MUJERES EN PANDEMIA

Costa Rica: las dobles jornadas de las maestras en casa y en la escuela (4/6)

La maestra Ana Teresita Sánchez distribuye gel antibacterial entre sus alumnos de una escuela en San José, Costa Rica.
La maestra Ana Teresita Sánchez distribuye gel antibacterial entre sus alumnos de una escuela en San José, Costa Rica. © France 24

La educación en Costa Rica está en manos de las mujeres: el 75 % del cuerpo docente son profesoras. Durante la pandemia, han debido lidiar no sólo con los cambios en las aulas por la virtualidad sino también con un aumento del trabajo doméstico, que tradicionalmente recae sobre los hombros de ellas.

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Es día de clases virtual y Ana Teresita Sánchez está lista para impartir la lección de matemáticas desde su casa, en San José, la capital de Costa Rica. Frente a la computadora y conectada con sus estudiantes de quinto grado, pasa la asistencia.

“Siempre he creído que es una profesión de entrega”, dice la maestra de 29 años, una de 65.000 docentes del sistema público costarricense, conformado en un 75 % por mujeres y considerado el mejor de la región centroamericana.

Aun con más condiciones que las de sus vecinos, en Costa Rica, la pandemia puso a prueba la entrega del profesorado. Hace un año las escuelas cerraron y el Ministerio de Educación Pública (MEP) debió improvisar una modalidad enteramente virtual.

El reto implicó para las maestras trabajar el doble de horas por día. Además, los educadores debieron estar disponibles a toda hora contestando dudas de estudiantes y padres a través del teléfono.

Las cargas del trabajo doméstico también aumentaron

Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), las mujeres en Costa Rica dedican 22 horas semanales más que los hombres a las tareas del hogar. Las maestras asumen esa otra jornada de trabajo no remunerado, que también aumentó con la pandemia.

“Los horarios, atender a la familia, a sus propios hijos en la casa, eso significó también un recargo de funciones”, confirma la ministra de Educación Pública, Giselle Cruz, quien considera que el excedente de trabajo de las profesoras debe corregirse lo más pronto posible. 

Para Cruz es clave educar a la niñez con un enfoque de género para corregir ese desequilibrio en la sociedad. A corto plazo, apuesta por volver a la presencialidad como parte de la solución.

“Creo que la transición en el modelo de educación combinada, con la esperanza y la meta propuesta de (tener) una presencialidad ya de forma ordinaria, va a ayudar a que las maestras y las mujeres vuelvan a atender las particularidades de sus quehaceres en los horarios establecidos”, explica.

Desde el 8 de febrero, en Costa Rica funciona el modelo combinado, con lecciones virtuales y algunos días presenciales bajo un estricto protocolo sanitario. 

“Me siento alegre, un poco temerosa con esto del Covid-19, pero es un reto por afrontar”, expresa Sánchez desde su salón de clases en la Escuela Benjamín Herrera Angulo.

Para el director del centro, Ronald Muñoz, esta modalidad es un avance. “Permite ese contacto tan necesario de alumnos con maestros, y entre los estudiantes “, observa, aunque sabe que un par de días a la semana de clase presencial es todavía poco.

Las autoridades esperan quela mayoría de docentes estén vacunados para fin de año, que algunas escuelas regresen por completo a las aulas y que se aligeren las cargas para mejorar la calidad de vida de las maestras.

 

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