MUJERES EN PANDEMIA

“Creo que en un momento colapsé”: la experiencia de las mujeres en pandemia en Argentina (1/6)

Marcela Lorenzo es una uruguaya que vive en Argentina hace 37 años y que enfrentó la pandemia en medio de sus estudios y la crianza de sus hijos.
Marcela Lorenzo es una uruguaya que vive en Argentina hace 37 años y que enfrentó la pandemia en medio de sus estudios y la crianza de sus hijos. © Natalio Cosoy / France 24

Las experiencias personales, los estudios sociológicos y las observaciones en salud mental coinciden: el impacto de la pandemia y el encierro, si bien fue duro para todos, fue especialmente marcado en el caso de las mujeres y las argentinas no fueron la excepción.

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“Creo que en un momento colapsé, colapsé con la casa, colapsé con la familia, colapsé con mis estudios”, le dijo a France 24 en Español Marcela Lorenzo. “Esa interacción, ese encuentro con el otro, con la otra, con el otre, lo necesité muchísimo, es como de encontrarme, levantarme y qué hago. Esa desesperación, llorar de la nada. ‘Mamá por qué llorás’. Pero era porque ‘no quiero estar más encerrada en este espacio’”.

Lorenzo tiene 42 años, nació en Uruguay, pero llegó a Argentina hace 37 años. Vive en un pequeño departamento de un ambiente, dividido en dos por un armario. Allí convive con sus dos hijos menores de edad, de 15 y 7 años; y con su pareja.

La pandemia forzó a la familia al encierro y a Lorenzo a descuidar sus estudios para maestra de primaria, mientras se concentraba de lleno en las tareas del hogar y de cuidado, con mucho tiempo y esfuerzo dedicado a apoyar la educación de sus hijos. Su historia para nada es única. De hecho, es representativa de algo que ocurrió en millones de hogares durante la pandemia.

“Hubo una fuerte crisis de cuidados durante el confinamiento”

Karina Bidaseca es investigadora, profesora de la Universidad de Buenos Aires y experta en estudios de género. Encabezó una investigación entre junio y agosto de 2020, después de los más duros meses de la cuarentena que había comenzado en marzo de ese año. El objetivo del estudio era evaluar el impacto de la pandemia entre las mujeres.

Según su investigación, las mujeres estuvieron especialmente sobrecargadas por el cuidado doméstico y el acompañamiento educativo: un 92,6 % de las encuestadas dijeron que ellas se hicieron cargo de trabajar con sus hijos en las actividades escolares.

“Lo que observamos justamente es que hubo una fuerte crisis de cuidados durante el confinamiento, que se tradujo también en un estado de ánimo que tiene que ver con estar sobrecargadas, o preocupadas, o angustiadas”, le dijo Bidaseca a este medio.

La angustia fue una de las consecuencias emocionales, afectivas y psicológicas de esta situación. “Es una sensación de agotamiento profundo, esto de 24-7, 24-7”, le dijo a France 24 en Español Sandra Bernabó, psicóloga con perspectiva de género que viene tratando a muchas mujeres a lo largo de la pandemia. “No es lo mismo con unas 4 u 8 horas de chicos en la escuela y mujeres pudiendo llevar adelante su trabajo doméstico, que lo que es hoy por hoy. No hay espacio ni momento”.

Eso, dijo, se traduce en un estrés absoluto, que lleva a sensaciones de hartazgo y, en muchos momentos, de desesperanza con consecuencias por ahora difíciles de dimensionar. “Yo veo estragos importantes, ya los veo, veo niveles de irritabilidad muy grandes, veo vínculos que se han deteriorado un montón”, agregó.

“Hubo mucha soledad, era necesaria esa interacción, ese poder estar, ese poder encontrarnos”

“En la vida que llevamos y en esta sociedad que tenemos ha costado mucho, y sobre todo la soledad”, reflexionó por su parte Marcela Lorenzo. “Yo lo sentí dentro del contexto de las mujeres afro, que hubo mucha soledad, era necesaria esa interacción, ese poder estar, ese poder encontrarnos, a mí particularmente era ‘necesito hablar, me siento como ahogada’”.

Ella es Marcela Lorenzo junto a uno de sus dos hijos. Ella preside la asociación afro Xangó en Argentina.
Ella es Marcela Lorenzo junto a uno de sus dos hijos. Ella preside la asociación afro Xangó en Argentina. © Agrupación Xangó

Ella preside una asociación afro que se llama Xangó. Eso le dio un espacio de contacto con otras mujeres, al menos a través de internet. Un vínculo que está volviendo a recuperar la presencialidad con el progresivo retorno a la normalidad, un regreso que no es fácil. “Yo me acuerdo que cuando se empezó a abrir decía 'no quiero salir mucho'”, contó. “Era 'voy al supermercado y vengo, no me pidas más'. Y volver a activar todo eso es como bueno, nada, todos tenemos un proceso”.

En ese sentido, la psicóloga Sandra Bernabó dijo que “hemos tomados algunos rituales y algunas conductas, que muchas veces son benéficas y de cuidado en relación al Covid-19 y otras se han vuelto como un poco excesivas; las fobias, las fobias se han vuelto más potentes también, porque me resguardo en casa, entonces no tengo que salir, no tengo que vérmelas con los otros, con el mundo, estoy acá como parapetada en mi lugar de seguridad”.

Un proceso. Pero ese proceso de pandemia, de encierro, de agotamiento, de acostumbrarse de nuevo a la normalidad también puede dejar enseñanzas. Marcela Lorenzo dijo que aprendió “a escuchar más, si bien yo hablo mucho, a escucharme más; a disfrutar de esos momentos de soledad que a veces uno no los tiene, sobre todo cuando tenés hijos, que ni siquiera cuando te vas a bañar tenés ese momento, que de repente cuando lo tenés decís 'guau, qué bueno', a disfrutar de mi casa, a veces me quejo, pero bueno, es lo que hay”.

Tal vez empezar a encontrar aprendizajes, cuando las circunstancias lo permiten, es una forma también de emprender el regreso a algo parecido a la normalidad. Para Lorenzo, por ejemplo, tiene que ver con estar trabajando dos veces por semana y, ahora que sus hijos pudieron volver a la escuela, haber recuperado espacios para el estudio y para su actividad comunitaria.

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