luis Érick Ramírez

En la capital mexicana, más de 10.000 personas se dedican a recolectar residuos sólidos y separarlos para reciclaje. Sobreviven con las propinas que la población les da por llevar su basura y con la venta de los residuos, pero no tienen salario, contrato ni reconocimiento del Gobierno que, sin embargo, se beneficia de su trabajo. Los recolectores voluntarios han suplido a gran parte del personal oficial de limpieza durante la pandemia, pero las autoridades no prevén formalizarlos. 

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En la Ciudad de México el servicio público de recolección de basuras es una obligación exclusiva del Gobierno: la Constitución Política y las leyes mandan que solo la autoridad oficial debe barrer las calles y recolectar las 13.000 toneladas de basura que los capitalinos generan cada día. Pero la realidad de la ciudad más grande de Latinoamérica rebasa a los ordenamientos, pues el personal formalmente contratado es insuficiente para nueve millones de habitantes. Esta alta demanda es subsanada de facto con un servicio extraoficial, no solicitado pero muy bien aprovechado por las alcaldías y el Gobierno central: los voluntarios.

Es un ejército de más de 10.000 personas –en el más modesto cálculo- que barren las calles, recogen basura casa por casa, la reciben y separan en los camiones y rescatan los residuos reciclables en el proceso; todo sin un contrato, sin protección y sin ninguna paga.

El único ingreso de estos recolectores es lo que ganan con la venta de los residuos a centros de acopio, sumado a las simbólicas propinas que les da la ciudadanía por esta labor: entre 200 y 300 pesos (10 a 15 dólares estadounidenses) por día.

“No es que haya recibido un contrato, que me den Seguro Social, yo tengo que ver por mis propios medios y la forma de salir adelante es con la ayuda de las personas”, dijo a este equipo Francisco Bustamante, barrendero voluntario de Iztapalapa, el municipio más poblado de la ciudad y del país. “Aparte el barrido es como la vista para la gente, que ve limpio y dicen ‘bueno, te vamos a regalar la propina’. Andar de voluntario es pesado pero es un trabajo y pues bienvenido, la cosa es trabajar para salir adelante”, agregó.

El trabajador de 34 años relató cómo se gana la propina de la ciudadanía, que es su único ingreso: “Metiendo y sacando basura, correteando al camión; yo recojo los residuos de las casas porque de ahí viene la propina, de ahí es que yo recibo un pago, no es que el Gobierno o alguna instancia me apoye económicamente por el barrido. Según yo, todos los barrenderos deberían estar basificados, recibir un sueldo, y ahora sí: te exijo que barras todo y lo dejes limpio”, expresó el voluntario.

Aunque el artículo 10 de la Ley de Residuos Sólidos obliga a los gobiernos municipales a contar con suficientes trabajadores para realizar el servicio público de Limpia, durante 2019 la Ciudad contó con un barrendero formal por cada 1.183 habitantes, según cifras de la Secretaría local de Medio Ambiente. Asimismo, hubo un camión recolector para recibir la basura de 3.469 habitantes, sin considerar a la población ‘flotante’ que solamente trabaja en la capital pero radica en otra entidad.

Muchos barrenderos recogen la basura casa por casa y la llevan al camión recolector.
Muchos barrenderos recogen la basura casa por casa y la llevan al camión recolector. © Claudia Altamirano

Además de subsanar las carencias del servicio oficial sin remuneración, los voluntarios también han salvado del colapso a la Ciudad de México durante la pandemia de Covid-19, según el Sindicato de Trabajadores de la Ciudad. Con una aplastante mayoría de hombres en el servicio de Limpia y por lo menos la mitad con una edad entre 50 y 70 años, el conjunto del personal de aseo constituye una población de alto riesgo –además por la naturaleza de su labor-. Por ello, el Gobierno tuvo que mandar a confinar a 50% de su personal oficial durante casi todo 2020.

“Se está cubriendo con ambas partes: una la hace la gente de base que tiene la condición de operar y el resto los voluntarios. Poco más del 50% de los basificados está considerado para poder pasar la pandemia en sus hogares”, puntualizó Julio Miranda, integrante del Directorio del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de CDMX.

Por su parte, el alcalde de Azcapotzalco, Vidal Llerenas, confirmó que en su demarcación gran parte del personal de Limpia se confinó por la emergencia sanitaria y son los voluntarios quienes están supliendo esta carencia. “Nosotros estamos trabajando mágicamente con el 30% del personal de ese tipo de áreas, porque es personal que efectivamente tiene una edad avanzada. La actividad se sigue realizando y... ¿quién la realiza? Pues sin duda, quienes se quedaron y en parte los voluntarios”, dijo el funcionario en entrevista con este equipo.

 

*Este artículo hace parte de la serie de publicaciones resultado de la Beca de producción periodística sobre Reciclaje Inclusivo, ejecutada con el apoyo de la Fundación Gabo y Latitud R. Pueden encontrar el artículo completo y más contenidos en www.distintaslatitudes.net 

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